Alcaldía Mayor de Bogotá D.C.
Secretaría de Educación Distrital
Comunicación y Escuela:
Orientaciones para la incorporación, usos y
apropiación
de los medios de comunicación
en las Instituciones Educativas de Bogotá
|
Logotipo SED |
Luis Eduardo Garzón
Abel Rodríguez Céspedes Alcalde Mayor de
Bogotá, D.C.
Secretario de Educación Distrital Alejandro Álvarez Gallego Isabel
Cristina López Díaz Subsecretario
Académico
Directora de Gestión Institucional Elsa Inés Pineda Guevara
Vivianne Bernal Rojas Subdirectora de
Medios Educativos
Martha Eugenia Serrano Ch.
Coordinación general e interventoría
Subdirección de Medios Educativos |
||||
|
Logotipo Universidad Nacional |
Catalogación en la
publicación, Universidad Nacional de Colombia
Comunicación y escuela: orientaciones
para la incorporación, usos y apropiación de los medios de
comunicación en las instituciones
educativas de Bogotá / ed. José
Gregorio Rodríguez -- Bogotá: Universidad Nacional de
Colombia, 2004. 120 p. ISBN : 958-97047-5-1 1. Comunicación en
educación 2. Innovaciones educativas - Bogotá 3. Medios de comunicación de masas I.
Bogotá. Alcaldía Mayor. Secretaría de Educación Distrital CDD-21 371.33
/2004 Título en inglés: Communication and School:
Guidelines to incorporate, uses, and appropriation of mass media in the educative
institutions of Bogotá. Palabras Clave: comunicación, educación, educación en medios,
escuela, prensa, radio, video, televisión, Bogotá. Key words: communication, education, mass media education,
school, press, radio, video, television, Bogotá. 1ª
Edición 2000 ejemplares ã Secretaría de Educación del Distrito Capital,
Bogotá, 2005 Universidad Nacional de Colombia,
Programa RED ISBN
958-97047- 5-1 Proyecto realizado por : Programa de Fortalecimiento de la
Capacidad Científica en la Educación
Básica y Media -RED- de la Universidad Nacional de Colombia Equipo realizador: Director: José Gregorio Rodríguez
Profesor del Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias Humanas
y
Coordinador del Programa RED de la Universidad Nacional de Colombia
Asesor: Fabio López de la Roche Profesor del Instituto de Estudios
Políticos y Relaciones Internacionales de la
Universidad Nacional de Colombia
Prensa: Lina María Patricia Manrique Radio: Olga Marín
Arango
Video: Julio César Ospina
Televisión: Fernando Parada R.
Asistentes: Juan Carlos Garzón R., Liliana Martínez R. y Luz María
Villegas B. Corrección de textos: Luis Fernando García Diseño, diagramación y montaje electrónico: Fernando
Grisalez B. y John Khatib P. Impresión: SB Impresores Ltda. Prohibida la reproducción parcial o total de este
libro sin permiso escrito de la Secretaría de Educación del Distrito Capital. Impreso
en Colombia Secretaría
de Educación del Distrito Capital Avenida
El Dorado No. 66-63 Teléfonos: 3241000 Ext. 2400, 2409 http//:
www.sedbogota.edu.co http//:
www.redacademica.edu.co epineda@sedbogota.edu.co - vbernal@sedbogota.edu.co - mserrano@sedbogota.edu.co Programa
RED-Universidad Nacional de Colombia – Sede Bogotá Ciudad
Universitaria, Edificio Manuel Ancízar, Oficina 2001 Tel/fax:
(57-1) 3165170 http//:
www.unal.edu.co/red |
Contenido
Agradecimientos
Introducción
1. Las
relaciones cultura-comunicación-educación
en el contexto de la
ciudad
La
ciudad: encuentro de diversidades
Viejas y nuevas formas -culturales y comunicativas- de ciudadanía
Comunicación, ciudad y escuela
Hacia una política pública de comunicación/educación para Bogotá
Referencias
2. El sentido de una educación en medios y tecnologías
de la información y la comunicación
Algunos enfoques y tendencias acerca de la educación en medios
Experiencias internacionales en educación en medios:
lecciones prácticas
La educación en medios y tecnologías de la información
y la comunicación en Colombia y en Bogotá
Alternativas para la educación en medios y tecnologías
de la información y la comunicación en Bogotá
Referencias
3. Criterios para la incorporación, usos y apropiación de los
medios
y las tecnologías de la información y la comunicación en la escuela
¿Incorporar los medios a la escuela?
Tendencias de incorporación, uso y apropiación de los medios
y las tecnologías de la información y la comunicación
en las escuelas de la ciudad
¿Para qué incorporar los medios y las tecnologías de la información
y la comunicación a la vida de la escuela?
¿Qué debe incorporarse?
¿Cómo deben incorporarse?
¿Quiénes incorporan los medios a la escuela?
La formación de los agentes dinamizadores del proceso
Las formas de organización
Y... ¿la evaluación?
Referencias
Segunda
parte: la prensa, la radio, el video y la televisión en la escuela
4. La prensa
¿Qué entendemos por prensa?
La prensa se matriculó en la escuela bogotana
Tendencias de trabajo con la prensa en instituciones educativas de Bogotá
Sin compartimentos estanco: articulaciones del PEI con la prensa escolar
¿Cómo educar con prensa?
¿Cómo educar para la lectura crítica de la prensa?
¿Cómo educar para la producción? ¡Manos a la obra!
Sugerencias de
infraestructura
Referencias
5. La radio
El lenguaje sonoro
El lenguaje de la radio
Usos y apropiaciones de la radio
La radio en la escuela, el modelo colombiano
Múltiples posibilidades para incorporar la radio en la escuela
Un esquema básico orientador
Referencias
6. El
video
Yo veo, yo escucho
El video, una historia reciente
El movimiento es una ilusión
Educar con video, educar en video, educar para hacer video
Requerimientos técnicos básicos para la recepción y la producción
Circulación del producto, socialización y evaluación de la experiencia
Referencias
7. La televisión
La tentación omnipresente
Una rápida mirada sobre el medio
Televisión-educación una novela no tan rosa
Televisión-educación en Colombia
La importancia de la alfabetización audiovisual y la lectura crítica del medio: Educar para el medio
Un modelo para analizar los mensajes televisivos
La práctica televisiva. Luces, cámara…: Educar en el medio
Uso pedagógico de la televisión. Fascinación y magia: Educar con el medio
La educación audiovisual como parte del currículo
Opciones para la formación del profesorado y comunicadores
Equipo técnico: Requerimientos básicos de infraestructura
Una consideración final
Referencias
Convergencias
El desarrollo de este proyecto ha sido posible gracias al trabajo cooperativo entre la Subdirección de Medios Educativos de la Secretaría de Educación del Distrito Capital -SED- y el Programa RED de la Universidad Nacional de Colombia. La SED nos convocó, apoyó el proceso y aportó los recursos para la ejecución del proyecto y la publicación de este documento, y la Universidad asumió la responsabilidad de su realización.
Contamos también con la participación generosa de muchas personas que en las diferentes etapas del proyecto se reunieron con nosotros, enriquecieron la propuesta de lineamientos de política pública y abrieron horizontes en torno a las relaciones entre la ciudad, la comunicación y la educación; la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación; y los criterios para la incorporación, usos y apropiación de los medios en las instituciones educativas de Bogotá. De manera muy especial, recibimos las luces del profesor Jesús Martín-Barbero, quien consideró el proyecto de importancia vital para Bogotá, leyó el documento y se reunió con los autores para comentar personalmente sus anotaciones, precisiones y recomendaciones, las cuales introdujimos al texto final.
En la fase de consulta, agradecemos los valiosos aportes de:
María Teresa Herrán - Investigadora independiente
Marisol Moreno - Profesora Universidad Nacional de Colombia
Martha Herrera - Profesora Universidad Pedagógica Nacional
Boris Bustamante - Profesor Universidad Distrital
Fernando Aranguren - Profesor Universidad Distrital
Carlos Eduardo Valderrama - Profesor Universidad Central
Margarita Fernández - Comunicadora Escolar CAFAM
Alma Montoya - Grupo Comunicarte y Universidad Minuto de Dios
Carolina
Barrera - Franja Infantil RCN-TV
Carlos Alberto Jiménez - Corporación Comunicar
Miguel Chavarro - Escuela-País
Jaime Niño Díez - Comisionado CNTV
Alejandro Álvarez - Subsecretario Académico SED Bogotá
Piedad Caballero - Observatorio Tecnologías de la Información y la Comunicación MEN
Kathy Osorio G. - Asesora Comunicación Educativa MEN
María Victoria Polanco - Dirección de Acceso y Desarrollo Social Mincomunicaciones
Mónica Vega - Dirección de Seguridad Secretaría Gobierno
Patricia Rodríguez - Vicepresidenta de TV y Directora Señal Colombia Inravisión
Elsa Inés Pineda - Subdirectora de Medios
Educativos de la SED
Viviane Bernal - Subdirección de Medios
Educativos de la SED
Martha Serrano - Subdirección de Medios
Educativos de la SED
Gina Lorena Varón - Subdirección de Medios Educativos de la SED
En la fase de análisis del documento, agradecemos los comentarios y sugerencias de los profesores y comunicadores que permitieron hacer ajustes, precisiones y aclaraciones. Son ellos:
Fernando Forero Institución Educativa Distrital El Porvenir
Irma Torres R. Institución Educativa Distrital Benjamín Herrera
Erney
Rincón Institución Educativa Distrital Benjamín Herrera
Luis Ernesto Beltrán Institución Educativa Distrital El Rodeo
Dolly Rocío Ayala G. Institución Educativa Distrital El Rodeo
Alejandro Vásquez W. Institución Educativa Distrital Provincia de Quebec
Mauricio Romero T. Gimnasio del Norte
Margarita
Fernández Colegio
Cafam
Alexandra
Escobar Institución Educativa Distrital Santa
Bárbara
Rubia
Leonor Castro D. Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
Viviana
Pineda Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
María
Consuelo Castellanos Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
Edgar
Rusinke Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
Deiber
Villa Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
Josué
Correa Institución
Educativa Distrital Santa Bárbara
Martha Ruth Cepeda CEDID Ciudad Bolívar
Cielo Jeaneth Mendoza G. Institución Educativa Distrital Tomás Carrasquilla
María Esperanza Martínez Institución Educativa Distrital San José Sur Oriental
Cristina Rodríguez Ch. Normal Superior María Montessori
José Ayala C. Institución Educativa Distrital Nuevo Horizonte
Cecilia Rodríguez F. Institución Educativa Distrital Friedrich Naumann
Lucelly Villa B. Centro de Comunicación – Paulinas
Fernando
Rincón Asesor
de la Subsecretaría Académica SED
La acogida que todas estas personas nos brindaron
y sus valiosos comentarios, venidos de la experiencia y la reflexión, nos
animaron a seguir adelante y sirvieron de crisol para decantar las ideas
iniciales y avanzar en esta propuesta que esperamos aporte el mayor beneficio
para los bogotanos, en especial para los niños y los jóvenes que puedan acceder
y participar en los procesos que aquí se proponen.
Bogotá, en su condición de ciudad que está
continuamente en proceso de construcción, no solo físicamente, sino en su
tejido social, constituye uno de los ejemplos más destacados de cambio y de
modernización en América Latina. Hasta hace una década éramos una de las
ciudades más caóticas, peligrosas y poco atractivas; hoy, visitantes y
habitantes coincidimos en que la cara de la ciudad y su calidad de vida han
mejorado. Los avances en los diversos terrenos son muy positivos; sin embargo,
debemos reconocer que gran parte de sus habitantes están excluidos de los
bienes y servicios que ofrece la ciudad.
El diagnóstico que la Secretaría de
Educación del Distrito Capital -SED- hace de la situación actual en el marco
del Plan Sectorial de Educación 2004-2008 Bogotá:
una gran escuela, deja en claro que falta mucho por hacer:
Bogotá es ciudad cosmopolita y ciudad-región, con una gran diversidad y
riqueza cultural y escenario de agudos contrastes sociales y económicos. Pese a
los índices logrados en crecimiento económico, ingresos y en inversión pública
la mayoría de sus habitantes viven en condiciones de pobreza o indigencia, y
algunos sectores han sufrido en los últimos años retrocesos significativos en
sus condiciones materiales de existencia.
El crecimiento económico y el aumento de la inversión pública
contrastan con el incremento de la pobreza y la profundización de la brecha
social, la inequidad y la exclusión. En efecto, cerca del 50% de la población
se encuentra excluida de la vida social, económica y política de la ciudad.
Desde el punto de vista de los ingresos, entre 1997 y 2003 el
porcentaje de población de la ciudad por debajo de la línea de pobreza pasó de
35.1% a 46.2% y el porcentaje por debajo de la línea de indigencia pasó de 6.8%
a 12.3%.
Las condiciones de pobreza que se traducen en malnutrición y que
dificultan el acceso al trabajo, la salud y la vivienda, tienen una incidencia
directa sobre la educación y el funcionamiento de la escuela. La pobreza afecta
negativamente el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas y el
ejercicio de los derechos ciudadanos y, para la mayoría de la población se
constituye en el principal obstáculo para el acceso y permanencia en el sistema educativo (Bogotá D.C. Alcaldía
Mayor, Secretaría de Educación 2004: 19-20).
Esta situación ayuda a comprender mejor el objetivo general del Plan de Desarrollo 2004-2008 Bogotá sin indiferencia. Un compromiso social contra la pobreza y la exclusión que dice:
Construir colectiva y progresivamente una ciudad moderna y humana,
incluyente, solidaria y comprometida con el desarrollo del Estado Social de
Derecho, con mujeres y hombres que ejercen su ciudadanía y reconocen su
diversidad. Una ciudad con una gestión pública integrada, participativa,
efectiva y honesta que genera compromiso social y confianza para avanzar en la
reconciliación entre sus habitantes y en la garantía de sus derechos humanos.
Una ciudad integrada local y regionalmente, articulada con la Nación y el mundo
para crear mejores condiciones y oportunidades para el desarrollo sostenible de
las capacidades humanas, la generación de empleo e ingresos y la producción de
riqueza colectiva (Bogotá D.C. Concejo Distrital. Acuerdo 119 de
junio 3 de 2004).
La comunicación entre los habitantes, entre ellos y sus gobernantes y entre Bogotá y el mundo, es un aspecto fundamental en la puesta en marcha de la ciudad para lograr este propósito y requiere pensar y actuar frente a los estilos y formas de comunicación que circulan en el ámbito urbano, al papel que juegan los medios y tecnologías de la información y la comunicación, al acceso y apropiación que los más diversos sectores de la sociedad tienen a tales medios, a los canales de participación, a la educación que se ofrece para el ejercicio de la ciudadanía y a las posibilidades reales que pueden gestarse desde las instituciones escolares.
En este contexto, la Secretaría de Educación del Distrito Capital, por intermedio del Programa RED de la Universidad Nacional de Colombia, convocó a algunos ciudadanos, expertos en diversos campos, quienes aportaron su experiencia y saber para proponer un horizonte que oriente la reflexión y la acción en torno a las relaciones entre la comunicación y la educación en la ciudad, fundamente la formulación de unos lineamientos de educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación y brinde unas orientaciones para promover la incorporación, usos y apropiación de la prensa, la radio, el video y la televisión en las instituciones educativas del Distrito Capital de Bogotá.
El proyecto que emprende la Secretaría de Educación no es posible llevarlo a cabo sólo como un propósito sectorial y exige articular esfuerzos con otras agencias del Estado, los medios y las entidades de información y comunicación, públicas y privadas, la academia, la escuela y la ciudadanía. Con el propósito de animar la reflexión y la discusión, e incidir en las prácticas de comunicación y en la incorporación, usos y apropiación de los medios y tecnologías de la información y la comunicación en las instituciones escolares del Distrito Capital, se pone a consideración de los bogotanos este documento que pretende recoger tanto los aportes que los expertos dieron en las reuniones de trabajo, como la experiencia que ha venido construyendo la ciudad desde diversos ámbitos: la investigación y la innovación, la práctica pedagógica, los proyectos mediáticos, las políticas públicas y las reflexiones de muchos pensadores.
El texto se estructura en dos partes: en la primera (capítulos 1, 2, y 3), se hacen unos planteamientos que cobijan 1) las relaciones cultura-comunicación-educación en el contexto de la ciudad, 2) el sentido de una educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación y, 3) orientaciones para la incorporación, usos y apropiación de los medios en la escuela. En estos capítulos se recogen los elementos básicos de la discusión que sirven para formular un horizonte de política pública acerca de la comunicación/educación en la ciudad y fundamentan las propuestas acerca del papel de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación en los procesos educativos; se analizan diversas tendencias de educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación; se hace un breve recorrido por los antecedentes próximos en algunos países y, de manera más concreta, en Bogotá y Colombia; y se esbozan alternativas que puedan ponerse en acción desde las instituciones escolares.
La segunda parte busca caracterizar cuatro medios y propone alternativas abiertas para incorporarlos a la vida escolar; así, los capítulos 4) La Prensa, 5) La radio, 6) El video y 7) La televisión, presentan a los lectores unas breves consideraciones sobre el desarrollo del medio y sus relaciones con la escuela, las cuales contextualizan las propuestas de aprender a leerlo críticamente, comunicarse a través de cada medio y usarlo pedagógicamente. Finalmente, el Capítulo Convergencias busca abrir horizontes acerca de las articulaciones de la comunicación con la educación y de los medios con la escuela.
1.
Las relaciones
cultura-comunicación-educación
en
el contexto de la ciudad*
La vida de cada ser humano no escapa a las
relaciones que establece con otras personas y esas relaciones se caracterizan
por las formas de comunicación que establecen los sujetos con quienes convive y
con otros que, estando lejos, se hacen presentes por diversos medios, al punto
que se tornan familiares. La condición urbana facilita el acceso a la
información por medios muy diversos y multiplica los encuentros presenciales y
virtuales entre las personas. Tanto la explosión informativa como la proximidad
con otros, nos exigen capacidades complejas para relacionarnos pacíficamente y
para cooperar con actores muy diversos y, en la mayoría de los casos
desconocidos, en la construcción de la trama social.
La ciudad: encuentro de diversidades
En la actualidad, las ciudades constituyen el
hábitat para la mayoría de la población humana del planeta y muy pronto tres de
cada cuatro personas vivirán en las ciudades. Colombia no es la excepción y en
los últimos cincuenta años hemos pasado de ser un país rural a ser una sociedad
urbana, en la que Bogotá juega un importante papel, pues se ha convertido en
ejemplo de vida urbana y de organización como ciudad. Nuestra ciudad acoge hoy
a cerca de siete millones de personas, venidas de todos los rincones del
territorio nacional y de las más diversas latitudes de la tierra y se consolida
como la gran ciudad colombiana y una de las más importantes de América Latina.
Si bien, las ciudades se diferencian por su paisaje físico, es el comportamiento de sus habitantes y su compromiso en construir un paisaje humano que facilite la convivencia pacífica, la expresión de la diversidad y la solidaridad, los que definen el carácter urbano. “La ciudad es una composición espacial definida por la alta densidad poblacional y el asentamiento de un amplio conjunto de construcciones estables, una colonia humana densa y heterogénea conformada esencialmente por extraños entre sí (Delgado 1999: 23).
Esta condición de extrañeza es la que caracteriza a las ciudades como verdaderas urbes o cosmo-polis porque están abiertas a la diversidad del cosmos y porque son los espacios propios para que se viva esa diversidad y se manifieste en múltiples formas. El carácter urbano se entiende como
un estilo de vida marcado por la proliferación de urdiembres relacionales deslocalizadas y precarias [...] Lo urbano consiste en una labor, un trabajo de lo social sobre sí: la sociedad “manos a la obra”, produciéndose, haciéndose y luego deshaciéndose una y otra vez, empleando para ello materiales siempre perecederos [...] Las relaciones urbanas son, en efecto, estructuras estructurantes, puesto que proveen de un principio de vertebración, pero no aparecen estructuradas -esto es concluidas, rematadas-, sino estructurándose, en el sentido de estar elaborando y reelaborando constantemente sus definiciones y sus propiedades, a partir de los avatares de la negociación ininterrumpida a que se entregan unos componentes humanos y contextuales, que raras veces se repiten (Delgado 1999: 23-25).
En este contexto podemos entender nuestra formación como ciudadanos del planeta y nuestra participación en la construcción de la ciudad: si cada encuentro con los desconocidos se convierte en una oportunidad para establecer con ellos relaciones de reconocimiento, respeto, cordialidad, cooperación y solidaridad, la ciudad será un espacio que invita al crecimiento humano. Por el contrario, si nuestros encuentros están marcados dominantemente por la indiferencia o la agresión, cada sitio de la ciudad se convertirá en un lugar de miedos, ausencias y negaciones de la vida.
