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Amar la docencia es tener la vocación; uno no debe hacer esto por necesidad
- Última actualización el Jueves, 08 Marzo 2012 10:14
Luz María Vargas se sienta en su escritorio y mira las tareas para cumplir en el día de hoy, será una jornada muy larga que comenzará a las 6:30 a. m. y finalizará a las 10:30 p.m. cuando todas las estudiantes de la jornada noche del Colegio Femenino Distrital Clemencia de Caicedo hayan salido del plantel educativo. Uno de los docentes del colegio entra a su oficina, saluda y le dice que ya todo está listo para que la rectora abra la jornada de elecciones de personera estudiantil, que se lleva a cabo en ese momento. Luz María baja al patio, toma el micrófono y se pone en frente de cientos de niñas que estudian en este Colegio del sur de Bogotá; en ese momento lo único que se escucha es el sonido del aire contra los muros del establecimiento. Es un silencio que va más allá del respeto a la rectora, es el respeto a la maestra que este año cumple cuarenta años educando a miles de niños bogotanos.
Luz María Vargas nació en Bogotá, y estudió en un colegio oficial, el Gustavo Restrepo. Aunque su familia no tenía grandes recursos, sí tenía educación, cultura y cariño, razón por la cual Luz María escogió ser maestra por toda la vida. Su primer trabajo lo ejecutó en un colegio del municipio de Cota, Cundinamarca, en 1971, pero un año después, extrañando su ciudad natal, presentó concurso para ser docente de la Secretaría de Educación de Bogotá.
Hoy, cuarenta años después, la rectora Luz María ha recorrido once colegios de la ciudad. Como docente, coordinadora o rectora, sus cargos, ella tiene toda la autoridad para dar un consejo a los maestros/as más jóvenes: “Amar la profesión es tener la vocación; uno no debe hacer esto por necesidad”. Y es que Luz María tiene un compromiso tan grande con la labor de enseñar, que nunca tuvo hijos, tal vez porque siempre estuvo rodeada de niños y niñas que veía no como simples alumnos sino más bien como seres que debían ser formados y apoyados, algunos de ellos actuales funcionarios de la Secretaría de Educación o, quizás debido a su ejemplo, rectores/as de colegios de la red pública distrital.
Según la experimentada rectora Luz María, en estos cuarenta años son muchas las cosas que han cambiado en la educación distrital de Bogotá: “Hoy, estar en el aula es un privilegio; se apoya la formación integral del estudiante”. Sin embargo, baja la mirada y dice: “La cultura del narcotráfico le causó una gran lesión a la educación; el dinero fácil hizo que los niños y niñas, que veían con agrado los sacrificios en torno a salir adelante por medio de la educación, cambiaran su visión. Afortunadamente esto está cambiando”.
Cuando se le pregunta por el momento de la jubilación, dice con más nostalgia que alegría: “Pronto”. Y afirma que, cuando termine, seguirá trabajando por su comunidad, por la localidad de Rafael Uribe Uribe. También afirma que escribirá sobre su vasta experiencia porque, según ella, uno no debe ser envidioso con el conocimiento adquirido. Luz María afirma que cuando se retire dedicará más tiempo a su familia. “De todas maneras será difícil alejarme de la educación, pues fue contagioso en mi familia; con cinco hermanos docentes y varios sobrinos también profesores siempre se hablará del arte de enseñar”.

























