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“El valor de la palabra” es esencial para resolver los conflictos en el colegio Palermo
- Última actualización el Viernes, 03 Agosto 2012 09:10

Alfonso y David son estudiantes del colegio Palermo de la localidad de Teusaquillo; han sido grandes amigos, pero hace unos meses pelearon por una broma “inocente” de Alfonso que a David le disgusto, a tal punto, que dio por terminada su amistad.
Luego de varios días, el problema empeoró y pasaron a la constante agresión física y verbal. Después, cansados de seguir en lo mismo y con el interés de arreglar el problema que, como ellos indican, “era una mamera porque se veían en todo lado”, se acercaron a Cecilia Bautista, coordinadora de convivencia y líder del proyecto transversal “Una escuela para la vida, paz y convivencia” de donde nació hace dos años el subproyecto: “El valor de la palabra”.
Como su nombre lo indica, en este subproyecto el camino para llegar a la solución de los problemas es el poder del diálogo, asumiendo el compromiso y responsabilidad que ello implica; fue así como Alfonso y David, siguieron un proceso de conversaciones y entendimiento que confluyó en un pacto de no seguir faltándose el respeto y olvidar lo sucedido empezando desde ceros. “No fue necesario ni el observador, ni llamarnos la atención, nosotros nos dimos cuenta de que por medio de las palabras íbamos a solucionar las cosas, fue un problema que paso de una chanza a algo grave”, manifestó Alfonso resaltando la importante lección de vida que esta iniciativa pedagógica pretende dejar en cada estudiante al momento de enfrentar un conflicto.
Así como en este caso, más de 800 estudiantes de la institución abordan sus conflictos a través de esta metodología, de manera voluntaria para resolver desde el más mínimo problema, sea de amistad o de amor, que son los que más suceden. Este ejercicio de convivencia no solo favorece las relaciones con los demás sino también la forma de verse a sí mismos.
Poniendo en práctica “El valor de la palabra”
Esta iniciativa tiene una metodología que consta de cinco fases básicas, que tienen como objetivo principal que el estudiante interiorice el valor de la palabra y lo practique en su vida diaria:
1. Coordinación: Los estudiantes que tienen el problema recurren al proyecto, por medio de la de la coordinación de Cecilia Bautista, el primer paso es contar que sucedió.
2. Conciliación: Se reúnen los estudiantes para que hablen y enfrenten sus problemáticas a través del diálogo. Se acuerdan compromisos de convivencia.
3. Autorregulación: Luego se inicia un proceso individual, en el que cada estudiante cumple en su cotidianidad con los compromisos pactados. Los estudiantes también reflexionan el Manual de convivencia teniendo como base la situación de conflicto.
4. Vivencia: Los estudiantes se reúnen de nuevo, hablan y se cuentan entre sí, qué ha sucedido. En la mayoría de los casos se concretan compromisos que se cumplen y los problemas se disipan con facilidad.
5. Socializar: si están de acuerdo los estudiantes, comparten en esta fase con compañeros de otros salones, cuál fue la experiencia aprendida.
Por su parte, la docente resaltó el interés que han puesto los estudiantes para que el proyecto de resultados “Los compromisos que se han dado han sido positivos y no ha habido la necesidad de hacer del problema algo grande. Toda la institución ha acogido el proyecto y lo llevan ya como un amuleto. En el caso de Alfonso y David, de los cuales no nombramos su nombre real, porque son confidenciales en este proceso, ellos descubrieron que la palabra es un acto simbólico de reconciliación, de perdón y de vida, en donde ellos son los artificies directos de su realización”.

