En la ciudad es posible realizar un proyecto personal propio que respeta el carácter privado de nuestra intimidad y en ella encontramos las más diversas fuentes que nos estimulan para la creatividad y para la participación en proyectos colectivos: en el espacio urbano se funden a cada instante y de múltiples maneras lo privado con lo público. Una educación urbana tiene, entonces, dos grandes propósitos: aprender a hacer nuestras vidas en la ciudad, es decir, habitar la ciudad, y aprender a construir con los extraños y diferentes la vida pública, participando en la realización de proyectos comunes que vayan en beneficio de todos. Esta doble dimensión de habitante y de ciudadano tiene implicaciones cognitivas, estéticas, éticas y políticas puesto que hacen posible articular armónicamente la formación de mujeres y hombres libres que urden su autonomía y su crecimiento personal a través de su propio actuar independiente y de su interacción con otros para soñar y hacer realidad sueños compartidos.
La ciudad se presenta a sus habitantes para que la admiren, como hacen los turistas cuando pasan de visita; pero no se queda ahí, ella se nos ofrece para conocerla, disfrutarla y hacerla nuestra. Habitar la ciudad significa aprender las maneras como nos aproximamos a ella, como reconocemos y nos relacionamos con los distintos espacios (parques, plazas, museos, bibliotecas…), haciéndolos lugares familiares u hostiles, cómo usamos su equipamiento y nos apropiamos de los bienes y servicios. También significa que aprendemos a reconocer a los otros, a entablar relaciones de vecindad o a actuar con los que nos resultan extraños y desconocidos. En una dimensión más amplia, reconocemos que la ciudad es fragmentada (Pérgolis s.f.) y no es posible que todos la vivamos de la misma manera porque existen diferencias, pero también porque existen excluidos que no pueden disfrutar las ofertas de la ciudad y otros que exceden su apropiación, al punto de convertir lo público en propiedad y disfrute privado. La condición urbana exige que reconozcamos tanto las oportunidades que nos ofrecen las ciudades, como las formas de exclusión que hemos perpetuado históricamente, las cuales no se extinguen por el solo hecho de vivir en grandes metrópolis, sino que toman nuevas formas y cobran nuevas víctimas.
Aprender a habitar la ciudad, a ser
sus habitantes, implica entonces una múltiple relación: con el hábitat que
hemos construido históricamente y con los habitantes que hoy la habitan, pero
también con aquellos que la han habitado y en su trajinar nos han dejado sus
huellas. Esta relación con el ambiente físico y con el humano y con el presente
y el pasado son inseparables, pues las ciudades no están hechas de calles y
casas, de pisos y tejados, de plazas y parques “sino de relaciones entre las
medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado [porque] la ciudad no
cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las
esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las
escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada
segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas” (Calvino
2001: 25-26).
Conocer y apropiarse de la ciudad y aprender a convivir armónicamente con los desconocidos, los extraños, los diferentes, constituye la base para maravillarnos y disfrutar de cada lugar que recorremos y de cada acto al que asistimos, pero también constituye una puerta de entrada para reconocer nuestra propia condición histórica de habitantes, nuestro puesto en la ciudad que habitamos y nuestro papel en la continuación de la construcción urbana, es decir, nuestra condición de ciudadanos.
Exigir nuestros derechos, tomar conciencia de los problemas de orden ambiental, social, cultural y político y comprometernos con nuestra acción a participar en la vida de la ciudad constituye otra de las metas de la educación urbana. Así, la ciudadanía que aprendemos a través de la participación democrática del gobierno de la ciudad se constituye en el mejor camino para aprender a ser ciudadanos del mundo, cosmopolitas, en el sentido que lo propone Martha Nussbaum (1999), artífices de paz en los diversos lugares que tengamos que vivir, porque hemos aprendido a ser solidarios con los otros, por el solo hecho de ser humanos, reconociendo, aceptando, respetando y disfrutando sus diferencias étnicas, culturales, religiosas, políticas, sexuales, de nacionalidad, edad o de clase social (Rodríguez 1997).
La condición urbana permite hacer nuestra vida con otros y participar en los momentos efímeros que tejemos en cada instante de nuestro trajinar por la ciudad. También hace posible que nos interesemos por los asuntos que van más allá de nuestras relaciones directas y participemos en la vida pública, en la dirección de la ciudad. La democracia participativa que nos hace ciudadanos activos, directriz trazada por la Constitución de 1991 en nuestro país, es una deuda que tenemos y a la que debemos buscarle salidas, procurando alternativas de participación que incluyan a todos, también los que hoy habitan en “Nadalandia, que es el país donde habitan los nadies”, como lo llama Eduardo Galeano (2004).
Viejas y nuevas formas
-culturales y comunicativas- de ciudadanía
Buena parte de lo que venimos planteando tiene que ver con las posibilidades de desarrollo de actitudes, valores y prácticas de ciudadanía. La ciudadanía se ha venido asumiendo desde tres dimensiones: Una que tiene que ver con el reconocimiento de un conjunto de derechos civiles, económicos, sociales y culturales. Una segunda dimensión relacionada con el cumplimiento por parte de los ciudadanos de una serie de deberes y obligaciones, y que se articula simultáneamente con espacios de proyección de las virtudes ciudadanas. Y una tercera relacionada con los aspectos identitarios o de pertenencia cultural, nacional, regional, local, urbana, étnica, religiosa, lingüística, de opción sexual, etc., que ha dado origen a formas de participación, de reivindicación y de reconocimiento diferenciadas, en medio del creciente paisaje multicultural estimulado por los desplazamientos y las migraciones transnacionales (Kymlicka, 1996).
El desarrollo de la ciudadanía y con seguridad la profundización de la democracia y de las relaciones democráticas en las sociedades contemporáneas se podría relacionar con las posibilidades de desarrollar y poner en práctica esas tres dimensiones de la ciudadanía específicamente pensadas desde sus implicaciones para la comunicación social.
Desde la perspectiva de los derechos existe toda una herencia y una búsqueda desde los tiempos del Informe Mc Bride de comienzos de los 80 (Mc Bride y otros, 1993) hasta las movilizaciones contemporáneas por el derecho a la información. Los ciudadanos tienen derechos o por lo menos debieran tener derechos, a ser informados con equilibrio, profesionalismo y objetividad, a contar con sistemas de medios plurales y competitivos así como con sistemas regulatorios de los medios de comunicación y del ejercicio periodístico, muy importantes en una época como la actual, caracterizada por el repliegue de las lógicas de servicio público y por el reforzamiento de los intereses mercantiles en la comunicación masiva. Pero los ciudadanos tienen también derechos a la emisión por distintos medios masivos o no, de sus opiniones y perspectivas sobre la sociedad. Como en el ejercicio de todos los derechos, la cuestión pasa aquí también por la existencia de garantías y posibilidades efectivas para poder ejercerlos.
La dimensión de los deberes, obligaciones y virtudes, obliga a pensar también específicamente para la comunicación, un conjunto de posibilidades y líneas de acción tales como la asociación y la creación de medios y empresas periodísticas independientes como garantía de la pluralidad de la información, el cultivo de valores como la capacidad de escuchar y de valorar opiniones distintas de las propias, o la disposición a la crítica de aquello que se considera inconveniente y a la expresión de las propias perspectivas sobre las cosas.
Las dimensiones identitarias de la ciudadanía resultan muy importantes hoy en sociedades como la colombiana, donde ya desde mucho antes de la Constitución de 1991, diferentes sectores sociales, políticos y culturales venían propendiendo por posibilidades y espacios de expresión de sus causas, reivindicaciones y específicas demandas de visibilidad y reconocimiento. Mucho tiene por hacer la sociedad colombiana, sus sistemas y subsistemas regionales y locales de medios, o espacios comunicativos como la escuela, el barrio, las iglesias, las universidades, los lugares de trabajo, en dirección a la construcción de un diálogo intercultural que propicie el desarrollo de identidades nacionales multiculturales y la generación de espacios culturales y comunicativos en las ciudades, abiertos al reconocimiento de la diversidad política y cultural (López de la Roche 2000).
Comunicación, ciudad y
escuela
La construcción permanente de la ciudad, característica propia de la urbe y la condición urbana, pasa por el libre desarrollo de sus ciudadanos. Para ello es importante que la ciudad genere espacios que recuperen la capacidad expresiva de los sujetos y pongan en escena la vivencia cotidiana que cada quien tiene de la ciudad desde la perspectiva de las diversas culturas que la constituyen. De este modo, el encuentro entre las lógicas de lo global y las lógicas de lo local, presentes en la ciudad de manera implícita en las estéticas, en las generaciones, en las tradiciones, puede hacerse realidad, y posibilitar para los sujetos un reconocimiento de los nuevos contextos globales y sus dinámicas.
En
el contexto urbano, la información y la comunicación cobran inusitada
importancia por cuanto cotidianamente estamos frente al mundo y a los Otros, ya
sea presencialmente, a través de las múltiples huellas que nos han dejado en
cada rincón de la ciudad, o de algún medio (teléfono, radio, prensa,
televisión, Internet...). Nos encontramos con el propósito de hacer nuestros
propios caminos, de compartirlos, o de emprender aventuras comunes. Podríamos
afirmar que la ciudad constituye el escenario privilegiado para el encuentro
humano y la comunicación; por tanto, en cada instante y en cada lugar nos
educamos en las formas de relacionarnos con los otros y aunque los eventos
comunicativos los realiza cada sujeto, existen estilos de comunicación que
predominan en los diferentes contextos, y esos estilos nos educan configurando
formas generalizadas de relación entre los habitantes de un lugar, estilos de
comunicación locales.
Un estilo de comunicación vertical autoritaria, considera al receptor como vacío y carente de poder e iniciativa, a quien debe llenarse de mensajes para que aprenda y obedezca; la sociedad debe ser homogénea y las diferencias no son toleradas; a este estilo le corresponde generalmente una educación bancaria, como la llamó Paulo Freire (1971), porque el educador sabe y el educando no sabe, luego debe enseñársele a conocer, a querer y a actuar. Un estilo de comunicación persuasiva busca que el receptor responda según lo quiere el emisor y genera una educación que busca condicionar al educando para que aprenda aquello que los dirigentes o tutores creen es lo correcto; este modelo de comunicación, imperante en la actual sociedad de mercado, busca a través de la propaganda y la publicidad que cada sujeto sea un consumidor y hace de la educación un proceso funcional a los intereses del capital. La comunicación adquiere un carácter dialógico cuando se considera como un proceso en el cual, “dos o más seres humanos intercambian y comparten experiencias, conocimientos y sentimientos aunque sea a distancia y a través de medios artificiales” (Kaplún 1985); en este contexto, la educación es un proceso interactivo (Hopenhayn 1998) en el cual educandos y educadores son sujetos con poder y portadores de una historia individual y colectiva que se pone en juego a través de su participación en la interacción.
Estos estilos de comunicación se encuentran en las dinámicas cotidianas de la ciudad, la escuela y la familia: los hay autoritarios, manipuladores o libertarios y cada individuo aprende a obedecer, a consumir o a ser libre, configurando sociedades obedientes, consumistas o con vocación crítica y autonomía. Como la educación históricamente se ha centrado en el disciplinamiento y la urbanidad ha sido considerada como el aprendizaje y ejercicio de la ‘buenas maneras’ que un grupo social creía universales, la mayoría de las personas hemos aprendido a obedecer y a consumir, en detrimento de la formación de un criterio propio que hace posible tanto la emergencia del sujeto como la formación del ciudadano.
El potencial educador de la ciudad pasa, entonces, por su capacidad para propiciar formas diversas de comunicación que no tengan como propósito exclusivo la dominación y hagan posible el florecimiento y fortalecimiento de la diversidad de expresiones. Es así que la tarea de hacer de la ciudad un espacio educativo va de la mano con la democratización de las comunicaciones y con las posibilidades de participación en el ejercicio del poder. Las relaciones entre la comunicación y la educación en la ciudad tienen, entonces, unos referentes más amplios por cuanto conllevan procesos culturales y opciones políticas que no se circunscriben sólo a los medios de comunicación y a la escuela, sino que se asocian con el acceso de todos los habitantes a la información y las posibilidades reales de cada sujeto y de los diversos grupos sociales a comunicar sus ideas y percepciones de la ciudad y de la vida y a participar en las decisiones que comprometen el bien común y el destino compartido.
Así mismo, el potencial educador de la escuela como lugar en el que se teje la vida en cada encuentro, está relacionado con las posibilidades que tenga la ciudad de entrar con actores y conflictos, cuerpos y pulsiones y con la disponibilidad de la escuela para salir a la ciudad y para reconocerla como una escuela abierta, diversa, fragmentada y compleja que se ofrece como texto para ser leído, como escenario para ser vivido y como proyecto para ser construido. La escuela que reconoce y acepta la diversidad que portan sus maestros y estudiantes y los acoge con sus lenguajes, a veces distantes en sus expresiones e incomprensibles entre sí, se constituye en un espacio comunicacional en el que la escucha y la mirada abiertas se privilegian sobre la palabra autoritaria y la visión inquisidora, y donde la pregunta, la duda y la incertidumbre son más importantes que las respuestas, las certezas y las verdades. La democratización de la información y la comunicación en las instituciones escolares y la consolidación de formas abiertas y respetuosas entre sus miembros son condiciones fundamentales para alcanzar los fines emancipadores de la educación.
Hacia una política pública de comunicación/educación
para Bogotá
Si la comunicación en el ámbito urbano incide en la educación de los habitantes y en su formación como ciudadanos, es preciso que se ponga a discusión la necesidad de formular una política pública que brinde horizontes para la toma de decisiones en torno a las relaciones entre la ciudad, la comunicación y la educación; es decir, una política para el campo comunicación/educación en la ciudad (Huergo 1999). Existen muchas razones para sustentar la propuesta, mencionemos al menos dos: a) una política de este orden implica para el Estado la necesidad de asumir su capacidad para entrar en diálogo con los ciudadanos, esto es, para reconocer a la sociedad civil como un actor fundamental en la construcción de la democracia y, b) la política misma no sólo conlleva una función reguladora, sino que encierra un enorme potencial para dinamizar la construcción de lo público a través de múltiples prácticas sociales.
Una política para el campo comunicación/educación en la ciudad propicia el encuentro de la multiplicidad de lógicas, discursos y prácticas que confluyen en torno a la ciudad como objeto y como espacio propio de la comunicación y la educación. Como tal, no puede ser una política sectorial, es decir, no se pretende que su desarrollo y ejecución se lleven a cabo en el sector educativo, en el cultural o en el de comunicaciones. Por el contrario, esta política se inscribe en el campo más amplio de la cultura, desde el cual se espera que las diversas agencias de la ciudad puedan articularse, ayudando a consolidar un proyecto cultural para la construcción de una ciudad solidaria.
La constitución de identidades urbanas de los sujetos, la construcción de la ciudad y la elaboración de un discurso que permita comprender y dinamizar las prácticas cotidianas e institucionales constituyen los ejes articuladores de una política de esta naturaleza. La ciudad se entiende aquí como el espacio que se habita y como un pretexto para propiciar la confluencia de los diversos grupos culturales en torno a proyectos comunes. Pero también la ciudad es el objetivo primordial de la política, pues debe apuntar a la formación de un sujeto político que pueda apropiarse de los espacios para hacer veeduría, exponer sus críticas, formular propuestas y participar en las decisiones que atañen a todos. Se trata de construir la ciudad como lugar de encuentro, como la posibilidad misma de la diferencia, en la cual el sujeto tiene la oportunidad de interactuar con unos Otros, en principio, desconocidos, con los cuales, sin embargo, puede establecer una relación de reconocimiento, respeto y solidaridad a partir de la cual se crea y recrea el tejido social.
En el fondo se busca propiciar la construcción y puesta en acto de nuevas ciudadanías a través de la constitución de los sujetos y de la apropiación de los espacios políticos, culturales y comunicativos de la ciudad. Con este horizonte, la política de comunicación y educación en la ciudad se debe orientar hacia tres fines: a) propiciar procesos de comunicación que posibiliten la emergencia de sujetos libres para hacer sus vidas conviviendo solidariamente con otros en el contexto urbano, b) generar dinámicas de encuentro y participación orientadas a urdir múltiples formas de ejercer la ciudadanía con miras a construir el proyecto público de ciudad que busca el bien común, y c) promover la reflexión sobre la comunicación y la vida en la ciudad con miras a elaborar discursos diversos que apunten a comprender las implicaciones que las prácticas individuales, colectivas o institucionales tienen sobre la vida de los sujetos y sobre el devenir colectivo de la ciudad. Los tres fines convergen en la construcción de la ciudadanía, generando una propuesta de educación y comunicación ciudadana que establezca una continuidad entre la subjetividad y los espacios de participación política y ciudadana.
La búsqueda de estos fines hace posible que los ciudadanos se apropien de y transformen los ecosistemas comunicativos y educativos de la ciudad e impulsen la producción mediática alternativa para hacer de la comunicación masiva una comunicación para la educación, aprovechando el poder que los medios tienen para informar y entretener, de modo que los diversos contextos sociales tengan la posibilidad de diseñar, revaluar y poner a funcionar sus propios agentes mediáticos y comunicativos.
Desde una perspectiva marcadamente urbana, una política de comunicación en el contexto de la ciudad que educa debe incidir en la recuperación de las memorias locales y en la constitución de las identidades a partir de la convergencia de las diferentes culturas que habitan la ciudad. Es importante generar espacios que estimulen la capacidad expresiva de los sujetos y grupos sociales para que recuperen y pongan en escena la vivencia cotidiana de la ciudad desde la perspectiva de las diversas culturas que la constituyen. De este modo, las tensiones entre lo global y lo local que se encuentran presentes en la ciudad de manera implícita en las estéticas, en las generaciones, en las tradiciones, en las músicas, en el lenguaje y en las costumbres, pueden salir a la luz y hacer posible que los sujetos reconozcan los nuevos contextos globales y sus dinámicas.
Así mismo, se hace necesario que la ciudad se piense como construcción histórica que es y, aprendiendo de su pasado, abra las puertas para comprender la complejidad de su presente y las implicaciones que estos dos momentos tienen para construir su futuro, pues si la ciudad no perfila su mañana, difícilmente podrá sobrevivir a los problemas que la agobian. El conocimiento sobre las dinámicas de comunicación se convierte en un elemento vital para orientar las prácticas cotidianas y su contenido educador, procurando que la ciudad eduque a través de la cotidianidad de sus habitantes, de las acciones de sus gobernantes y de la información que fluye a través de múltiples formas y canales.
Más allá de visiones instrumentales o funcionales que vinculan la educación y la comunicación tan sólo superficialmente, la política debe entender la comunicación como un proceso constitutivo de las relaciones sociales que se encuentra en la base misma de la democracia y no sólo como la interacción mediática de usuarios o audiencias con las tecnologías y los medios de información y comunicación. Así mismo, la educación debe ser entendida como un proceso constante de reconstrucción y apropiación de la cultura que permea la vida de la ciudad.
La comunicación y la educación se pertenecen mutuamente y la ciudad aparece no sólo como el escenario de la comunicación y la educación, sino como un acto comunicativo y educativo, esto es, como una realidad que se crea, que fluye, que se disuelve y que vuelve a crearse sólo cuando los ciudadanos tienen la ocasión de abrirse los unos a los otros, de narrarse y de reconocer la ciudad que los narra, pues, como dice Michel de Certeau, “hay que despertar a las historias que duermen en las calles y que nacen a veces en un simple nombre, replegadas en ese dedal como las sedas del hada [porque] habitar es narrativizar” (1999: 145).
La educación pierde aquí la connotación que tradicionalmente ha tenido, de ser un proceso que supone la ilustración de uno a partir de otro, que supone el saber de uno y la ignorancia de otro, para ser vista como la puesta en juego de diversos saberes y formas de percibir la ciudad, de percibir el mundo para conformar a partir de ellas un proyecto común. La comunicación, por su parte, deja de ser asimilada al modelo informacional que la desagrega en términos de emisor, contenido, canal y receptor, para ser pensada como un diálogo, como la escucha atenta que pueden prestarse entre sí diversas culturas y narrativas.
Como el objeto esencial de una política pública para el campo comunicación/educación en la ciudad busca la recuperación del sujeto de la comunicación y la educación que atraviesa las diversas instancias sociales, en tanto sujeto político, la política se dirige a cinco actores de la ciudad: el Estado, los medios de comunicación e información, la academia, los actores escolares, y los públicos o audiencias. A partir de sus concepciones y prácticas de comunicación y educación, estos cinco actores encarnan diversas perspectivas sobre la ciudad; por tanto, una política pública debe propiciar las relaciones de estos actores entre sí y promover la articulación de las diversas agencias sociales que operan al interior de cada uno de ellos. Ésta será una manera de poner en diálogo las esferas pública y privada.
Así mismo, la
política de comunicación/educación puede establecer puentes entre tres escenarios de la comunicación y la
educación: el escenario de los medios y las agencias de información y
comunicación, el escenario de las instituciones educadoras y el escenario mismo
de la ciudad. En esencia, esto significa establecer conexiones entre ámbitos
globales y locales, entre contextos educativos y mediáticos, entre prácticas y
teorías, de modo que el sujeto de la comunicación no termine siendo fragmentado
por la especificidad de las disposiciones o finalidades institucionales, sino
que pueda desplegarse en toda su complejidad y en todo su potencial creativo en
medio de culturas institucionales.
Para que una política en el campo comunicación/educación pueda hacerse operativa, cumpla sus fines, logre poner en relación a los diversos actores y tender los puentes entre los escenarios descritos, se requiere poner en juego diversas estrategias que se articulan en torno a la ciudad, a la escuela y a la comunicación mediática.
Entendidas como el arte de dirigir un asunto para lograr el objeto deseado o como la articulación entre actores, escenarios, dinámicas y acciones para poner en marcha la política y lograr los fines propuestos, las estrategias pueden ser múltiples. Destacamos algunas que fueron sugeridas en los diversos grupos de trabajo:
1. Promover el diálogo entre los actores (el Estado, los medios y agentes de comunicación e información, la academia, los actores escolares y los públicos o audiencias) para acordar:
2. Dinamizar formas de comunicación dialógica entre los habitantes, entre ellos y los gobernantes, al interior de las instituciones educativas y a través de los medios y las redes informáticas.
3. Garantizar el acceso a los medios y la participación crítica orientada a incidir en los procesos de decisión y en el ejercicio de la veeduría sobre contenidos, medios y formas de comunicación en la ciudad.
4. Formular y adelantar un plan de educación en comunicación y medios para la ciudad incluidos los diversos actores y, de manera especial, a los educadores y a los comunicadores en su calidad de dinamizadores de los procesos.
5. Promover y financiar propuestas de acción, investigaciones, publicaciones y diversos foros de debate en torno al campo comunicación/educación en la ciudad.
6. Identificar y fortalecer innovaciones y experiencias de comunicación dialógica en los diversos ámbitos: el gobierno central, las localidades, las empresas, las instituciones educativas, los medios de comunicación y las redes informáticas.
7. Ampliar y cualificar la infraestructura técnica para responder a las demandas de comunicación, educación e investigación en la ciudad.
Estas estrategias pueden ser llevadas a la práctica a través de diversas acciones que también fueron propuestas por los participantes en los grupos de trabajo:
1. Crear centros multimedia que pongan en interlocución y cooperación a los educadores con los comunicadores y los técnicos con el propósito de gestar proyectos culturales y educativos de calidad para ser desarrollados a través de diversos medios y lenguajes en los cuales se privilegie la diversidad de la ciudad tanto en los contenidos y formas, como en las audiencias a las que se dirijan. Su sentido no sería el de tratar de homogeneizar la relación de los actores con los medios de comunicación, sino el de reconocer actores y públicos diversos para construir con ellos el horizonte de su acción. La academia jugaría un papel importante en el desarrollo de esta estrategia a través de investigaciones que indaguen sobre las formas mediáticas y no mediáticas de la comunicación en la ciudad. Estos centros pueden operar como ambientes de aprendizaje desde una óptica incluyente y pueden funcionar en diversos espacios de la ciudad como las escuelas, las bibliotecas públicas u otras instituciones.
2. Organizar ligas de usuarios de los medios de comunicación que dinamicen el encuentro de diversos actores para adelantar la discusión abierta de los mensajes y formatos que circulan en los medios y hacer efectivo el derecho a la información como bien y servicio público. Es preciso dinamizar las redes de madres y padres de familia, educadores, comunicadores, niños y jóvenes y diversas fuerzas vivas que hagan visible su poder frente a los medios.
3. Crear y fortalecer observatorios de comunicación y medios que hagan posible la construcción de proyectos culturales alternativos, generen conocimiento e información sobre las diversas formas en que los actores sociales se comunican y entran en relación con los medios, realicen seguimiento crítico al consumo cultural e identifiquen las necesidades de las audiencias para responder a ellas con contenidos aportados desde perspectivas comunicativo-educativas. En este contexto, los observatorios escolares de comunicación y medios, además de brindar ricas experiencias educativas, pueden aportar conocimientos sobre las representaciones sociales y culturales que promueven los medios, las relaciones de los medios con los contextos locales y las propias dinámicas de información y comunicación al interior de las instituciones escolares.
4. Generar de manera conjunta proyectos comunicativo-educativos entre los medios de comunicación -públicos y comerciales-, las instituciones educativas, la sociedad civil y el Estado, con el fin de propiciar una relación más fecunda entre los intereses de las industrias culturales y el bien común. Es de gran valor aprovechar la cobertura de los diversos medios de comunicación para promover diálogos sobre las problemáticas del país y la ciudad y sobre la formulación de propuestas de solución.
5. Abrir los canales de interés público (radiales, de televisión y de prensa) a diversos espacios ciudadanos como las escuelas, las ligas de padres y de usuarios de los medios, los observatorios, las comunidades, etc., ampliando la visibilidad de los diversos actores que habitan la ciudad.
6. Definir líneas de investigación que puedan contar con el apoyo y financiamiento a mediano plazo con miras a consolidar y fortalecer las comunidades académicas en torno al campo comunicación/educación, lo cual exige, a la vez, la definición de unos lineamientos para las facultades de comunicación y educación que generen cambios curriculares a su interior y que propicien la formación de investigadores en torno al tema.
7. Abrir programas de formación permanente en el campo comunicación/educación orientado a preparar un número amplio de profesores y comunicadores para que desde la escuela y los medios se puedan llevar a cabo las diversas acciones que requiere la educación en comunicación y medios. Una cátedra abierta de comunicación/educación que convoque a académicos de alto nivel y pueda ser ofrecida a diversos públicos constituye un espacio que ayudará a poner en diálogo diversos enfoques y metodologías y dinamizará el necesario y fecundo debate acerca de las prácticas comunicativo educativas que se viven en la ciudad.
8. Promover la inclusión de la comunicación para la democracia y la ciudadanía en el desarrollo de los proyectos educativos institucionales -PEI- y en el currículo escolar buscando que educación en medios y los proyectos comunicativo-educativos constituyan parte fundamental del quehacer pedagógico y no como prácticas aisladas o marginales. En esta dirección, abrir las fronteras de la escuela para establecer lazos fuertes con el entorno local en el que se inscribe y con los canales comunitarios de información y comunicación, posiciona a la institución escolar como una instancia articuladora de las diversas lógicas comunicativas que circulan en los contextos locales, aporta ricas experiencias de aprendizaje a estudiantes y profesores estimulando su participación en la vida local, propicia el reconocimiento de niños y jóvenes como actores sociales, permite la convergencia de diversos actores en el espacio escolar transformando la cultura escolar, democratiza la comunicación local, el acceso a los medios y fortalece el tejido social.
9. Propiciar la constitución de redes de interlocución y cooperación entre las instituciones escolares que desarrollan prácticas con los medios y las tecnologías de la información y la comunicación con miras a fortalecer la innovación, nutrir la reflexión y el debate y aportar experiencias para otras instituciones. Las universidades, a través de sus facultades de comunicación y educación, pueden acompañar y apoyar estas experiencias desde perspectivas investigativas y de formación de los actores escolares. Así mismo, los diferentes medios pueden aportar su conocimiento desde la práctica, difundir las innovaciones y promover la conformación de nuevas redes.
10. Crear el Foro Bogotano de Comunicación y Medios liderado por la SED en el que participen las oficinas de comunicación y prensa de las instancias del gobierno distrital, el Canal Capital, los Medios de Comunicación de la ciudad, Señal Colombia, Canal 13, facultades de educación y comunicación, colegios públicos y privados, asociaciones de padres de familia y colectivos de comunicación constituidos en las localidades de la ciudad, así como cualquier ciudadano que quiera participar con el propósito de promover el diálogo entre el estado, los medios, la academia, los actores escolares y las audiencias.
11. Promover colectivos de comunicación en las localidades de la ciudad conformados por docentes, asociaciones de padres de familia, estudiantes, instituciones educadoras, medios locales de comunicación y ciudadanos, alrededor de los cuales se gesten proyectos comunicativos y se promuevan los observatorios de medios de comunicación.
12. Incentivar desde los colegios la creación de asociaciones, colectivos y redes de padres y madres tele radioyentes orientados a promover la formación ciudadana en medios, la cooperación para incidir en la toma de decisiones sobre los productos culturales comunicativos de la ciudad y ejercer el derecho a la información y la veeduría ciudadana en el tema.
13. Como un paso importante en la concreción de diversos aspectos que se han venido planteando en este documento, se propone adelantar una propuesta de educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación que sirva de marco a las estrategias de incorporación, apropiación y usos de los medios en las instituciones escolares del Distrito Capital.
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2. El
sentido de una educación en medios
y tecnologías
de la información y la comunicación *
Bogotá, en su carácter de ciudad moderna, humana e incluyente, está trabajando efectivamente para que los sujetos individuales y colectivos de la comunicación y la educación se constituyan como sujetos políticos que puedan convivir en la diferencia y participen en la construcción de la cambiante vida urbana. Tanto su plan de desarrollo global, como su plan sectorial de educación 2004-2008, formulan alternativas concretas para que sus habitantes puedan hacer sus vidas de manera digna y para promover en ellos el ejercicio efectivo de la ciudadanía, fortaleciendo múltiples redes de tejido social solidario y consolidando una democracia basada en el reconocimiento de la diversidad (Cfr. Bogotá, D.C. Concejo Distrital. Acuerdo 119 de junio 3 de 2004 y Bogotá, D.C. Secretaría de Educación. Plan sectorial de educación 2004-2008: 2-3).
En este contexto y a partir del horizonte esbozado acerca de la comunicación, la formación de ciudadanías y la necesidad de formular una política de comunicación/educación para la ciudad, se busca proponer unas líneas que sirvan de punto de encuentro, de debate y de apertura, acerca de la educación en medios y tecnologías de la información y la educación en la ciudad. Si bien, se reconoce que éste es un aspecto parcial de la política de comunicación/educación, es pertinente reiterar que no se trata de plantear una alternativa sectorial, pues no es posible que una tarea tan compleja pueda ser desarrollada por el sector educativo, el cultural o el de las comunicaciones de manera aislada. Al igual que la política, la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación es un asunto que se inscribe en el amplio campo de la cultura y debe ser asumida por diversos actores y agencias, entre las cuales destacamos la ciudad misma, los gobernantes, las instituciones públicas distritales, la escuela, los medios y la academia.
Esta segunda parte centra su atención en cuatro aspectos: algunos enfoques y tendencias acerca de la educación en medios; lecciones que podemos aprender de las experiencias de algunos países; la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación en Bogotá y en el país, y alternativas para la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación en Bogotá.
Si bien el marco que permite comprender las reflexiones y las propuestas en torno a la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación, lo constituye una visión más amplia de la comunicación en la ciudad y de las relaciones entre comunicación y educación, el interés específico de la Secretaría de Educación consiste en ofrecer unos elementos conceptuales, metodológicos y prácticos para la incorporación, usos y apropiación de los medios en los contextos escolares. Esta razón práctica no desconoce la necesidad de seguir trabajando para impulsar una política de comunicación/educación que haga posible democratizar el acceso a los canales de información y comunicación, ampliar los espacios de formación, la participación crítica orientada a incidir en los procesos de decisión y el ejercicio de la veeduría sobre los contenidos, los medios y las formas de comunicación en la ciudad.
Algunos
enfoques y tendencias acerca de la educación en medios
Si entendemos los medios como agencias de producción simbólica en las sociedades contemporáneas, no podemos dejar de comprender la educación para los medios como íntimamente relacionada con los procesos culturales de cambio social, los cuales pueden ser caracterizados por un conjunto de rasgos, de los cuales destacamos los siguientes: la aceleración de la vida social, la enfatización de la cultura del presente, la separación espacio-tiempo o deslocalización, la alteración de la noción de escala en que nos situamos y nos relacionamos con los otros, la crisis de las grandes narrativas que daban sentido a la acción humana y a la historia, y la afirmación hegemónica de la economía de mercado y la ideología neoliberal como paradigma único de pensamiento y de vida (Pinto 2003).
Esta nueva
sociedad de la información y del conocimiento se asocia también con: a) la omnipresencia de los medios informativos y
de una inmanejable cantidad de información a disposición de quienes pueden
acceder al paradigma de la conectividad a través de las autopistas de la
información; b) la creciente importancia de aquellas empresas que no poseen
bienes físicos, sino que producen o transportan información (software,
telecomunicaciones, tecnología genética, entretención); c) la generalización de
la tecnología informática, la creciente participación de componentes
computacionales en los procesos industriales y el uso
de satélites geoestacionarios de uso comercial para las telecomunicaciones; d) un nuevo ritmo en el proceso de la innovación
de las empresas e industrias que ha conducido a una revaloración de la fuerza
laboral, transformando la noción de trabajo y de empleabilidad, y a que sean
mejor valoradas y remuneradas las actividades de los “analistas simbólicos” que
los trabajos rutinarios y de servicios; e) la instauración de un “aprender
durante toda la vida” y, por tanto, una generalización de la educación y la
pedagogía en varias esferas de la sociedad (Universidad Nacional de Colombia -UNal- 2003: 16).
Para los sistemas educativos, estos cambios implican una pregunta por el estatuto que hoy tiene el saber, como sumatoria de un bagaje cultural acumulado, como actitud reflexiva sobre el conocimiento académico y cotidiano, como pensamiento socialmente organizado y, por tanto, como construcción socio-histórica cambiante. Sin embargo, los sistemas escolares parecen destinados a no poder superar la concepción fragmentada del saber basada en la sumatoria de conocimientos sin conexión, porque se hallan cada vez más convencidos del cientificismo positivista y racionalista que se desentiende de las dimensiones políticas, sociales y culturales y los lanza a una carrera de enseñanza “por competencias”, cuyo significado ambiguo se halla asociado tanto a la idea de destreza intelectual y creatividad, como a la de destrezas que generan rentabilidad, competitividad y control conduciendo a una significación hegemónica contraria a la solidaridad (Martín-Barbero 2003a).
Desde esta perspectiva, cabe la pregunta por el sentido de una educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación, por cuanto “la escuela y la familia parecen ser las dos instituciones más afectadas por las transformaciones habidas en los modos de circular el saber, que constituyen una de las más profundas mutaciones que sufre la sociedad contemporánea. Esta mutación se manifiesta en la circulación de los saberes por fuera de la escuela y de los libros (descentramiento), y por la difuminación de las fronteras que separaban los conocimientos académicos del saber común (diseminación)” (Martín-Barbero 2003a: 1).
Proponer una educación en medios, conlleva una posición frente a la educación para la comunicación, que no puede reducirse a visiones instrumentales en las cuales se considera la educación como “enseñanza de contenidos” y la comunicación como “transmisión de mensajes”; estas visiones conciben un mundo sin sujetos, reduce a los individuos a ser engranajes de una maquinaria (Fuentes 2004: 32) y las propuestas de educación para la comunicación, giran en torno a los instrumentos y al manejo técnico de los mismos. Tampoco se puede circunscribir a perspectivas funcionales que conciben la educación y la comunicación como medios para lograr fines que, en la actual lógica de ordenamiento del planeta, son el éxito y el lucro; en este marco, la educación para la comunicación busca que los individuos desarrollen de manera eficaz y eficiente sus competencias comunicativas para “triunfar en la vida”. Una perspectiva de carácter crítico-cultural piensa la comunicación y la educación como mediadoras culturales que tienen una sólida e inseparable relación dialéctica; por tanto, la educación para la comunicación se realiza a través de prácticas dialógicas que generen en cada sujeto la capacidad de construir cooperativamente con otros, diferentes sentidos sobre el mundo, sobre la vida y sobre la convivencia en la diversidad.
Inscribir la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación en el campo de las relaciones entre la comunicación y la educación busca “contrarrestar el reduccionismo que identifica comunicación con medios de difusión, o peor, con aplicaciones tecnológicas, y a la educación con lo que sucede únicamente en las escuelas (…) [Tanto] el educar o hacer emerger del sujeto las manifestaciones sociales de su autotrascendencia [como] el comunicar o poner en común los significados y el sentido de lo que sucede en el entorno, son acciones necesariamente intersubjetivas (…) Ambas acciones son vectores primordiales de la socialización y de la construcción social de las identidades de los sujetos (…) en este sentido, la educación y la comunicación son los mecanismos sociales por los que se genera y reproduce constantemente la cultura, sistema de sistemas de significación y valoración convencionalmente adoptados para interpretar la vida en todas sus dimensiones” (Fuentes 2004: 30-31).
“Si los medios de comunicación son
responsables de configurar la opinión pública y, en último término, de influir decisivamente en el sufragio
político, la alfabetización audiovisual y la educación en el uso de los medios
de comunicación en la escuela deberían formar parte de la formación básica
porque son una condición necesaria para edificar una auténtica educación
democrática. […] En este sentido, hay que destacar que el estudio de y con
los medios de comunicación permite romper la tensión del tiempo y el espacio
escolar y estimula las capacidades intelectuales y socioafectivas” (Miralles
2003: 12). Son estas algunas razones que impulsan la propuesta de ir más allá
de elaborar unas orientaciones de incorporación, uso y apropiación de los medios
en la escuela y ampliar el trabajo hacia una educación en medios y educación con
medios como lo planteara Joan Ferrés (2003: 54).
Una educación en
medios y tecnologías de la información y la comunicación, reconoce el papel
central que desempeñan los medios de comunicación en la vida de los niños y de
los jóvenes y analiza la manera en la que los medios construyen el mundo y
actúan de mediadores entre él y nosotros. Se fundamenta sobre una noción
esencial: los mensajes de los medios son construcciones. La educación en medios
propone aprender a interrogar estas representaciones, a fin de comprender la
forma en la que damos sentido a la realidad y el modo en que otros (los medios)
le dan sentido para nosotros (Ferguson 1994 en:
Morduchowicz 2003a). “Por tanto, la Educación en Medios de Comunicación
pretende formar personas conocedoras de los nuevos lenguajes audiovisuales de
nuestra sociedad, siendo capaces de apropiarse críticamente de ellos y de
emplearlos creativa y activamente como canales personales de comunicación”
(Aguaded y Cabero 1995: 22).
“La educación en medios analiza la manera en la que los medios construyen el mundo y actúan de mediadores entre él y nosotros (…), se funda sobre la idea central de que los medios no son transparentes. Este principio de no transparencia (Masterman 1993 en: Morduchowicz 2003a: 2) es el punto de partida de dicha formación, dirigida a confirmar y a fortalecer la idea de que los medios no son el simple reflejo de la realidad, sino que están implicados en su proceso de construcción. Los medios no son espejos que proyectan la imagen fiel de lo que sucede en el mundo. Por el contrario, sus mensajes presentan siempre puntos de vista particulares y diferentes sobre la manera en la que las audiencias deben interpretar la realidad” (Morduchowicz 2003a: 1-2).
Roxana
Morduchowicz (2003a: 2) señala cuatro enfoques que se han dado en la historia
de la educación en medios: “el estudio de los efectos manipuladores sobre los
chicos, en especial de la televisión (…) Esta
corriente estudia los efectos de los medios de comunicación en las audiencias
casi siempre de manera lineal y causal. La consecuencia es un enfoque más que
todo normativo y de protección: las recomendaciones suelen centrarse en la
necesidad de defender a los niños de los efectos amenazadores de los medios de
comunicación”.
Un segundo
enfoque centra su atención en “el análisis de las motivaciones personales de
los chicos para la elección de sus gustos mediáticos”, centrándose en explorar
los consumos culturales de los jóvenes “y proponen un
enfoque reflexivo sobre la relación que construyen los niños y los jóvenes con
los medios de comunicación” (Ibid: 2).
“Una tercera tendencia propone una educación en medios cuyo eje es analizar el lenguaje de los medios, sus códigos y convenciones. Busca explorar la manera de nombrar y de decir el mundo. Se pregunta, por ejemplo, qué palabras utiliza el periódico para hablar de un tema específico; por qué eligió un cuerpo de letra (tipografía) para el titular; a qué imágenes recurrió el noticiero televisivo para una información; dónde se ha ubicado la cámara para lograr un determinado plano; qué música utiliza la telenovela en su presentación; con qué intención, etc. Se trata de un enfoque semiológico que analiza el lenguaje de los textos mediáticos en función de las representaciones que transmite” (Ibid: 2).
“Una cuarta y última corriente piensa la educación en medios a partir de las representaciones sociales que ofrecen para analizar su funcionamiento en el mundo real. Su propósito, en este caso, es entender los medios y las relaciones sociales en un contexto histórico y político específico. De qué manera los medios de comunicación mantienen, consolidan o subvierten las relaciones sociales existentes, es uno de los interrogantes principales de dicha corriente. Trascender el texto hacia el contexto es el eje que propone este enfoque crítico” (2-3).
La perspectiva contextual, inscrita en los enfoques críticos, considera que la convergencia entre la educación y la comunicación no está ni en las instituciones, ni en el entorno social, ni en el equipamiento tecnológico, sino en los sujetos que interactúan (Fuentes 2004), por tanto, la educación no se fundamenta en el desarrollo de competencias puestas de antemano por una mano invisible, o en demandas externas, sino en la compleja dinámica de abrir espacios y ofrecer opciones a los participantes para pronunciar su palabra, en el sentido que lo formulara Paulo Freire (1971), de deconstruir los textos mediáticos (Rueda 2004: 25) y construir sentidos diversos que hagan posible el conocimiento, la aceptación, el respeto y el disfrute de las diferencias que se encuentran en los textos de los medios y en la cotidianidad de la ciudad.
Experiencias internacionales
en educación en medios: lecciones prácticas
El panorama conceptual descrito ayuda a comprender las dinámicas que se dan en diversos contextos para incorporar la educación en medios a la vida de las sociedades y aporta valiosas lecciones al proyecto que la Secretaría de Educación de Bogotá está impulsando. Con estos propósitos se presentan a continuación algunas experiencias de educación en medios en Europa y América Latina, haciendo un breve recorrido por Francia, Portugal, países nórdicos, Reino Unido y España (en el ámbito europeo) y Argentina, Brasil, Chile y México (en el ámbito latinoamericano) por considerarlos relevantes para los propósitos del caso bogotano.
Aunque hay consenso mundial en la necesidad de poner en marcha programas de educación para la comunicación, la diversidad de enfoques ha llevado a darle múltiples denominaciones, dependiendo de los propósitos que se busquen, de las corrientes teóricas que los fundamenten y de los intereses políticos a los que se responda. Algunos de tales denominaciones son: “Media Literacy”, “Media Education”, “Education aux Média”, “Educação para os Média”, “Alfabetización audiovisual”, “Alfabetización mediática”, “Alfabetización para los medios”, “Educación audiovisual”, “Educación en medios” y “Educación en comunicación” (Aguaded y Cabero 1995: 22-23).
“Ya en 1973, el
Consejo Internacional de Cine y Televisión (CICT) establecía que por «Educación en materia de Comunicación» cabe
entender el estudio, la enseñanza y el aprendizaje de los medios modernos de
comunicación y de expresión, a los que se considera parte integrante de una
esfera de conocimientos específica y autónoma en la teoría y en la práctica
pedagógica, a diferencia de su utilización como medios auxiliares para la
enseñanza y el aprendizaje en otras esferas del conocimiento, como las
Matemáticas, la Ciencia y la Geografía” (UNESCO 1984: 8. En: Aguaded y Cabero 1995: 21).
En algunos países europeos como Francia, la educación en medios ha sido impulsada por el Centre de liaison de l´enseignement et des moyens d´information (CLEMI), que hace parte del Ministerio de Educación de Francia y del Centro Nacional de Documentación Pedagógica. Este centro promueve el uso de los medios de comunicación en la enseñanza, desde una perspectiva pluralista, con el objeto de que los estudiantes puedan comprender críticamente su realidad, favoreciendo la introducción de los medios en la escuela desde la perspectiva de la transversalidad. Los profesores y los comunicadores trabajan en forma cooperativa en diversas actividades de formación (talleres, jornadas pedagógicas, conferencias) que abarcan temáticas como “conocimiento de los medios y los circuitos de la información, el análisis crítico de los mensajes (análisis de contenido, lectura de imágenes, etc.), la producción de mensajes informativos (periódicos escolares, radio escolar, video...), así como tratamientos disciplinares de los medios en las distintas áreas y niveles escolares” (Aguaded 1999). El CLEMI ha desarrollado diferentes proyectos, entre los cuales destaca el proyecto Semaines de la presse dans l´école que trabaja lúdicamente la información con la participación de periodistas; la publicación de periódicos escolares y el desarrollo de un proyecto de comunicación entre las escuelas de Europa a través de periódicos escolares vía fax.
En la historia reciente de las prácticas de educación para los medios en Portugal se identifican seis orientaciones: “el cine en la escuela, la prensa escolar, las tecnologías educativas, actualidad y educación para la ciudadanía, estudio de la comunicación y de los medios, y la educación para los medios propiamente dicha” (Pinto 2003). En el marco de estas corrientes se encuentran los trabajos del Consejo Nacional de Educación y la Oficina Pedagógica del Instituto de Inovação Educacional, organismo dependiente del Ministerio de Educación, los que organizan eventos de educación en medios como el encuentro A escola e os media, la Semana dos Media y apoya a las escuelas asesorando las experiencias de educación en medios y produciendo y editando material didáctico, entre los cuales se cuentan las Fichas para estudar a actualidade, adaptadas del CLEMI francés. Por otro lado, el Instituto ha producido libros y artículos sobre los medios de comunicación y ha trabajado de manera articulada con el CLEMI en el proyecto comunicación de periódicos escolares de Europa (Aguaded 1999).
Los países nórdicos son pioneros en el tema de la educación en medios de comunicación. En Noruega, por ejemplo, los medios se han integrado en los currículos escolares como una materia obligatoria y opcional, mientras que en Suecia se han desarrollado programas radiales dirigidos a profesores, con el fin de introducir la temática en la escuela. Dinamarca, por su parte, creó un centro de investigación sobre la comunicación para introducir los medios de comunicación en las escuelas. Este centro ha venido trabajando un modelo “de Educación en Medios de Comunicación que combine la enseñanza teórica con la práctica de la producción audiovisual” (Aguaded 1999).
El Reino Unido tiene una experiencia valiosa en el estudio de la imagen en las escuelas, especialmente a través del cine. Existe un modelo específico para la educación en medios de comunicación, a cuyo interior se han producido herramientas conceptuales que orientan a los profesores en el trabajo de aula y se cuenta con múltiples asociaciones que, a través de conferencias, seminarios y cursos, han incidido en la formación del profesorado y en la construcción de proyectos de educación en medios. Se han elaborado textos relacionados con la televisión educativa “que ofrece materiales de enorme potencialidad didáctica, para el proceso de decodificación de las imágenes, el análisis de la influencia de los mass media, los estereotipos en los medios, y la simulación para la producción mediática” (Aguaded 1999).
España cuenta con experiencias de formación en medios de comunicación desde los años 70. La LOGSE, ley que regula el sistema educativo español, reconoce la necesidad de incorporar los medios en la escuela y propone el estudio de los medios a nivel del aula y como tema transversal del currículo. “Los medios audiovisuales tienen ya un hueco en los programas de enseñanza y los profesores saben que la actualización de la escuela a las necesidades sociales requiere cada vez del uso didáctico plural e innovador de los nuevos lenguajes que aportan la prensa, la radio, la televisión, el cine... en el aula” (Aguaded 1999). Se han realizado experiencias de educación en medios de comunicación por iniciativa de los profesores, de las instituciones escolares o de los medios de comunicación tales como el Plan de incorporación del video en la enseñanza, el Programa de medios audiovisuales, El periódico A l'escola, que lleva a cabo actividades de formación para los profesores de secundaria y Entra a la tele, que promueve la realización de proyectos comunicativos en el ámbito escolar a través de la producción de programas de televisión y ofrece a los profesores formación teórico-práctica que los prepara para trabajar con los niños en la realización de guiones, grabaciones y procesos de edición.
En el ámbito de América Latina “los medios de comunicación
social, especialmente la televisión, han desempeñado un importante papel en los
procesos políticos, sociales, culturales y económicos vividos en la región.
Junto a las estructuras básicas de socialización -la familia y la escuela-, los
medios han ido tomando partido como institución socializadora, influyendo en la
pérdida de identidad cultural, fomento del consumismo, venta de modelos
extranjerizantes, exposición a la manipulación ideológica de la información,
etc. Ante esta realidad, Latinoamérica ha realizado -quizás como ningún otro
continente- un esfuerzo constante y progresista para hacer frente a esta
presencia de los medios en el ámbito social y familiar, por tanto, la
motivación fundamental que ha movido gran parte de los programas de Educación
para la Comunicación en la Región ha sido la necesidad creciente de educar a
las personas para realizar una recepción activa y crítica de los mensajes
masivos y no meramente la de incidir en el uso de las nuevas tecnologías de la
información y la comunicación como nuevos instrumentos educativos o en el uso
de los medios como herramientas didácticas” (Aguaded & Cabero 1995: 23-
24).
Sin desconocer el trabajo que se realiza en muchos países, algunas de las experiencias latinoamericanas que tienen relevancia para nuestra propuesta son las de Argentina, Brasil, Chile y México.
El Ministerio de Educación de Argentina desarrolla en la actualidad el programa Escuela y medios que motiva a los jóvenes y niños a trabajar diversas temáticas a través de la radio y la televisión y logra que sus productos mediáticos puedan circular en los medios masivos. El portal del Ministerio, Educ.ar presta servicios educativos por Internet con el objetivo de “democratizar la información y el conocimiento” y reducir la brecha digital. Este proyecto forma parte de un programa más amplio de trabajo con los medios de comunicación, que además de los servicios educativos a través de la red, forma a los profesores en el uso de las tecnologías de la información y en su incorporación al aula y ofrece a los usuarios un banco de imágenes, software educativo y orientaciones para el trabajo con los medios en la escuela (Universidad Nacional de Colombia -UNal- 2003).
Como iniciativas de la sociedad civil y de los medios merecen destacarse el proyecto Educomunicación, liderado por el Centro de Comunicación Educativa “La Crujía”, una propuesta de pedagogía de la comunicación que apunta a la formación de receptores activos y críticos y el programa El diario en la escuela, de la Asociación de Diarios del interior de la República Argentina que fomenta en los estudiantes la lectura del periódico. El cometido de este programa es el de convertir la prensa en un medio de expresión de los estudiantes y favorecer la actualización de los contenidos curriculares. Finalmente, puede citarse el programa de Educación para la recepción, de la Universidad de Córdoba que diseña programas de educación para los medios (UNal 2003).
Brasil cuenta con diversidad de experiencias de comunicación/educación y podríamos afirmar que es el pionero de la inclusión de los medios para la educación. Desde las nuevas tecnologías de la información se ha desarrollado el Programa de Educación para la Comunicación de la Unión Cristiana Brasileña de Comunicación Social que propone, desde la perspectiva de Paulo Freire, una educación en medios orientada hacia el protagonismo de los receptores. El Comité para la Democratización de la Informática, una ONG internacional, ha puesto en marcha proyectos para la promoción de la inclusión social y el ejercicio de la ciudadanía a través de las tecnologías de la información. Por esta misma línea se ha venido construyendo el proyecto Comunicación Interactiva, de la ONG CIPO, con el propósito de impulsar el desarrollo de los niños y jóvenes gracias al uso educativo de los medios de comunicación. Esta ONG diseña y socializa modelos educativos comunicativos y propicia la participación de los jóvenes de las escuelas en la producción de videos, catálogos fotográficos, cómics, etc. CIPO también ofrece formación a los profesores y capacita a los jóvenes para que sean multiplicadores en sus escuelas (UNal 2003).
En relación con la televisión, Brasil cuenta con TVEscola, una experiencia de educación estatal agenciada por el Estado brasileño; esta iniciativa de educación a distancia ofrece formación a los profesores y a los estudiantes inscritos en la educación formal. TV Futura es otra experiencia de educación que jalona propuestas para la construcción de proyectos comunitarios. Cuenta para ello con el apoyo de profesionales de educación que acompañan el proceso de apropiación de la comunicación mediática en las comunidades. En este ámbito puede mencionarse a TVCultura, un programa que ofrece a los ciudadanos información de interés público, apuntando con ello a la cualificación de los procesos de recepción mediática.
La Red Brasileña de Televisión Educativa -TVE Rede Brasil- desarrolla programas educativos, culturales e informativos con el uso integrado de sistemas de radio, televisión y nuevas tecnologías que movilizan una red nacional de alianzas cualificadas y comprometidas con el acceso democrático a la información con miras a la ampliación del conocimiento, la educación y al ejercicio pleno de la ciudadanía. Agrupa 138 emisoras radiales y canales locales y regionales de televisión que cubren todo el territorio brasileño (www.tvebrasil.com.br).
MIDIATIVA -Centro Brasilero de Medios para Niños y
Adolescentes- es una asociación civil
sin ánimo de lucro, conformada por un grupo de profesionales que trabajan en
las áreas de la comunicación y la educación. Su objetivo principal es promover
un pensamiento crítico sobre los medios y contribuir para mejorar la calidad de
la programación televisiva, y de los medios electrónicos destinados a los niños
y adolescentes (www.midiativa.tv)
Por ser muy
cercana a las condiciones de Bogotá, cabe resaltar la experiencia de MULTIRIO, Empresa Municipal de Multimedios
de Río de Janeiro, adscrita a la Secretaría Municipal de Educación, creada
en 1993. Es responsable de la producción de programas de televisión, videos,
sitios web y publicaciones orientados hacia la educación, la cultura y el
entretenimiento. Su producción se destina a la sociedad en general y a 1035
escuelas municipales que cubren 30 mil profesores y 700 mil alumnos. El
objetivo de MULTIRIO es hacer viable un nuevo paradigma para las prácticas pedagógicas
de la Educación Pública Municipal de Río, con un enfoque de educación ciudadana
inclusiva, teniendo como eje pedagógico la multieducación, Núcleo Curricular
Básico que contempla las especificidades
de la ciudad de Río.
MULTIRIO, al promover la convergencia de medios, más que colocar productos
didáctico-pedagógicos en formatos para TV, internet o CD-ROM y publicaciones a
disposición de los profesores, desarrolla un nuevo modelo de producción,
favoreciendo así la interacción del usuario con el producto y el diálogo entre
los tres soportes (TV, informática y publicaciones e impresos). Con esta
dinámica, el uso de la tecnología se plantea como una nueva forma de informar,
formar, generar conocimiento, ver y analizar el mundo y no como mera
herramienta adicional a los materiales de soporte que se usan en el aula de
clase (www.multirio.rj.gov.br).
Chile ha incorporado la educación en medios en el currículo del área de lenguajes y comunicación, definiendo una unidad específica y proponiendo a los medios como un tema transversal en los procesos curriculares. Como un esfuerzo del Estado se encuentran también los desarrollos del Consejo Nacional de Televisión que junto con otras instituciones, ha constituido a NOVASUR en el primer canal de televisión educativa, con la misión de mejorar la calidad y la equidad en la educación. Este canal apoya los procesos curriculares y estimula los objetivos transversales de la educación formal.
Como otras
iniciativas de comunicación educación se pueden mencionar Teleduc, un centro de educación a distancia de la Universidad
Católica de Chile que emite programas de formación continuada para técnicos y
profesionales; el Centro
de Indagación y Expresión Cultural y Artística, CENECA, que ha construido un
programa de recepción activa de la televisión; los programas de formación
dirigidos a los profesores por parte de la Universidad de Playa Ancha, que
buscan acercar a los maestros a los medios de comunicación, promoviendo su
análisis crítico, la alfabetización audiovisual y su uso en las aulas; y Aula 21, un programa de educación a
distancia de la Universidad de Chile, que busca responder a los nuevos
contextos que se vienen constituyendo a partir de las nuevas tecnologías de la
información y los medios de comunicación. Este programa brinda formación a los
maestros en producción mediática y de material didáctico, con el fin de crear
modelos educativos comunicativos para la educación superior y de fomentar la
constitución de comunidades académicas en el campo de la
comunicación/educación.
En México, si bien la educación en medios no ha entrado en el currículo escolar, sí se han dinamizado proyectos educativos de uso de televisión, radio e Internet. A nivel nacional tales proyectos son desarrollados por el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa, ILCE, que ha impulsado metodologías para el análisis y evaluación de los mensajes mediáticos. Por otra parte, el Sistema de Televisión Educativa, Red Edusat, se constituye en un servicio educativo de alto nivel, que cuenta entre otros servicios con una Videoteca Nacional Educativa a través de la cual se preserva y cataloga el capital audiovisual del país, para garantizar así su difusión y aprovechamiento. La televisión educativa en México cuenta también con la Red Escolar, que se ofrece como un modelo tecnológico flexible de comunicación educativa, adaptable a las necesidades particulares de las escuelas. Esta red brinda información actualizada a profesores y estudiantes y pone a disposición de éstos canales para que puedan compartir sus ideas.
En el ámbito regional, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura -OEI- adelanta el Programa «Medios de Comunicación y Educación» cuyo propósito es mejorar la escuela mediante el establecimiento de una nueva práctica pedagógica, basada en el uso de los medios para la formación de receptores críticos. El objetivo central del programa es incorporar los medios de comunicación como elementos didácticos en la actividad cotidiana del aula, utilizándolos tanto en los contenidos curriculares como en las actividades que tiendan a la capacitación del niño y del adolescente, a fin de que pueda formular criterios de selección frente a las propuestas de los medios de comunicación, incentivar su interés en la búsqueda de información, estimular su creatividad y mejorar sus estrategias cognitivas (OEI 1994).
Este recorrido por algunas experiencias de los contextos europeos e iberoamericanos aporta lecciones que serán de gran valor para pensar y organizar la educación en comunicación y medios en Bogotá. Destacamos algunas: la importancia que se le da a la educación en medios; los propósitos y enfoques; las alternativas de incorporación al currículo escolar; los actores y su vinculación con las políticas, las acciones y las agencias, medios y canales a través de los cuales se realiza la educación en medios.
En los países analizados se reconoce la importancia de abrir espacios de educación en medios dirigida a toda la población, en especial a los niños y jóvenes. Algunos han formulado políticas expresas sobre el asunto y lo han hecho explícito en normas, leyes o decretos del Estado; en otros, si bien no se contempla una legislación, se adelantan acciones coordinadas para garantizar que el asunto forme parte de una agenda nacional. Los propósitos incluyen la formación para la lectura crítica de medios, los usos pedagógicos y didácticos, la producción mediática y la producción intelectual acerca de las relaciones entre los medios como organizaciones, sus mensajes y los intereses de carácter económico, político, social o cultural de las industrias culturales. En todos los casos se han superado los enfoques instrumentales o funcionales, para centrar su atención en las relaciones contextuales con enfoques críticos, y se busca articular la educación en medios con la formación para la ciudadanía.
Los países europeos han incluido la educación en medios como parte del currículo escolar y lo hacen desde las dos perspectivas: como asignatura independiente y como propuesta transversal, combinando en muchos casos las dos dinámicas. Tanto en Europa como en América Latina se reconoce el valor de la formación en medios para la construcción de ciudadanía y el compromiso que deben tener todas las áreas del currículo, no sólo considerando los medios como apoyo didáctico, sino como forma de construir saberes y valores. La interdisciplinariedad que impulse el trabajo en torno a proyectos comunicativos o comunicativo-educativos, articulando diversas asignaturas en procesos conjuntos de lectura, usos y producción, también son notas que se destacan en varios países. Así mismo, se busca que las metodologías hagan del aprendizaje sobre los medios y con los medios una experiencia placentera, dado el carácter lúdico propio del lenguaje audiovisual.
En los países observados, el Estado ha tomado siempre cartas en el asunto, siendo más directivo en los países europeos, por cuanto es más arraigada la tradición según la cual la información es un derecho de todos los ciudadanos. En las experiencias latinoamericanas, con la excepción de Brasil, se depende más de la oferta y la demanda, hecho que implica una mayor iniciativa de los profesores, de grupos, de ONG o de otras agencias sociales. En todos los países, se observan crecientes relaciones de cooperación entre el sector educativo y las agencias de información y comunicación, pues en la medida que se avanza en las concepciones y las prácticas, la educación en medios deja de ser un asunto del currículo y la escuela para ser también parte de la labor de los medios. En aquellos países que hay mayores avances en la educación en medios, el asunto se hace más público y se incrementa la participación de diversos sectores de la sociedad, destacándose el papel que juega la academia en la producción de conocimiento, en la formulación de propuestas y en su participación activa en la formación de diversos agentes, principalmente del profesorado.
Tres son las acciones más importantes que dinamizan la educación en medios en estos países: la investigación, la producción mediática y la formación. La investigación es realizada por diversos organismos especializados, tanto estatales como privados y por las universidades; el conocimiento producido aporta elementos para comprender la dinámica de la comunicación medial y sus relaciones con la cultura y la sociedad y formula alternativas para la producción, circulación, usos y apropiaciones de los productos mediáticos destacando sus relaciones con la educación; así mismo, brinda orientaciones muy importantes para la formación de los educadores y los comunicadores. La producción mediática abarca tanto las producciones de materiales educativos, como las de carácter cultural que pueden ser incorporadas a los canales abiertos. La formación centra principalmente su atención en dos públicos: los profesionales de la educación y la comunicación y los niños y jóvenes insertos en los contextos escolares.
La escuela es la agencia que realiza la parte formal de la educación en medios, aunque la prensa, la radio, la televisión, y más recientemente, las autopistas digitales, son canales que se emplean con propósitos diversos: la formación de los agentes dinamizadores, el apoyo a la labor de la educación formal y, también, la lectura crítica de medios. Experiencias como la prensa en la escuela en la que los grandes diarios de un país se asocian para llegar a las instituciones educativas con ejemplares de sus periódicos y con orientaciones educativas o la de grandes canales de televisión educativa y cultural como existen en Brasil o México y, más recientemente, los portales de los ministerios o de otras organizaciones, indican el potencial que los mismos medios tienen para la educación. De otra parte, la organización de centros de documentación físicos o virtuales, centros de recursos o de producción, constituyen también medios valiosos para los propósitos de la educación en medios.
La
educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación en
Colombia y en Bogotá
El caso colombiano, analizado desde una perspectiva histórica por Alejandro Álvarez (2003), es atípico en relación con el resto de América Latina: Colombia fue uno de los países pioneros en el uso educativo de los medios de comunicación, sobre todo la radio y la televisión, en las décadas de los 50, 60 y 70. Lamentablemente, la privatización, mercantilización y uso propagandístico tanto de los medios como de la educación, han llevado a un distanciamiento entre la escuela y los medios, quedando tan solo esfuerzos aislados de maestros y comunicadores o políticas aisladas con carácter tecnocrático como el montaje de infraestructuras costosas de comunicación e interactividad, sin la correspondiente inversión para promover la apropiación por parte de educadores y estudiantes ni las necesarias sinergias entre el Estado, la escuela, los medios y la academia (Cfr. Herrán 1999: 160-173).
Para Jesús Martín-Barbero, analista profundo del país, “la ausencia de los medios de comunicación en la reciente Ley Colombiana de cultura no puede ser más significativa de la pertinaz esquizofrenia que padecen la concepción y las políticas oficiales de cultura. (...) También para el Ministerio de Educación, lo que pase en la cultura es asunto de otros, y lo que pase en los medios mucho más, fuera de la hueca retórica sobre la modernización tecnológica de la escuela o ese mal sancocho de programación televisiva que se hace pasar por “educativa”. (...) Para el Ministerio de Comunicaciones lo que importa es el político y económicamente adecuado reparto de las licencias y de las frecuencias. (...) Sin embargo, lo que se está jugando el país, en ausencia de políticas conjuntas de Cultura/Comunicación/Educación, es su propia viabilidad como nación, tanto político como cultural, tanto social como laboral” (Martín-Barbero 2003b: 19-20).
Esa ausencia de políticas coherentes acerca de los medios se refleja en la legislación y en las dinámicas del sector educativo. Así, la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) no considera la educación en medios como tarea importante. En los fines, en los objetivos de las modalidades y niveles, o en los temas transversales la educación en medios está ausente, sólo se menciona el tema de forma tangencial en los artículos 43, 44 y 45 del capítulo 3 “Educación Informal”, y se refiere a ellos como fuentes de “conocimiento libre y espontáneamente adquirido” y como partícipes en los procesos de educación informal, para lo cual “El Gobierno Nacional fomentará la participación de los medios de comunicación e información social en los procesos de educación permanente y difusión de la cultura…” (Artículo 44).
Este vacío se observa también en los lineamientos curriculares, en los que sólo se alude a aspectos contextuales como “la importancia”, “las relaciones con el área”, o “el uso como ayudas audiovisuales”, tal como puede observarse en lengua castellana, ciencias sociales, idiomas extranjeros o matemáticas. Sólo en el área de artes se considera un campo de formación, denominado “educación en audiovisuales”, en el cual se hacen referencias explícitas de orientación conceptual, metodológica y de logros para el cine, la televisión y la multimedia, proponiendo cuatro líneas básicas de trabajo paralelas (Colombia, Ministerio de Educación Nacional. Lineamientos Curriculares. Educación Artística: 53). Aunque en los estándares de lenguaje se considera el tema, no logra permear la vida escolar ni impactar el currículo.
No obstante, esta ausencia de políticas y dispersión de esfuerzos, algunos organismos del Estado, las universidades y otras organizaciones sociales adelantan diversas acciones. Es así como en septiembre de 2004, INRAVISIÓN y los ministerios de comunicaciones, educación y cultura realizaron una invitación pública para contratar la programación educativa y cultural del Canal Señal Colombia. La propuesta consiste en consolidar el proyecto de identidad nacional a través de la televisión, como vehículo para la convivencia pacífica. Se pretende vigorizar la formación expresiva del ciudadano desde lo cultural y asegurar la calidad y el cubrimiento de las competencias desde lo educativo. Sin embargo, con el cierre de INRAVISIÓN cabe preguntarse qué tan viable será el proyecto.
El Ministerio de Educación Nacional considera que los medios de comunicación inciden en la construcción del concepto de nación y en la socialización del saber. El trabajo que se realiza con los medios de comunicación apunta a hacer efectiva la política de mejoramiento de la calidad de la educación, cuyo marco son las competencias básicas: lenguaje, matemáticas, ciencias naturales y las competencias ciudadanas. En este contexto, el portal interactivo Colombia aprende, ofrece contenidos y servicios calificados, con el objetivo de contribuir en el fortalecimiento de la equidad y el mejoramiento de la educación colombiana; dirige sus servicios a las instituciones y centros educativos, a gestores culturales a nivel local, municipal, departamental y nacional, y a todos los niveles de la educación: preescolar, básica, media y superior. A través del portal se puede acceder a servicios como catálogos de bibliotecas, enlaces educativos de sitios destacados en la web, biblioteca digital, acceso a la red de bibliotecas, entre otros.
El Ministerio de Comunicaciones desarrolla actualmente tres proyectos: Internet sano, que busca prevenir la explotación sexual de los menores de edad en la red; Comunicación y envejecimiento, el cual busca reivindicar para los adultos mayores el derecho constitucional a la información y la comunicación, ofreciéndoles la oportunidad de capacitarse en procesos de comunicación comunitaria y de participación en programas de radio, productos impresos y video y la Agenda de Conectividad, que tiene como objetivo promover el uso masivo de las tecnologías de la información, para incidir en el aumento de la competitividad del sector productivo, modernizar las instituciones públicas y posibilitar el acceso a la información y la educación en el país (Ministerio de Comunicaciones).
El Ministerio de Cultura, por su parte, desarrolla el programa radial Zona Común que desde 1995 difunde información sobre diferentes temas de infancia con el fin de contribuir al desarrollo social, cultural y educativo de los niños y la propuesta Diario Cultural, que se proyecta como un espacio televisivo dirigido a todos los públicos y que busca “convertirse en el referente diario de los procesos de creación, construcción y recreación de las expresiones culturales y en la ventana de la riqueza patrimonial colombiana y la fuente de información sobre la programación cultural en el país” (Ministerio de Cultura).
La Comisión Nacional de Televisión -CNTV- organismo regulador de la prestación del servicio público de la televisión, ha considerado que los diversos espacios sociales, entre ellos la escuela y la familia, no tienen la oportunidad de formarse en la lectura crítica de medios. De aquí se han desprendido dos orientaciones de política: por un lado, se promueve la investigación académica sobre la televisión y, por otro, se pone en marcha un programa nacional de educación al televidente, cuya finalidad sería la formación crítica de las audiencias (Comisión Nacional de TV).
En Bogotá, el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico -IDEP- ha explorado alternativas de articulación entre la educación y la comunicación, auspiciando diversas investigaciones, promoviendo procesos de innovación en las instituciones escolares de la ciudad, desarrollando propuestas de producción de medios masivos de comunicación dirigidas explícitamente al mundo escolar y organizando diversos eventos en los cuales se analiza el fenómeno de los medios en la educación, se exponen las investigaciones adelantadas y las innovaciones que realizan las escuelas y se proponen caminos de acción.
En el campo de la producción, los trabajos más conocidos del IDEP son: La publicación mensual del Magazín Aula Urbana, iniciado en 1997 y sostenido sin interrupción con un tiraje de 30.000 ejemplares, dirigido principalmente a los profesores de educación inicial, básica y media de las instituciones escolares de la ciudad. En 1999, la realización de la serie Francisco, el matemático, que formaba parte de la Caja de Herramientas Vida de Maestro y cuyos primeros diez capítulos fueron contratados con el canal privado de televisión RCN y buscaba un acercamiento entre el lenguaje educativo y el televisivo con el fin de ofrecer a la escuela estrategias de formación en valores desde alternativas no verticales o autoritarias. Los videos Claves del Altillo, que fueron emitidos al aire por Canal Capital y distribuidos a las escuelas y se proponían apoyar el desarrollo de competencias en lenguaje y matemáticas. El IDEP ha sido reconocido así, a nivel nacional e internacional, como un agente que impulsa, a través de la investigación y el desarrollo de proyectos de gran impacto, los avances y transformaciones del campo comunicación/educación en la ciudad.
Como parte de su
política de investigación, el IDEP ha convocado a diversas instituciones y
personas para adelantar estudios acerca de las relaciones entre la comunicación
y la educación. En 1999, María Teresa Herrán realizó el estudio Pistas para el encuentro
comunicación/educación. Estado del arte en comunicación/educación en el
Distrito Especial de Bogotá dentro del contexto latinoamericano. En el
mismo año, el IDEP financió el proyecto Los
audiovisuales de carácter educativo en Santa Fe de Bogotá, estudio
realizado por el Programa RED de la Universidad Nacional de Colombia que buscó
caracterizar la oferta de materiales audiovisuales con carácter educativo que
tiene la ciudad y la cultura audiovisual en las instituciones educativas,
explorando las maneras en que los maestros incorporan y usan los medios de
comunicación y los materiales audiovisuales en sus prácticas pedagógicas (Universidad Nacional de Colombia,
Programa RED 1999).
Entre los años 2000 y 2003, el Programa RED de la Universidad Nacional adelantó los estudios de seguimiento de tres proyectos mediáticos del IDEP: la serie Francisco, el matemático con la Caja de Herramientas Vida de Maestro; Las Claves del Altillo y el Magazín Aula Urbana. Los resultados de estos estudios muestran las tensiones entre los intereses comerciales de los medios de comunicación y los intereses públicos de las entidades del Estado, señalando, sin embargo, la posibilidad de una sinergia entre estas dos clases de intereses; destacan la necesidad de que las producciones mediáticas con fines educativos sean acompañadas en su travesía por la escuela, de modo que no terminen siendo reducidas a un uso instrumental y subrayan la apremiante necesidad de una formación de los profesores que les permita apropiarse de estos materiales y participar en la creación de los mismos. En este sentido se hicieron diversas recomendaciones tendientes a cualificar los procesos de producción, circulación, recepción y usos educativos de estas propuestas mediáticas.
Los trabajos de la Secretaría de Educación de Bogotá -SED-, conducentes a fortalecer la radio escolar y el uso de los medios
audiovisuales, constituyen también antecedentes próximos de esta propuesta. El
programa Fomento al uso pedagógico de los
medios de comunicación ha
impulsado acciones en los campos de la radio, el video y la televisión escolar,
dentro de las cuales se destacan: en radio, Onda Cheverísima, Pongámonos en Onda y Súbete a
En el año 2004,
y de forma paralela al trabajo adelantado por
Además de los proyectos realizados con los medios de comunicación, la SED creó en 1997 la Red Integrada de Participación Educativa -RedP- cuya finalidad es poner al servicio de la educación pública y de la ciudadanía la tecnología informática y las comunicaciones, y recientemente ha creado la Red Académica “http://www.redacademica.edu.com”, un portal interactivo que brinda diversas herramientas para las actividades académicas de las escuelas que busca crear posibilidades de acceso de los ciudadanos a las nuevas tecnologías para conformar en torno a ellas espacios de participación. Este portal le permite a los profesores, directivos, estudiantes, padres de familia e investigadores entrar en contacto con los diferentes proyectos educativos que se adelantan en la ciudad y discutirlos a través de foros, comunidades virtuales y chat.
En el terreno de la televisión, Canal
Capital, que es el canal regional de Bogotá, ofrece a la ciudad una
programación con contenidos locales, con los cuales se busca ofrecer a los
bogotanos nuevas posibilidades de información, formación y entretenimiento con
el objeto de construir ciudad y de
fortalecer imaginarios que incidan en la cohesión social y en la construcción
de la identidad de los capitalinos.
Las universidades han contribuido a consolidar el campo comunicación/educación en la ciudad a través de la investigación, la formación y el acompañamiento a procesos en las instituciones escolares. Los trabajos más conocidos son los realizados por la Universidad Central, la Universidad Pedagógica Nacional, la Universidad Distrital, la Universidad Javeriana, la Universidad Externado de Colombia, la Universidad Minuto de Dios y la Universidad Nacional de Colombia. Así mismo, algunas organizaciones privadas como el Instituto Misionero Hijas de San Pablo -Paulinas-, Escuela-País, Comunicar, Comunicarte, la Fundación Imaginario o Citurna han colaborado para cualificar los usos y la producción mediática en las escuelas de la ciudad.
En este contexto, el estudio Escuela, medios y nuevas tecnologías: una caracterización de las prácticas en Bogotá, adelantado por la Universidad Nacional en el 2003, indagó sobre la incorporación, usos y apropiación de los medios de comunicación de masas y las tecnologías de la información y la comunicación en 419 instituciones escolares de la ciudad. Los participantes en este estudio -comunicadores, profesores y estudiantes-, consideran prioritario mejorar el nivel técnico de las experiencias y proyectos; mejorar la calidad de los productos mediáticos de las instituciones escolares; promover la alfabetización audiovisual y la lectura crítica de medios; involucrar la comunidad educativa a los desarrollos en cada medio; incorporar los medios y TIC a los proyectos educativos institucionales -PEI- y a los procesos curriculares; y encontrar caminos para fortalecer los lazos de las escuelas con sus contextos locales. Estas recomendaciones abren perspectivas para avanzar en las relaciones comunicación-educación en la ciudad y han constituido la base para elaborar esta propuesta (Unal 2003).
Alternativas
para la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación
en Bogotá
En el marco de las políticas educativas actuales de Bogotá, que buscan acercar la escuela a la ciudad y la ciudad a la escuela, el proyecto pretende explorar alternativas para la educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación, entendida como educación para la comunicación y el ejercicio de la ciudadanía. Por ello, se hace indispensable que el trabajo pedagógico trascienda la esfera de la escuela y del sistema escolar e involucre el conjunto de la vida social y política (Pinto 2003). Proponemos poner a prueba un proyecto en el cual la información/comunicación y la educación se articulen en torno a un proyecto cultural inserto en la construcción de una ciudad solidaria.
La propuesta de educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación en Bogotá, se articula conceptualmente desde el marco interdisciplinario del llamado campo comunicación/educación, que implica pensar más en términos de relaciones que de estructuras (Bourdieu 1995), en tanto que el mundo social y, dentro de él, las prácticas comunicativas y educativas, son redes de relaciones donde entra en juego el problema del poder y las estratégicas alteraciones que vienen transformando la cultura occidental.
El campo comunicación/educación se configura por la relación
interdisciplinaria o transdisciplinaria entre dos subcampos con discursos y
prácticas propios, que se interesan por el poder que los medios y las
tecnologías de la información y la comunicación ejercen en las transformaciones
culturales del imaginario de la “sociedad de la comunicación y la información”,
la cual puede interpretarse como:
§
La
configuración de una sociedad con una alta densidad comunicativa donde circula
en tiempo real una gran masa de saberes e información que copa múltiples
espacios de la cotidianidad, en realidad una revolución numérica o de
digitalización generalizada de la cultura, que difunde tres sistemas de signos
comunicativos (el sonido, la imagen y el texto), que hasta ahora también habían
devenido actividades productivas relativamente independientes (Ramonet 1997);
§
La
complejización de las prácticas comunicativas por la mediación técnica y
tecnológica que genera cambios en las sensibilidades, percepciones y cognición
de los individuos, especialmente de los más jóvenes, pues se estarían
construyendo nuevas maneras de leer y de escribir y habrían aparecido “nuevas
figuras de la razón” por efecto de la incorporación de la imagen en la
producción de conocimiento lo que estaría potenciando nuevas relaciones entre
lo inteligible y lo sensible, y entre experimentación y simulación
(Martín-Barbero 2002);
§
Pero sobre
todo el advenimiento de un rol estratégico de la producción y posesión de
conocimiento e información, pues en el concierto mundial económico neoliberal,
se ha colocado como fuerza productiva directa, a la capacidad específicamente
humana de la creación simbólica, lo que significa colocar a la capacidad de
conocer e innovar en un círculo de retroalimentación acumulativo (Castells
1999: 58).
Este nuevo ecosistema comunicativo constituye en realidad una “alfabetización múltiple” que tendría como base una “pedagogía perpetua” (McLaren 1994) reestructuradora de la conciencia, y obraría como una “alfabetización posmoderna” (Huergo 1999), ya que este nuevo ordenamiento cultural estaría creando modificaciones en la subjetividad y la socialidad hasta el punto de reestructurar la percepción, los imaginarios colectivos, las expectativas y las acciones individuales y colectivas.
Las urgentes transformaciones socio-económicas de América Latina, en particular, no se remedian con la dotación de una infraestructura telecomunicativa, sino que deben considerar las diferencias socioculturales con el propósito de superar la condición de usuarios o consumidores para convertirnos en creadores de nuestros propios proyectos que reflejen adecuadamente nuestras lenguas y culturas.
Aunque una educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación es tarea de diversas agencias y compromete a los gobernantes, a la escuela, a la academia, a los medios y a los públicos, este documento centra su atención en las alternativas educadoras de la escuela, por tanto, los análisis que siguen se refieren a los medios en el mundo escolar.
Los medios se han venido incorporando al currículo escolar como asignatura específica o como eje transversal (Morduchowicz 2000: 39-44). Al respecto, Jesús Martín-Barbero dice que “la configuración social, originada en los cambios en la circulación de los saberes, está re-creando un tipo de competencias culturales y cognitivas que no parecen apuntar en el sentido de las competencias para la generación de rentabilidad y competitividad, predominante en el campo educativo, ahondando la brecha entre los intereses institucionales y la de los sujetos aprendices. La superación de esta situación pasa, entre otras cuestiones, por la incorporación de una transversalidad que rompa con el prejuicio que separa a las ciencias de las humanidades y por rescatar aquel tipo de saberes que, no siendo directamente funcionalizables son, sin embargo, socialmente útiles, los saberes lógico-simbólicos, históricos y estéticos. Los saberes indispensables” (Martín-Barbero 2003a:1).
Una asignatura de medios de comunicación implica la elaboración de un programa de estudio que relacione la tecnología y los desarrollos de la ciencia, con las nuevas estéticas y con procesos que no excluyan el libro, sino que reconfiguren las posibilidades de la lectura y la escritura que tradicionalmente privilegia la escuela. Se debe favorecer la recuperación del texto narrativo en los procesos escolares y la articulación del pensamiento narrativo con el pensamiento lógico, acercando racionalidad y emocionalidad y haciendo explícitos los puntos de coincidencia entre el mundo audiovisual y la escritura. El acercamiento simultáneo a los lenguajes y formatos propios de los medios de comunicación y a la cultura escrita permite a maestros y estudiantes formarse como lectores críticos tanto de textos escritos como de audiovisuales y comunicarse a través de diferentes lenguajes y medios.
Plantear la educación en medios como un eje transversal implica reconfigurar las relaciones de los saberes escolares con los saberes de los medios. En este contexto, la interdisciplinariedad se constituye en un aspecto esencial de las propuestas de trabajo con los medios de comunicación en la escuela, pues no se trata de enseñar las especificidades de los medios o usarlos en las asignaturas, sino de generar un diálogo entre los diversos saberes escolares con los medios de comunicación, de modo que cada área o asignatura aporte a diversos procesos y a distintos niveles de análisis y el saber sobre los medios permita interpelar, reinterpretar y comunicar de nuevas formas los saberes que circulan en la escuela.
Se podría pensar en una escala que intente comprender los medios desde lo que son como aparatos y técnicas, pasando por las lógicas de producción de mensajes mediáticos hasta los procesos sociales, económicos, políticos y culturales que se han generado en torno a ellos y las formas como inciden en el saber. Como se ve, esta posibilidad implica un trabajo más articulado que el que se lleva a cabo en una sola asignatura.
Algunas escuelas vienen explorando una tercera posibilidad de realizar educación en y con los medios y de incorporarlos al currículo y a la vida escolar. Esta alternativa se caracteriza por la formulación y desarrollo de proyectos comunicativos o proyectos comunicativo-educativos que incorporan los medios como elemento sustancial para su puesta en marcha. En estas propuestas, el saber sobre los medios y el comunicarse con ellos, hunde sus raíces en una perspectiva más amplia de la comunicación en la escuela y en la sociedad, buscando que los actores escolares puedan participar efectivamente en procesos pedagógicos de democratización y de construcción de ciudadanías activas.
Los proyectos comunicativos se orientan, fundamentalmente, hacia la creación de propuestas alternativas de comunicación que recojan la creatividad y el saber de los jóvenes y los niños. Desde esta perspectiva, la escuela se asume como un espacio para la producción mediática con carácter alternativo, desde el cual se recojan y creen imaginarios socioculturales sobre la ciudad que validen saberes y experiencias sociales distintas a las que son validadas por los medios de comunicación comerciales. El origen y los propósitos de estos proyectos estimulan la articulación entre los diversos medios -prensa, radio, video, televisión- y entre ellos y las tecnologías digitales; facilitan el acercamiento a los diversos lenguajes, géneros y formatos ampliando el horizonte de competencias comunicativas; posibilita el acercamiento a problemáticas de interés para los estudiantes; y promueve el trabajo cooperativo y la democratización de la comunicación. Para evitar que los procesos de producción mediática de la escuela caigan en dinámicas auto-referenciales, se hace necesario que sus productos busquen un uso social para que circulen por diversos medios y canales más allá de las fronteras de la escuela.
Los proyectos comunicativo-educativos, tienen su origen en propuestas que de manera conciente se buscan educar para la emancipación de los sujetos y la construcción de tejido social, generando espacios de comunicación dialógica e incorporando los medios y las diversas tecnologías de la información y la comunicación. Estos proyectos exigen que los profesores y los estudiantes puedan implicarse en lógicas de producción mediática exploratoria soportadas en procesos de investigación de las realidades locales que articulen diversos tipos de saber y formen parte del proyecto educador de la institución. La producción mediática alternativa conjuga las lógicas de los medios de comunicación con las lógicas educativas y las lógicas de lo audiovisual con las lógicas de la escritura, produciendo conocimiento sobre el mundo local; así mismo, abre alternativas para reconfigurar las relaciones de los saberes escolares con los saberes universales, locales y experienciales y propicia la interlocución y cooperación entre estudiantes y profesores quienes, mediatizados por el mundo, ponen en juego sus riquezas cognitivas y sus propias historias vitales (Freire 1971). Así, los medios de comunicación pueden propiciar desplazamientos e innovaciones en las prácticas pedagógicas, porque hacen posible una triangulación entre los diversos tipos de saber, la constitución de propuestas comunicativo-educativas y su sentido pedagógico, político y cultural.
Desde otra perspectiva, y de manera complementaria con las formas de incorporación, los medios pueden entrar al currículo escolar desde tres horizontes de trabajo: la alfabetización crítica de medios, la recepción crítica de medios y el uso de los medios.
La alfabetización en medios, significa “aprender a formular preguntas acerca de lo que se ve, se observa y se lee” (Hobbs 2003, 119), para lo cual se puede apelar a diversos tipos de mensajes y productos mediáticos: la publicidad, los diarios, los programas de televisión, etc. Esta alfabetización se puede desarrollar a partir de cuatro ejes conceptuales: acceder, analizar, evaluar y comunicar mensajes (Ibíd.). El acceso a los mensajes puede darse en una gama variada de formas que le permita a los estudiantes enriquecer su aprendizaje “por el contacto con diversas fuentes, soportes y lenguajes de las más amplias expresiones de la cultura” (120). El análisis de los mensajes implica que los estudiantes aprenden a sopesar la forma, estructura, diseño y el significado de los mensajes mediáticos. La evaluación de los mensajes hace referencia a que los estudiantes pueden aprender en la escuela a relacionar los mensajes mediáticos con su propia experiencia y a “emitir juicios sobre su veracidad, calidad y relevancia” (120). Finalmente, a partir de la comunicación de mensajes, los estudiantes aprenden a escribir, “decir y crear textos e imágenes de forma efectiva para una variedad de propósitos y audiencias” (121).
La recepción crítica de medios, centra su atención en los textos mediáticos, en los productores/audiencias de los medios de comunicación y en las representaciones sociales que se configuran a través de la interacción mediática. Este trabajo incorpora tanto el análisis como los desarrollos prácticos. Frente a los textos mediáticos la clase puede formularse diversas preguntas sobre sus significados, sobre sus géneros o sus formas. En relación con el tema de los productores y las audiencias se busca comprender cómo se producen los textos, quiénes los producen y por qué, para quién son producidos, cómo llegan a las audiencias y de qué manera son apropiados y resignificados por ellas. Estas preguntas pueden ubicar al estudiante en el centro de la producción de los mensajes. El análisis y el trabajo práctico sobre las representaciones sociales que los medios crean, pueden desarrollarse a través de preguntas orientadas a saber cómo las personas representan diversos grupos, lugares del mundo o acontecimientos a partir de los medios, quiénes se incluyen en esas representaciones y quiénes permanecen excluidos de ellas (Fox 2003: 102-105).
Un tercer horizonte es el uso de los medios. Al respecto puede hablarse de usos transmisores/reproductores, que están orientados por modelos del currículum cuyo diseño y desarrollo se realiza en torno de la definición de objetivos operativos; de usos prácticos situacionales, “que suponen un análisis y comprensión previa de los significados y cuya construcción está a cargo de grupos concretos de estudiantes y profesores”, y los usos críticos/transformadores, “orientados por las teorías críticas del currículum. Los medios se utilizan como elementos para reflexionar, criticar y transformar las prácticas de enseñanza y de mensajes que llegan al centro escolar” (De Fontcuberta 2003: 52).
Para que pueda fomentarse una alfabetización mediática, una recepción crítica y un uso creativo, la incorporación de los medios de comunicación al currículo, ya sea como asignatura, en forma transversal o a través de proyectos, debe propiciar la articulación de la realidad cotidiana de los actores escolares con los diversos tipos de saber que circulan en la escuela y en la sociedad, la integración de los códigos escolares con los códigos de las culturas mediáticas y la integración de los formatos comunicacionales de la escuela con las narrativas que ponen a circular los medios de comunicación.
De otra parte, el estudio de los medios y sus lenguajes, tanto para la recepción como para el uso o la producción, puede ser inocuo si en la institución educativa no se propicia una comunicación abierta y honesta. Si en el PEI, el manual de convivencia, el gobierno escolar y las diversas instancias de comunicación no se respetan las múltiples voces y no se propicia una participación genuina y democrática, todo curso, ejercicio o proyecto caerá en el vacío. Se hace necesario propiciar una comunicación dialógica en cada una de las vivencias escolares a través de las cuales se reconozca y respete el saber de cada individuo de la comunidad escolar, y se construyan desde allí las representaciones sociales, las identidades individuales y colectivas y el conocimiento, así como se permita la libre expresión y el respeto a las diferencias. Un contexto de comunicación emancipadora permitirá abrir espacios para el diálogo interdisciplinario que permita incorporar los medios como textos de circulación y producción de información y conocimiento en el currículo escolar, como expresión de diferencias y conformación de opinión pública escolar, local, nacional e internacional y que contribuyan a generar espacios reales para la tolerancia, el debate, los distintos puntos de vista, para el trabajo en equipo, la investigación y la formación de ciudadanos participantes y democráticos.
Una educación en
medios se hace necesaria porque los medios, además de construir
representaciones de la realidad son formadoras de identidades individuales y
colectivas (Ollivier 2004). El conocimiento de sus dinámicas internas y sus
relaciones con el mundo del mercado y del poder, hacen posible una posición
crítica y facilitan la creación de opciones de participar en la producción de
comunicaciones mediáticas alternativas.
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3. Criterios para la incorporación, usos y
apropiación
de
los medios y las tecnologías de la
información
y la comunicación en la escuela *
Las propuestas
de carácter conceptual, metodológico y práctico para la incorporación, usos y
apropiación de los medios y las tecnologías de la información y comunicación en
las instituciones escolares de Bogotá se comprenden en el marco de una política
de comunicación/educación y de educación en medios y tecnologías de la
información y la comunicación para la ciudad y constituyen una forma concreta
de fortalecer desde las escuelas de la ciudad, las dinámicas de carácter
comunicativo-dialógicas que demanda el espíritu del nuevo Plan Sectorial de Educación 2004-2008, Bogotá: Una Gran Escuela.
La Secretaría de Educación del Distrito Capital -SED-, busca con esta propuesta definir unos lineamientos que sirvan de base y apoyo para que pueda desarrollarse un plan orientado a ampliar los horizontes educadores de la ciudad y a fortalecer la institución escolar en su papel de dinamizadora de la formación ciudadana, propiciando un encuentro entre la educación y la comunicación y entre la escuela y los medios de información y comunicación. No basta con formular y adelantar un programa de educación en medios, sino que se exige, por parte de la institución escolar, que abra sus puertas para entrar en diálogo y en relaciones de cooperación con los medios, puesto que éstos forman en identidades, competencias y estéticas diferentes a las que se dan en la escuela.
Aunque llevar a cabo las políticas de comunicación/educación y la educación en medios requiere del trabajo mancomunado del Estado, la escuela, los medios, la academia y la sociedad civil, por los propósitos específicos de este proyecto y como una manera de articular las acciones en un campo que ha sido relegado en las políticas públicas de nuestro país y de la ciudad, las orientaciones que se presentan en este documento se dirigen principalmente a las instituciones escolares, con el propósito de brindar elementos que las dinamicen frente al mundo de los medios y las empoderen como agentes sociales de alta significación para sus contextos locales y como organizaciones abiertas a la ciudad y al mundo.
¿Incorporar los medios a la escuela?
La escuela no sólo es una institución que tiene un encargo social que varía según las épocas y lugares. Entendemos la escuela como entramado de culturas (Pérez-Gómez 1995) en la cual se cruzan diversos significados, expectativas o comportamientos de los estudiantes, profesores y directivos; también la entendemos como acontecimiento que expresa un cambio de época (Alvarez 1995 y 2003) o como casa de estudio y lugar de vida (Rodríguez 1997 y 2003). En este sentido, la escuela no solamente transmite el legado cultural, también es espacio de encuentro de la diversidad, y sus historias son las historias de la ciudad, por cuanto en ella se crea vida cada día y lo hace poniendo en juego los saberes y el existir de sus actores.
En la escuela se entrecruzan la cultura pública, la académica, la social, la escolar y la privada y se distingue de otras instituciones e instancias de socialización por “la mediación reflexiva de aquellos influjos plurales que las diferentes culturas ejercen de forma permanente sobre las nuevas generaciones” (Pérez-Gómez 1995: 7). El ejercicio intelectual que profesores y estudiantes realizan día tras día en torno a los diversos saberes hace posible que la escuela siga existiendo aun en épocas en las que la información, el conocimiento y la formación fluyen por muchos otros canales y circuitos. Así, los medios y tecnologías de la información y la comunicación, la ciudad misma, los grupos de pares y las agencias tradicionales como la familia o las iglesias realizan su labor socializadora; sin embargo, la escuela logra re-contextualizar las otras vivencias e influjos a través del discurrir sobre dichos fenómenos articulando diversos tipos de saberes: universales, escolares, locales y experienciales.
A cada escuela entran los saberes que la humanidad ha venido decantando como fundamentales para que todo ser humano los apropie: las ciencias, las artes, las humanidades, la tecnología; también entran, aunque con menos importancia, los saberes locales que portan las tradiciones propias de las culturas particulares y se encarnan en los modos de vivir de cada comunidad; así mismo, con menos visibilidad, pero con igual o mayor fuerza entran los saberes experienciales que cada estudiante o profesor ha acumulado a través de su existencia, aunque muchas veces esos saberes son desconocidos, silenciados o proscritos. Todos estos saberes se domeñan desde los saberes escolares, instruccionales y regulativos, que definen qué y cómo se transmite y adquiere, y cómo se constituyen, mantienen, reproducen y legitiman las relaciones sociales de transmisión y adquisición (Bernstein 1990).
La escuela no es, pues, un espejo de la realidad ni un lugar vacío, tampoco es una agencia de reproducción. A pesar de los estereotipos que las reducen a labores de enseñanza-aprendizaje, de las rutinas que impone el sistema y de las múltiples demandas para responder a intereses económicos, políticos, sociales, religiosos o morales, las escuelas actuales son espacios dinámicos en los cuales se tematiza el mundo a través del diálogo entre sus actores y se establecen diversas relaciones de interlocución y cooperación con otras instituciones, con los contextos locales y con el mundo que fluye a través de los medios y de las redes de información y comunicación.
Aunque cada día
estudiantes y profesores se aíslan unas horas en la escuela, ellos portan, en
sus cuerpos y sus historias, fragmentos de los múltiples contextos en los que
viven. Así, las cotidianidades escolares no están ajenas a las realidades que
se tejen en la ciudad, por tanto, en cada instante de clase, en cada descanso y
en cada momento de entrada-salida, el mundo de los escolares es puesto en juego
en sus intercambios, en sus conversaciones y en sus imaginarios. Por ello, el acercamiento a las aulas permite concluir que,
“a pesar de las múltiples presiones que los profesores reciben para realizar
una labor centrada en la eficiencia, ellas y ellos han comprendido que en las
escuelas hacen sus vidas y también la hacen sus estudiantes. En consecuencia,
cada acto de clase es un acto creador y no una mera repetición de fórmulas, es
una constante poiesis que propicia
interacciones humanas de gran riqueza mediadas por el conocimiento y hace que
los minutos compartidos en las aulas, se conviertan en instantes de creación de
vida” (Rodríguez 2004a: 7).
Por más refractaria que quisiera ser la escuela frente a la ciudad y a los medios, éstos están ya incorporados a la vida escolar de la misma manera que lo están los textos, los libros, los laboratorios o los juegos, pues “la educación ha estado ligada de manera indefectible a los medios y ellos constituyen una condición de posibilidad de la educación, pero no algo que la determina” (Bustamante 2004: 118). Por eso, no se trata de recurrir a invocaciones para que los medios entren a la escuela, sino de pensar las alternativas de relación entre dos entidades sociales que históricamente han estado vinculadas por la naturaleza intersubjetiva de la comunicación y de la educación.
Aunque se piensa que hablar de los medios y las tecnologías de la información en la escuela es un asunto que remite al uso didáctico de las “ayudas audiovisuales”, hace ya tiempo muchos profesores dejaron de pensar desde esta perspectiva y se han planteado problemas mucho más complejos: la incidencia de los medios en la formación de los estudiantes, su influencia en los hábitos de estudio y en sus formas de aprender, la información y el conocimiento que adquieren por estas vías, las nuevas formas de lectura y escritura que provienen de la imagen y del hipertexto, las nuevas ciudadanías planetarias, las comunidades virtuales, las nuevas estéticas, las nuevas formas de solidaridad, etc.
Es desde este ángulo que pueden entenderse mejor las “trayectorias prácticas” (Huergo 1999) que encontramos al estudiar las maneras como las instituciones escolares de Bogotá incorporan, usan y se apropian de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación.
Tendencias
de incorporación, uso y apropiación de los medios y las tecnologías de la
información y la comunicación en las escuelas de la ciudad
El estudio Escuela, medios y nuevas tecnologías: una caracterización de las prácticas en Bogotá, adelantado por la Universidad Nacional de Colombia en el 2003, siguiendo la perspectiva teórica del campo comunicación/educación, identificó tres perspectivas de incorporación, usos y apropiación de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación en las instituciones educativas de la ciudad, según de la manera como cada escuela se posiciona a sí misma como espacio de encuentro y tensión entre la cultura escolar y la cultura mediática (Unal 2003). Aunque las tres perspectivas no se excluyen entre sí, la aproximación a las prácticas hace posible identificar una tendencia más marcada hacia una u otra de estas posibilidades (Rodríguez 2004b: 213).
Desde la primera perspectiva, se observa que algunas escuelas se aferran a “su modernidad” y asumen que su función consiste en llevar a cabo una tarea civilizadora, por tanto, la cultura escolar se configura como un entramado de discursos y prácticas para transmitir los conocimientos que tradicionalmente han configurado los currículos escolares y para formar en los valores que reproducen las estructuras sociales imperantes en las que la diferencia puede ser sinónimo de exclusión. Esta perspectiva, denominada informacional o instrumental, reduce los medios de comunicación a medios de enseñanza, considerándolos como “ayudas audiovisuales” que sirven para mejorar los procesos de aprendizaje y la transmisión del conocimiento o los relega a cumplir funciones de esparcimiento, pero sin establecer nexos entre las prácticas mediáticas y las prácticas educativas (Huergo 1999: 63). A través de estas prácticas, la escuela reproduce formas de comunicación jerárquicas y, en algunos casos, autoritarias, que caracterizan muchos aspectos de la vida escolar, disuelve los medios en funciones didácticas o los emplea para propósitos propagandísticos o moralizantes.
La ausencia del saber de la propia práctica pedagógica, como de los medios de comunicación, causa un divorcio entre las prácticas comunicativas y las prácticas educativas. Como resultado de ello las prácticas escolares con los medios de comunicación no pasan de ser más que prácticas puntuales que superponen los saberes escolares con el saber de sentido común que se posee sobre los medios, impidiendo que los medios se articulen a la vida escolar; por tanto, se niega la posibilidad de preguntarse desde perspectivas pedagógico-políticas acerca del sentido de los medios en la escuela y de sus posibilidades para dinamizar formas abiertas de comunicación con el mundo y con sus contextos locales.
La perspectiva de la comunicación social en la escuela, se caracteriza por llevar a cabo un estudio sistemático de los medios y de los códigos culturales mediáticos en el espacio formal del currículo, realizando una labor de mediación entre las culturas mediáticas y la cultura escolar. Mientras que la perspectiva informacional deja por fuera las consideraciones culturales de los medios de comunicación y los lleva a la escuela para implicarlos en prácticas de enseñanza tradicionales, la perspectiva de la comunicación social introduce los medios de comunicación a través de prácticas mediáticas: los medios de comunicación no son meras tecnicidades sino, ante todo, un campo de saber que entra a la escuela y se articula a la organización escolar por medio de centros o departamentos de comunicación que dirigen o coordinan comunicadores escolares. De este modo, la escuela ingresa al juego de la alfabetización posmoderna, en la que los medios son tenidos en cuenta desde un punto de vista “funcionalista o desarrollista, pero sin llegar a una idea crítica que considere adecuadamente las condiciones de conflicto estructural de nuestras sociedades. Esto, aunque se hable de desarrollar una visión crítica, como en ciertos manuales que combinan la utilización con la recepción y la producción de medios gráficos, radiofónicos o televisivos” (Huergo 1999: 63).
Los diversos medios de comunicación, en esta perspectiva, confluyen bajo la intencionalidad más o menos explícita de formar a los estudiantes en una lectura crítica de medios y en la capacidad para realizar producciones mediáticas a través de su acercamiento a los lenguajes y formatos propios de cada medio. Los noticieros y videos institucionales, la programación juiciosa de emisiones radiales o el diseño, elaboración, publicación y puesta en circulación de periódicos o revistas escolares constituyen los productos más frecuentes. En muchos casos se abre un espacio específico en el currículo, ya sea como una asignatura opcional, como una modalidad para el nivel de educación media o como proyectos que los estudiantes realizan bajo la dirección de un comunicador social. La perspectiva de la comunicación social puede ser entendida como la presencia de una propuesta comunicativa en un espacio educativo.
Aunque pueden prestar servicios de ayudas didácticas, los centros tienen una misión institucional de formar a los estudiantes en las dinámicas de los medios y en producir materiales comunicativos o didácticos. Por lo general logran desarrollar proyectos autónomos que, sin embargo, no involucran al profesorado ni articulan propuestas comunicativo-pedagógicas que jalonen transformaciones en las prácticas ni en las formas de comunicación al interior de la institución.
Desde una perspectiva de corte pedagógico-crítico, la escuela se consolida como un espacio de diálogo entre lo local y lo global que, a la vez, propicia la reconstrucción de vínculos comunitarios entre los sujetos y la estructuración de un pensamiento con visos de universalidad. La escuela se configura como una instancia de mediación cultural que hace posible la tramitación de las contradicciones sociales y culturales de la posmodernidad, antes que como una instancia de transmisión de conocimiento. Los medios de comunicación en este contexto “pueden responder a un modelo pedagógico crítico, que apunta a provocar instancias especialmente dialógicas frente al material utilizado”, que los integra en un proyecto educativo “esto es: no sólo se los percibe como supuestos facilitadores del aprendizaje o como recursos del docente, sino como enmarcados en una construcción curricular (cuya pretensión es articular lo sociocultural y lo institucional)” (Huergo 1999: 63).
La escuela, entendida como un espacio donde la cultura se vive, se interpreta, se reproduce y se recrea, y no sólo donde se aprende académicamente, “requiere la misma amplitud y flexibilidad que la vida, es decir, concebir el aula como foro abierto y democrático de debate, contraste y recreación de las diferentes perspectivas presentes con mayor o menor implantación en la comunidad multicultural de la sociedad postmoderna” (Gimeno 1998: 260). Así, la escuela actúa como productora, reproductora y contextualizadora del saber, de tal manera que posibilita “contextualizar las tareas de aprendizaje dentro de la cultura de la comunidad donde tales herramientas y contenidos adquieren su significado compartido y negociado” (Ibid).
La perspectiva pedagógico-crítica le permite a la escuela establecer un diálogo entre la cultura local, la cultura global y la cultura mediática que tiene implicaciones transformadoras en diversos ámbitos de la institución escolar: a) en la organización de la escuela, puesto que implica cambios en las relaciones entre los actores, impulsa la participación democrática en las decisiones colectivas y fomenta otras formas de trabajo que transciendan las lógicas enseñanza-aprendizaje; b) en el currículo, porque impulsa una dinámica curricular que se articula a partir de preguntas de investigación y no de contenidos escolares, haciendo posible el ingreso de nuevos saberes y nuevos códigos culturales a la escuela; y c) en la reconstrucción colectiva de las prácticas pedagógicas porque se trascienden las fronteras individualizadas de la enseñanza monodisciplinar, abriéndose a formas cooperativas de indagación y de búsqueda de respuestas más allá de los textos escolares.
Esta tendencia reconfigura las prácticas escolares a partir del entramado comunicación-educación-cultura y, de este modo, consolida a la escuela como una mediadora cultural que produce conocimiento sobre la realidad local. Los medios de comunicación en este sentido posibilitan a partir del uso y producción mediáticas, la circulación de contenidos culturales locales y la socialización de diversas prácticas culturales.
Todas las instituciones establecen nexos con los medios, y aunque se presentan énfasis según las perspectivas de análisis, no puede afirmarse que exista una separación entre la incorporación, los usos y las apropiaciones que las instituciones hacen de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, pues se incorporan con propósitos instrumentales, estratégicos o emancipadores, dependiendo de los usos que se hagan, y cada institución los apropia según los intereses de quienes desarrollen el trabajo con los medios, los propósitos institucionales y, sobre todo, las prácticas que realizan, las cuales no son estáticas pues el trajinar diario propicia formas diversas de usos-apropiaciones-incorporaciones.
Desde este horizonte, y apoyados en las recomendaciones que hicieron los comunicadores, profesores y estudiantes participantes en el estudio y en los aportes de los grupos de expertos, se formulan algunas orientaciones para promover la incorporación, usos y apropiación de los medios y las tecnologías de la información en las instituciones educativas bogotanas. A continuación se intenta responder a algunas preguntas que nos hacemos todos con el propósito de hacer factible el trabajo con los medios en la escuela.
¿Para
qué incorporar los medios y las tecnologías de la información y la comunicación
a la vida de la escuela?
La integración de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación a la vida de las escuelas, debe apoyar los procesos de democratización de la comunicación al interior de la institución escolar y apoyar la participación activa de nuestras escuelas en la construcción de una “ciudad moderna y humana, incluyente, solidaria y comprometida con el desarrollo del Estado Social de Derecho” (Plan de Desarrollo 2004-2008), en la cual cada sujeto pueda hacer libremente su vida y ejercer su ciudadanía. La incorporación y apropiación de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, a través de diversos usos, constituye una alternativa valiosa para hacer de la vida escolar una experiencia genuina de vida urbana, en la cual cada sujeto pueda aprender a convivir pacíficamente con otros, distintos y diversos, re-conociéndolos, aceptándolos, respetándolos y cooperando con ellos en la formulación y desarrollo de proyectos orientados a la construcción de un mundo común.
Abrir la comunicación en las escuelas y promover la integración de los medios y tecnologías de la información y la comunicación a las prácticas escolares hace posible alcanzar tres propósitos específicos: aprender a leerlos críticamente, a comunicarse a través de ellos y a usarlos pedagógicamente, haciendo que a la escuela entren las vidas de sus actores y que ellos puedan expresarse libremente, urdiendo relaciones de interlocución y cooperación para que la ciudad entre a la escuela y para insertar la institución escolar en la vida de la ciudad.
Acceder con propiedad a los diversos medios, comprender sus lenguajes, seleccionar un programa, un género o un formato y leer críticamente sus mensajes, estilos e intenciones, logrando contextualizar cada situación desde perspectivas histórico culturales amplias, constituyen retos para lograr una alfabetización audiovisual.
Comunicarse a través de diversos lenguajes y poderlo hacer por diferentes medios implica una formación en los aspectos técnico-instrumentales, en las gramáticas y sintaxis propias de cada uno y en el desarrollo de las capacidades narrativas para expresarse y para lograr interlocución genuina con las diversas audiencias.
Los usos
pedagógicos de los medios y las tecnologías de la información y la
comunicación, que van desde emplearlos para informar a la comunidad o para
apoyar procesos didácticos, hasta aprender a hacer con medios, o como parte
integral de ecosistemas comunicativo-educativos, implican abrir las múltiples
posibilidades de enriquecer la práctica pedagógica y trascender las fronteras
temporales y espaciales de cada escuela.
¿Qué
debe incorporarse?
Los medios deben entrar en forma integrada a la escuela, pues las experiencias que incluyen solamente un medio constituyen por lo general prácticas aisladas, puntuales, sin continuidad y marginales, sin suficiente respaldo institucional o sin incorporarse al PEI, al currículo o a las prácticas pedagógicas. Sin embargo, tal como lo planteara C. Freinet (1974) con la prensa, un solo medio puede dinamizar el trabajo con otros y orientar la acción en el marco del proyecto educativo de cada institución. De otra parte, debe resaltarse la urgencia de articular medios con tecnologías de información y comunicación para propiciar una educación que ubique a los ciudadanos en los nuevos contextos y supere la ruptura que presenta la organización actual, en la cual las tecnologías (denominadas comúnmente por la sigla TIC) son territorio casi exclusivo de los ingenieros; los medios, territorio de los comunicadores; y la educación, territorio de los educadores.
La inclusión de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación en el mundo escolar exige pensar y reconocer las características de la comunicación en la cultura escolar y en la cultura mediática, para que el “encuentro de los icebergs”, como lo llamó Germán Rey (2000), no produzca una torre de babel y haga posible la cooperación entre estas dos formas de interacción humana. En esta dirección, Ancízar Narváez plantea que en el encuentro escuela-medios “tenemos dos culturas, cada una con sus propios recursos sintáctico-semántico-narrativos y cada una en sus propios términos con distintas posibilidades de ser producida y consumida” (Narváez 2004: 103), opone la cultura del entretenimiento a la cultura académica, e identifica algunos rasgos de carácter semántico, sintáctico y narrativo en las dos culturas, los cuales resumimos esquemáticamente a continuación:
|
Rasgos
de la comunicación en la cultura mediática |
Rasgos
de la comunicación en la cultura escolar |
|
El universo semántico o de contenido de la cultura mediática es más
cercano a la cotidianidad, al sentido común y su contenido está constituido
por los siguientes elementos: §
Lo mítico §
Lo imaginario §
Lo afectivo §
Lo lúdico §
Sus contenidos son situacionales, cercanos a la
experiencia directa §
Forma competencias de pensamiento principal-mente
intuitivas y sintéticas §
Su aprendizaje es imitativo §
Sus textos son esencialmente historias (relatos)
locales o universales, incluso cuando se hace divulgación científica |
El universo semántico específico de la cultura escolar es el
resultado acumulado de la tradición lógico-racional propia de Occidente. Sus contenidos básicos
son: §
La reflexión lógico racional §
Las explicaciones que puedan ser soportadas
empíricamente o por lo menos cuantificables §
Las categorías o conceptos clasificatorios
permiten agrupar los conceptos §
Los contenidos intelectuales exigen una cierta
‘domesticación’ de la mente para hacerla sistemática y disciplinada |
|
Para representar lo
imaginario-sensorial y lo lúdico-afectivo, la cultura mediática recurre a formas sintácticas y narrativas que le son propias: §
La oralidad §
La iconicidad §
Las formas rituales de representación o recreación §
El relato |
Las formas de expresión o recursos sintácticos y narrativos que
caracterizan la cultura escolar son: §
La escritura alfabética §
Recursos simbólicos en vez de icónicos, y
abstractos en vez de figurativos §
En virtud de su carácter analítico, sus
significantes son altamente digitalizados §
Su forma de
organizar el contenido es el discurso argumentativo abstracto en el
cual se hilvanan ideas generales §
Esta matriz alfanumérica-analítica construye una
cultura discursiva que exige el ejercicio del logos |
Fuente: Narváez, Ancízar 2004: 97-102
Para Narváez, la cultura digital integra formas icónicas con simbólicas, cuyo contenido puede ser tanto el saber común como conceptos abstractos y su organización puede hacerse tanto por relatos como por discursos argumentativos, teniendo así dos culturas que circulan por la misma plataforma.
Incorporar los medios implica también que los actores escolares puedan apropiárselos y usarlos tanto en el contexto escolar y con propósitos pedagógicos, como en la vida cotidiana. Por ello, se hace necesario que los medios se conviertan en tema de estudio, debate y reflexión en la escuela. Con miras a promover unas relaciones más fecundas escuela-medios proponemos, siguiendo la experiencia del “Programa Escuela y Medios” del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina (Morduchowicz 2004), siete temáticas que deben ser estudiadas para comprender la complejidad de las relaciones comunicación/educación y las posibilidades de realizar una educación en y con los medios:
§ La naturaleza de la comunicación y las diferencias que existen entre la comunicación interpersonal y la que puede establecerse con los medios, precisando que los medios de comunicación son soportes técnicos que permiten ampliar nuestro conocimiento del mundo.
§ Los medios comunican representaciones, es decir, los medios no transmiten la realidad de manera transparente, comunican interpretaciones, lecturas o versiones de los fenómenos, construidas por los comunicadores según su opinión y posición.
§ Los mensajes son producidos por agencias que tienen unos intereses, unos fines y organizaciones diversas. Conocer las agencias, significa descubrir quiénes son los autores de los textos de los medios identificando su papel social, político y cultural, la complejidad de tales organizaciones, la división del trabajo a su interior y las relaciones entre lo público y lo privado.
§ Los lenguajes que los diferentes medios emplean para definir la manera como representan y comunican la realidad: el lenguaje escrito, gráfico, sonoro, visual, audiovisual, conformado por colores, formas, luces, sonidos, texturas, historias, etc.
§ Los géneros a través de los cuales se comunican los mensajes y se ponen en juego las intenciones de los autores: noticias, opinión, análisis, comedias, musicales, “realities”, etc.
§ Las tecnologías que cada medio o cada agencia emplea para producir, emitir y difundir los mensajes mediáticos y las que se han desarrollado para que su consumo sea mayor y más efectivo.
§ Las audiencias que cada medio y cada programa construye y el carácter activo de los receptores en cuanto son constructores de significados.
El conocimiento acerca de los medios y la acción con ellos, supone asumir la doble perspectiva práctica de los usos y las producciones. Así, los diversos medios (prensa, radio, video, cine, televisión) y las tecnologías digitales (Internet, video juegos), entrarán a la escuela como objetos de estudio y como medios para estudiar, aprender y comunicarse. Con miras a abrir horizontes en este sentido, el documento ofrece a los educadores y a los estudiantes unas consideraciones más detalladas para cada medio.
¿Cómo deben incorporarse?
En muchas instituciones, los medios han entrado como ayudas audiovisuales y las más organizadas tienen una videoteca o una fonoteca que presta servicios a los profesores y muy raras veces a los estudiantes. Los equipos están por lo general ‘bajo llave’ y se utilizan para las clases o para eventos oficiales, con excepción de los equipos de sonido utilizados en las emisoras escolares a los que tienen acceso los encargados de la radio. En estas instituciones que acogen los medios desde una perspectiva informacional, las prácticas pedagógicas los utilizan esporádicamente y de manera instrumental, como ayudas para la enseñanza o el aprendizaje; su visibilidad es mínima y su organización apenas llega, en el mejor de los casos, a una “Unidad de Ayudas Audiovisuales”, a cargo de una persona, casi siempre de nivel técnico, muy raras veces es un profesor con la formación y el tiempo de dedicación que le permita adelantar una tarea formadora en el campo.
En otras (la minoría), los medios se incorporan para apoyar proyectos de comunicación o comunicativo-educativos o constituyen un eje del trabajo institucional. En estas instituciones, que acogen los medios desde una perspectiva comunicacional o crítico-pedagógica, existen actividades dedicadas al estudio de los medios, tanto en sus aspectos técnicos como en la lectura crítica y la producción, ya sea que forme parte de otra asignatura (por lo general lenguaje o ciencias sociales y raramente en artes, aunque es la única área que los incluye de manera explícita en los lineamientos curriculares), se ofrezca como asignatura independiente, se trabaje desde diferentes asignaturas en una dinámica transversal, o que se consoliden proyectos específicos de radio, prensa, video o televisión bajo la dirección de un comunicador social, un profesor o un equipo de profesores. En estas experiencias de mayor desarrollo, además de contar con su presencia en el currículo y en las actividades pedagógicas, se han creado unidades tales como el Centro o el Departamento de Comunicación o un estudio de radio, video o televisión, a los que se dedican espacios y tiempos específicos y se asigna personal con formación específica y recursos técnicos, económicos y de apoyo.
Algunas de estas instituciones articulan su trabajo con los medios a los procesos de investigación que adelantan los estudiantes, ya sea desde las temáticas de alguna asignatura, o desde los proyectos que articulan diversas experiencias educativas y sus productos mediáticos dan cuenta tanto de los procesos como de los resultados. También se encuentran escuelas que han desbordado sus fronteras y han estrechado los lazos con las comunidades locales y los medios son una vía para adelantar proyectos que educan a estudiantes y comunidad y ponen en comunicación a unos con otros. En estos casos, la escuela se reconoce como una mediadora de la cultura que articula saberes locales con saberes universales y donde las experiencias de los actores son de gran valor para enriquecer los saberes escolares; el currículo se crea y se recompone dejando de ser únicamente el plan impuesto para desarrollar competencias que se exhiben en una prueba oficial para convertirse en un proceso de creación colectiva que reconfigura el sentido profesional de los educadores.
En muchas instituciones se considera que los medios son asunto de los comunicadores, los profesores de lenguaje, sociales o arte. Sin embargo, es claro que también se puede aprender ciencias naturales o matemáticas (conteo, cálculo, medición...), lenguas extranjeras, tecnología o valores con los medios y no sólo empleándolos como ayudas audiovisuales, sino aprendiendo a leerlos desde las diversas disciplinas y a comunicar las ideas de cada una a través de algún medio. Así mismo, la práctica pedagógica se enriquece y pierde la monotonía cuando un profesor puede emprender la aventura de comunicar su saber y de proponer a los estudiantes que lo comuniquen a través de un medio distinto al de la escritura alfabética. Exige, eso sí, rigor y dedicación, de lo contrario, lo que vemos en las aulas es la repetición grotesca de los noticieros, los dramatizados o los programas de concurso de la televisión.
Son múltiples las formas como pueden incorporarse los medios y las tecnologías de la información y la comunicación a la vida escolar y éstas varían de conformidad con el grado de desarrollo, los propósitos de la inclusión de los medios en la vida institucional, el compromiso de directivos y profesores, el nivel de acceso y participación de los estudiantes, la infraestructura de la institución y las posibilidades de abrir espacios a actividades diferentes a las regladas por las autoridades educativas. Las alternativas que hemos mostrado en esta sección vienen de múltiples experiencias y es posible que haya muchas otras formas de incorporar, usar y apropiarse de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación en las escuelas, tantas como la creatividad de directivos, profesores y estudiantes pueda poner en escena.
La decisión de articular los medios al proyecto educativo de la institución, al currículo y a las prácticas pedagógicas, ya sea por asignaturas, áreas, modalidades, de forma transversal o interdisciplinariamente, a través de proyectos comunicativos, o comunicativo-educativos, es un asunto que compete a la autonomía de cada comunidad escolar, procurando que la incorporación promueva múltiples formas de uso y apropiación orientadas a la formación de ciudadanos activos, respetuosos y solidarios. En este contexto, la formulación y desarrollo de un proyecto educativo-comunicativo que fortalezca una comunicación dialógica en la vida escolar constituye la alternativa que ofrece mayores posibilidades para realizar un trabajo con los medios que vaya más allá de las posibilidades instrumentales o funcionales y aporte a efectivamente a la transformación de la cultura escolar y a la inserción de la escuela en la vida de la ciudad.
Esta es una oportunidad para que las instituciones se pregunten por la importancia y el papel que la comunicación y los medios tienen en sus planes y en sus prácticas y, con base en ese análisis, emprendan acciones para incorporar decididamente la educación para la comunicación y la educación en y con los medios, como parte de la misión educadora de la escuela de hoy, elaborando sus propias agendas que les permitan iniciar o avanzar en procesos de democratización de la comunicación y de incorporación, usos y apropiación de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación. La interlocución y los trabajos cooperativos con otras instituciones que estén en procesos de búsqueda y construcción, el apoyo que pueda brindar la Secretaría de Educación y los procesos de formación de los agentes dinamizadores, serán seguramente de gran valor para abrir nuevos caminos.
¿Quiénes
incorporan los medios a la escuela?
Como se ha insistido en diversas partes de este documento, una comunicación para la educación y una educación que haga posible el encuentro entre sus actores, son indisolubles y no pueden ser consideradas fuera de un proyecto cultural que las cobije a las dos y que haga de los medios y de la escuela unos agentes vivos y partícipes de la construcción de la ciudad. En consecuencia, la inclusión de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación al mundo escolar, no es asunto exclusivo de los actores escolares -estudiantes y profesores-, sino que compromete a otros agentes: comunicadores, ingenieros, académicos, padres de familia y miembros de la comunidad local en la que se inscribe la institución.
Es evidente que quienes deben dinamizar el proceso son los educadores y los comunicadores. Para ello, se requiere trabajar mancomunadamente buscando formas de interlocución y cooperación que conlleven a propuestas que puedan ejecutarse tanto en la escuela como en los medios. Al hablar de los profesores debe dejarse en claro que la inclusión de los medios y su apropiación en la escuela, exige un compromiso del profesorado y los directivos en conjunto y no sólo de algunos “gomosos”. Comunicadores no sólo son los especialistas en comunicación social, sino todos aquellos que trabajan en procesos de búsqueda, organización y difusión de información a través de los múltiples medios y canales que hoy conocemos; por ello, los ingenieros y técnicos constituyen parte vital de la dinámica para articular comunicación con educación.
De otra parte, las observaciones realizadas y las constataciones en otros contextos, se observa que los niños y los jóvenes son los más entusiastas a la hora de poner en marcha actividades o proyectos mediáticos. Ellos llegan a la escuela habiendo consumido miles de horas de radio y televisión y durante su escolaridad pasan otras miles, al punto que superan el tiempo dedicado a la escuela. Esta cercanía al mundo de los medios, muchas veces desconocida por los maestros, hace que emprendan aventuras insospechadas como se puede comprobar cuando se hace seguimiento a las emisoras escolares o a proyectos de video o televisión. Este entusiasmo y la ‘innata facilidad’ que muestran, exige de los adultos que reconozcan en los niños y jóvenes un saber que viene desde los medios y que ha configurado, no sólo su repertorio de información y conocimiento, sino sus formas de percibir, pensar, actuar y aprender.
El encuentro intergeneracional hace visibles a los niños y jóvenes porque sus maestros los reconocen como sujetos, portadores de saberes y de historias que se desconocen en el aula. A su vez, los adultos son reconocidos como seres que aprenden y no solamente como funcionarios de la enseñanza. Este acercamiento de lógicas y tiempos estimula a unos y a otros para entrar en diálogo sobre asuntos que competen a ambos y sobre los cuales pueden realizar acciones de cooperación.
En los proyectos mediáticos se logra también una inusitada participación de los padres y de otros agentes de la comunidad, ya sea para debatir los efectos de los medios o para participar en la producción, al punto de considerar el trabajo sobre y con medios como un valioso camino para fortalecer las relaciones de la escuela con las familias y con los entornos locales.
La interlocución y cooperación entre profesores de diversas áreas, entre profesores y estudiantes y entre actores escolares y actores externos, son factores fundamentales para llevar a buen término los proyectos en los que se incorporan los medios. Estas relaciones múltiples, de carácter interdisciplinario, interestamental, intergeneracional e interinstitucional hacen posible que los aprendizajes vayan más allá de los aspectos cognitivos, incidiendo en las vidas de quienes participan en una aventura compleja y en las relaciones de la escuela con su contexto, con el saber y con la cultura.
Para que las dinámicas logren comprometer a los diversos actores se requiere que las instituciones propicien espacios abiertos y flexibles que inviten a la participación, pues las experiencias y los proyectos con mayor vitalidad son aquellos que tienen profesores y estudiantes comprometidos. Sin embargo, con miras a generar procesos de mayor alcance y de más largo plazo, es conveniente que exista una organización que bien puede hacerse en torno a Comités Coordinadores para que asuman de manera más estable la formulación, ejecución y evaluación del proyecto comunicativo en la escuela. En estos comités deben tener igual cabida profesores, estudiantes, directivos, administrativos, padres de familia e incluso representantes de la comunidad local. Así mismo se sugiere dinamizar colectivos de profesores, padres de familia y de comunicación local promovidos desde la escuela, con el fin de ir generando sociedad civil frente a la temática comunicación/educación en la ciudad desde una perspectiva crítica y alternativa de comunicación social.
La formación de los agentes dinamizadores del proceso
Uno de los aspectos fundamentales para que los medios puedan ser incorporados de manera efectiva en nuestras escuelas y para que los usos dejen de ser instrumentales, incidiendo en las vidas de sus agentes y en las relaciones de la escuela con la cultura y con su entorno es, sin duda, la formación que se debe ofrecer a quienes dinamizarán los procesos y liderarán formas diversas de apropiación. Por las experiencias que se han podido documentar, parece que hay cuatro agentes principales: los niños y jóvenes, los educadores (profesores y directivos), los comunicadores y los ingenieros (tanto los ingenieros de los medios -sonido, imagen...- como los informáticos y telemáticos). No quiere decir que se desconozcan otros agentes, como los padres, sino que en una perspectiva práctica y con miras a fortalecer una línea de acción en la ciudad, la formación debe dirigirse en primera instancia a estos cuatro grupos.
Para el caso de la formación en medios y tecnologías de la información y la comunicación es altamente estimulante el trabajo conjunto de niños/jóvenes y adultos, pues la facilidad que las nuevas generaciones tienen para operar los aparatos y de acercarse a la información de imágenes y a los relatos, ayuda a los adultos a familiarizarse con los nuevos formatos, pues el pensamiento lógico de los maestros, acostumbrados a comunicarse a través del discurso argumentativo, encuentra dificultades a la hora de relacionarse con las lógicas mediales y digitales. De otra parte, el saber académico y la experiencia de los maestros brinda pautas para buscar, seleccionar y analizar la información y para organizar las ideas con miras a ser comunicadas por algún medio.
En relación con los contenidos de la formación, cabe indicarse que existen al menos dos grandes ejes: comprender la naturaleza de los medios y poder comunicarse a través de uno o más de ellos. Entender que los medios son construcciones históricas y, como tales, representan diversas realidades y lo hacen de diversa manera, según los intereses económicos, políticos, sociales o culturales que mueven a quienes están detrás de lo que sale al aire; conocer sus lenguajes, identificar sus rasgos semánticos, sintácticos y narrativos, la historia, las características de su soporte material y sus condiciones técnicas, para ser leídos y para comunicarse, constituyen algunos de los asuntos del primer eje. De otra parte, desarrollar la experticia necesaria para comunicarse por un medio, implica tanto el conocimiento de los aspectos formales y técnicos de cada medio, como principios de comunicación y de comunicación mediatizada que comparten los diferentes medios.
Los profesores, desde su formación inicial, deben ser introducidos en múltiples alternativas de comunicación y en diversos lenguajes. Dado que la formación tradicional los prepara fundamentalmente para enseñar, práctica que privilegia la palabra del maestro, se hace necesario que el nuevo educador se prepare también para escuchar, para ver y para leer en sus estudiantes la riqueza que ellos portan y para permitir que otras voces y otros lenguajes entren al aula de clase. Así mismo, los directivos de las instituciones escolares que entienden el sentido y la importancia de los medios para la educación, estimulan múltiples posibilidades de trabajo con los medios y apoyan las aventuras que maestros y estudiantes emprenden. En consecuencia, se hace necesario que ellos también puedan ser formados en los diversos lenguajes y en el potencial educador de los medios.
Si bien, los comunicadores poseen una formación más profunda acerca de la comunicación y los medios y los ingenieros acerca de las condiciones materiales y de los protocolos técnicos, no puede desconocerse que, en general, su saber acerca de la educación es precario. En los procesos de formación interdisciplinaria, unos y otros se enriquecen: los educadores aprenden de la mirada desde los medios y desde sus condiciones técnicas, los comunicadores, de la educación y los protocolos, y los ingenieros, acerca de la comunicación, la naturaleza de los medios y la naturaleza de la educación. Urge, pues, adelantar programas educativos que conjuguen los diversos campos, tengan en cuenta el saber y la experticia de estos tres agentes y brinden múltiples posibilidades de encuentro y cooperación para que todos puedan participar efectivamente en la construcción del campo complejo comunicación/educación.
La formación debe articular siempre la teoría con la práctica y propiciar actividades que pueden ser abordadas en conjunto por personas con grandes diferencias, para que descubran en la construcción las posibilidades de encuentro y de colaboración que en otras circunstancias hubiera sido imposible asumir.
Con relación a las estrategias de formación, es necesario propiciar alternativas de profundización en la formación de pregrado, promover la formación de postgrado en la campo de comunicación/educación, buscando que se ofrezca una sólida formación teórica combinada con alternativas de práctica en las instituciones escolares a través de investigaciones y pasantías. Así mismo, para brindar una formación cualificada a quienes hoy están en servicio y promover experiencias y proyectos innovadores de comunicación y medios en la escuela, se requiere una acción concertada entre la Secretaría de Educación, las universidades, los medios y las instituciones escolares. En esta dirección, se debe incluir la temática en la oferta de formación permanente; brindar oportunidades de comisiones y becas para profesores en servicio; promover y fortalecer redes interinstitucionales que permitan aprender de la reflexión y las experiencias; promover foros locales para analizar la temática desde la teoría, las investigaciones, las innovaciones y las experiencias; e incluir la formación en comunicación y medios en los planes anuales de formación de las instituciones educativas.
Las formas de organización
Para poner en marcha las propuestas con miras a mejorar el nivel técnico de las experiencias y proyectos; mejorar la calidad de los productos mediáticos de las instituciones escolares; promover la alfabetización audiovisual y la lectura crítica de medios de comunicación; involucrar la comunidad educativa a los desarrollos en cada medio de comunicación; incorporar los medios y TIC a los procesos curriculares y a los PEI, y encontrar caminos para ir más allá de los ámbitos escolares involucrando los contextos locales, se requiere que existan algunas formas de organización para que diversos actores asuman funciones y tareas diferenciadas, pero complementarias, articulen la acción de diversos organismos y entidades y pueda rendirse cuentas de los procesos y de sus resultados.
Por el interés y liderazgo que la Secretaría de Educación del Distrito Capital y el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico de Bogotá -IDEP- han demostrado y ejercido, y por la capacidad de convocatoria y la cobertura en toda la ciudad, la SED es la llamada a convocar y orientar los procesos. Para ello, debe fortalecerse el actual núcleo de medios, establecer una estrecha asociación con la unidad de comunicación del IDEP y con la Dirección de Servicios Informáticos que administra la Red Integrada de Participación Educativa -RedP-. Así se puede articular un trabajo que abarque la formación de los agentes dinamizadores, el máximo aprovechamiento de la infraestructura y el estímulo para la innovación, la investigación y la promoción de espacios de encuentro para la interlocución y cooperación entre el Estado, los medios, las instituciones escolares, la academia y los públicos. Entre las acciones prioritarias, pueden destacarse:
§ Avanzar en dirección a formular una política pública de comunicación/educación y un programa de educación en medios y tecnologías de la información y la comunicación, convocando a diversos actores para que, formulada desde la base, pueda luego llevarse a la práctica. En esta dirección, se debe invitar a las instituciones que han avanzado en programas de educación en medios para aprender de sus experiencias.
§ Incentivar la innovación en las instituciones escolares, promover la creación de proyectos comunicativo-educativos articulados a los PEI de algunas instituciones y fortalecer aquellos que han trabajado en esta dirección. Estas iniciativas se pueden apoyar a través de convocatorias que brinden recursos para la formación de agentes dinamizadores, acompañamiento a los procesos, consolidación de los proyectos, fortalecimiento de la infraestructura y divulgación de las experiencias.
§ Crear incentivos que promuevan la articulación de los medios de comunicación de interés público y los canales y emisoras comunitarias con las instituciones escolares, con miras a fortalecer el derecho a la información, apoyar las iniciativas comunicativas de carácter alternativo y abrir nuevas posibilidades de aprendizaje en las escuelas.
§ Promover la creación de observatorios de medios en las instituciones educativas del Distrito con el propósito de incentivar desde allí la educación en medios y la participación de la escuela en los medios de comunicación de la ciudad.
§ Crear en la ciudad la Cátedra de Comunicación/Educación y el Foro Bogotano de Comunicación y Medios para que, de forma permanente, pueda ofrecerse un espacio de debate y de formación.
§ Crear o fortalecer unos centros multimedia en algunas localidades, con el ánimo de prestar servicios de equipos para producción, materiales audiovisuales, formación, asesoría y espacios de encuentro. Quizá, las mejores condiciones se encuentran en las bibliotecas públicas o en algunas instituciones educativas que, por su ubicación, infraestructura y reconocimiento en el contexto pueden cumplir una función dinamizadora de procesos.
§ Promover la organización de redes de instituciones escolares, medios, universidades y otras organizaciones tales como ligas de padres u observatorios de medios con miras a fortalecer los espacios de interlocución y cooperación.
§ Apoyar la investigación en el campo de comunicación/educación y estimular la participación de la comunidad académica en las escuelas abriendo convocatorias para que puedan realizar investigaciones desde los medios, desde las instituciones escolares, desde la universidad y desde otras agencias.
§ Abrir convocatorias para plazas docentes que puedan asumir las tareas propias de la incorporación, uso y apropiación de los medios y las tecnologías de la información y la comunicación en las instituciones escolares. Puede crearse el Programa de Formación para la Educación en Medios, con el propósito de formar un grupo de dinamizadores conformado por profesores, comunicadores e ingenieros que, trabajando en equipo, promuevan la incorporación, uso y apropiación de los medios.
§ Promover colectivos de comunicación en las localidades de la ciudad conformados por docentes, asociaciones de padres de familia, estudiantes, instituciones educadoras, medios locales de comunicación y ciudadanos, alrededor de los cuales se gesten proyectos comunicativos y se promuevan los observatorios de medios de comunicación.
§ Incentivar desde los colegios y las localidades la conformación de asociaciones, colectivos y redes de padres y madres tele radioyentes orientados a promover la formación ciudadana en medios, la cooperación para incidir en la toma de decisiones sobre los productos culturales comunicativos de la ciudad y ejercer el derecho a la información y la veeduría ciudadana en el tema.
§ Promover en las instituciones escolares la formulación de proyectos comunicativo-educativos y de incorporación de los medios, articulados al PEI y al proyecto curricular, orientados a propiciar escenarios de relaciones más dialógicas, a propiciar el trabajo interdisciplinario y a integrar los diversos medios y las tecnologías de la información y la comunicación. Estos proyectos deben contar con la participación de estudiantes, profesores, directivos, padres de familia y vincular a la comunidad local. Para garantizar su buen desarrollo, deben ser aprobados por parte de los Consejos Académicos, reglamentados para que puedan llevarse a cabo y ser provistos de los tiempos, espacios y recursos que demanden.
§ Cada institución debe considerar y poner en marcha las formas de organización que, según sus características, se adecuen mejor para el desarrollo de campo comunicación/educación. Entre ellas, la conformación de comités, colectivos de trabajo, observatorios, programas, centros o departamentos que asuman de manera más estable la formulación, ejecución y evaluación del proyecto comunicativo en la escuela.
En el marco de la política educativa formulada por el Plan Sectorial de Educación 2004-2008, Bogotá: una gran escuela, se propone que en los programas de “Transformación pedagógica de la escuela y la enseñanza”, “Escuela-Ciudad-Escuela”, “Educación para jóvenes y adultos”, “Acceso y permanencia para todas y todos” y “Gestión educativa humana, eficaz y sostenible”, se incorporen, usen y apropien los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, propiciando formas que le permitan al sector educativo entrar en interlocución y cooperación con los medios y no sólo tratarlos como herramientas de ayuda. Es urgente que el propio sector supere la visión instrumental de los medios y reconozca desde una perspectiva pedagógico-crítica el valor de estrechar lazos con estas nuevas agencias culturales y educadoras.
Al interior de las instituciones escolares se hace necesario que se reflexione en torno a los PEI, los proyectos curriculares y las prácticas pedagógicas y de evaluación, con miras a estrechar las relaciones de la escuela con su contexto próximo, con la ciudad y con el mundo. Se deben flexibilizar las dinámicas internas abriendo un espacio real y visible para los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, que vaya más allá de los límites de una asignatura o un área de informática o tecnología. Incorporar el estudio de los medios y las posibilidades de comunicación a través de diversos lenguajes, así como sus usos pedagógicos, son tareas que la escuela bogotana está en mora de emprender.
Reconocer el papel educador que cumplen los diversos medios que hoy circulan en la escuela: el periódico escolar, la emisora o los proyectos de video, televisión o Internet constituye un primer paso para consolidar un proyecto comunicativo-educativo; por tanto, articularlos al PEI, al currículo y a los procesos pedagógicos, y acometer acciones tendientes a promover la formación de dinamizadores, brindar oportunidades de exploración e innovación, involucrar a la comunidad educativa al trabajo con los medios y apoyar con recursos, son asuntos que deben entrar en las agendas escolares de los próximos años.
Y...
¿la evaluación?
Si consideramos que la evaluación cruza la vida de la escuela y hace visible lo cotidiano (Santos-Guerra 1990), debemos reconocer que en un contexto en el cual se incorporen, usen y apropien los medios y las tecnologías de la información y la comunicación, las prácticas evaluadoras deben también incorporar cambios. De conformidad con los lineamientos de evaluación de la educación que la SED está impulsando, se propone que la evaluación cambie también en sus intenciones y en sus procesos.
La evaluación, por lo general centralizada en la función de promover al estudiante aprobando, reteniendo o reprobando, o de ejercer control sobre procesos, resultados y sujetos, debe ser reorientada hacia la posibilidad de comprender la nueva realidad que está generando el desarrollo de un proceso. No se trata de evaluar para contrastar lo esperado con lo realizado o lo logrado, sino de evaluar para que los sujetos involucrados en un proceso tomen conciencia sobre aquello en lo que están implicados y, en consecuencia, acuerden y decidan los caminos que puede tomar la acción.
La comprensión de los procesos se construye a partir de la diversidad de miradas que los actores y los observadores externos tienen sobre un proceso o sobre un producto mediático. Por esta razón, el ejercicio de la auto-evaluación, acompañado de procesos de interlocución cooperativa o co-evaluación y confrontado con las miradas externas o hétero-evaluación constituye una valiosa ayuda para tomar conciencia y acordar cambios o continuidades. Desde esta perspectiva, articular las dinámicas de evaluación con procesos de investigación realizada a través de las universidades o de las mismas instituciones escolares, constituye un camino que amplía el horizonte, aporta rigor y ayuda a explorar y consolidar formas alternativas para evaluar.
Si entendemos que nuestra relación con los medios constituye un encuentro con un bien cultural, los tópicos que deben ser evaluados en un proyecto mediático están estrechamente relacionados con las dinámicas de producción, circulación, recepción, usos y apropiación de dicho bien. Así, en los proyectos que involucran la comunicación medial, deben atender en la evaluación a los procesos de preproducción, producción y posproducción; a los procesos de circulación de su producto (periódico, programa radial, video, programa de televisión, página Web, etc.) a través de diversos canales o medios; a las reacciones que suscita el bien entre los diversos públicos y audiencias; y a los usos y formas como los receptores se apropian del bien o producto. La evaluación de los procesos de producción y circulación pone su atención sobre el bien y sobre sus autores; y la evaluación de los procesos de recepción, usos y apropiación centra su mirada en los usuarios, que muchas veces son colectivos de profesores o estudiantes.
La evaluación que aquí se propone no se dirige sólo a los estudiantes, pues si hablamos de la realización de proyectos mediáticos, que involucran a profesores y a otros actores, se hace necesario que las valoraciones cobijen también las formas de participación de estos agentes, así como los proyectos mismos y las condiciones contextuales en las que se llevan a cabo. Una perspectiva de evaluación texto-contexto, es mucho más rica y se adecua mejor a las perspectivas abiertas de los medios. Es así como la evaluación continua que permita reconocer los procesos, avances y dificultades de la apertura de la escuela hacia formas más abiertas y dialógicas de comunicación e interacción entre los sujetos adquiere una importancia estratégica, por cuanto no basta con desarrollar procesos de incorporación, usos y apropiación de los medios, si la comunicación cotidiana del aula, del recreo o de la dirección es autoritaria o persuasiva, pero impide procesos de emancipación y de consolidación de tejido social. Una evaluación que haga una mirada comprensiva de los procesos de comunicación interpersonal con las formas de comunicación medial dará pistas sobre el papel de nuestras escuelas en la construcción de una ciudad mas humana, participativa y democrática.
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Inédito.
SEGUNDA PARTE
LA PRENSA, LA RADIO, EL VIDEO
Y LA TELEVISIÓN
EN LA ESCUELA
La primera parte del documento planteó tanto los
aspectos conceptuales como las alternativas para la incorporación, usos y apropiación
de los medios en la escuela, en el contexto de una política pública de
comunicación/educación en la ciudad y de una educación en medios. Allí se
formulan elementos que seguramente permiten iniciar el debate del asunto en
Bogotá y servirán a la Secretaría de Educación del Distrito Capital como insumo
para impulsar en el marco del Plan Sectorial de Desarrollo Bogotá, Una Gran Escuela las acciones que conduzcan a
formular, promover y desarrollar programas y proyectos de mediano y largo plazo
en acerca de las relaciones escuela-medios.
Esta segunda parte, presenta a los educadores y a otros agentes dinamizadores, algunos aspectos básicos de cuatro medios que están hoy en las escuelas, pero que pueden enriquecer su presencia dinamizando alternativas de comunicación dialógica y propuestas educativas que aporten decididamente a la transformación de la escuela y a su resignificación social, haciéndola protagonista de la construcción de una ciudad más “moderna, humana, incluyente y solidaria” como lo propone el actual plan de desarrollo de Bogotá.
Los cuatro capítulos, escritos por comunicadores sociales que trabajan directamente en cada medio y han estado comprometidos en proyectos culturales y educativos de carácter público, tienen una estructura común, que se desarrolla según las características del medio y el sello propio de sus autores. En cada uno, el lector encontrará una somera descripción del medio, su historia, su lenguaje, géneros y formatos, su relación con la escuela, algunas experiencias que existen en Bogotá, las orientaciones que permiten lograr los tres propósitos de educar con el medio, educar en el medio y educar para producir con el medio y un esquema de alternativas de producción, asociadas con los recursos que se necesitan y con algunos propósitos pedagógicos a los que sirven.
Como se indicó en el capítulo 3, existen muchas alternativas de incorporar los medios a la escuela y de avanzar en formas de uso y apropiaciones para diferentes fines; sin embargo, se considera que la formulación de un proyecto comunicativo/educativo en la escuela va más allá de las relaciones de la escuela con los medios y abre espacios para promover una comunicación más abierta y democrática, que incide en la democratización misma de las relaciones y en la formación para la libertad, la convivencia y el ejercicio de la ciudadanía.
Llevar
el periódico a la escuela es hacer que el niño se inicie en la vida ciudadana y
se
acostumbre al ejercicio de la crítica,
ahuyentadora de los dogmas y de sus parientes
más próximos,
la
intransigencia y el autoritarismo.
Llevar
el periódico a la escuela es asegurar una mejor formación al ciudadano.
Pedro
Crespo de Lara,
Presidente de la Asociación
de Editores de Diarios Españoles
Si hay un pedagogo que haya incorporado seriamente la prensa en la escuela, ese es Celéstine Freinet. Su libro L'imprimerie à l'école (Francia 1927), muestra las posibilidades de la imprenta como medio pedagógico de comunicación. Las técnicas Freinet ofrecen novedosas posibilidades en diferentes campos del aprendizaje, especialmente en el lingüístico. Pero, ¿qué le dice este maestro francés del siglo pasado al maestro bogotano de hoy? En ese entonces, la prensa y los talleres de imprenta constituyeron un trabajo noble, por excelencia, destinado a la difusión de las ideas. Los tiempos han cambiado. Hoy tenemos exceso de información, pero escasez de comprensión y compromiso en cuanto a la construcción de un proyecto social.
En los albores
del siglo XX, la imprenta era un trabajo manual para plasmar y difundir el
pensamiento. A pesar de los avances tecnológicos: las rotativas, los programas
de diagramación, y la edición electrónica, la prensa sigue siendo un lugar
donde se busca conservar el uso correcto del idioma. Lo más sorprendente de las
técnicas Freinet es la insospechada vigencia que adquieren en tiempos de la
sociedad digital.
Imprimir exige un proceso de edición. No se imprime de cualquier manera. Quizás la imprenta sea uno de los pocos lugares donde puedan resguardarse la ortografía y la puntuación. Querer imprimir es querer comunicar a gran escala. Imprimir es analizar el idioma, buscar la palabra y respetar la ortografía, partiendo de textos libres, debatidos y modificados colectivamente. Pero, además, querer imprimir es querer decirle algo a alguien. Es querer transmitir una voz y un mensaje. El estudiante impresor se enfrenta con la exigencia de la legibilidad. Las faltas no son errores sancionados sólo por el maestro, sino obstáculos para la comunicación” (Legrand, 1993).
Freinet tenía muchas inquietudes sobre el ejercicio de la docencia. Asistió a un encuentro de escuela activa en Ginebra, del que volvió decepcionado porque los recursos allí presentados eran sofisticados y caros. Esos grandes maestros no se percataban del contexto social y económico que implicaban sus métodos innovadores, sólo posibles en la escuela privada, pero no transferibles a la pública. Un día, mirando un catálogo de ventas, encuentra una imprenta manual, sencilla, relativamente barata y fácil de usar por los niños y visualiza la introducción de este aparato en el salón (Kaplún 1998).
Implanta en el aula el periódico escolar; pero no entendido como “actividad complementaria o extracurricular” —como suele ser puesto en marcha en nuestros días— sino como el eje central y motor del proceso educativo. El salón de clase se transformó en una sala de redacción a la vez que en taller de composición e impresión. (...) Todo cuanto los niños aprendían, investigaban, reflexionaban, sentían y vivían lo volcaban en las páginas de su periódico, enteramente redactado, ilustrado, maqueteado e impreso por ellos.
Freinet denominó “producto social” al fruto del trabajo realizado por sus estudiantes. La prensa en la escuela -afirma Freinet- tiene un fundamento psicológico y pedagógico: la expresión de la vida de los estudiantes.
Se argüirá que lo mismo podría lograrse con la expresión manuscrita individual. Pero no es así. Escribir un periódico constituye una operación muy diferente a ennegrecer un cuaderno escolar porque no existe expresión sin interlocutores y como en la escuela tradicional la redacción sólo está destinada a la censura o corrección por parte del maestro, por el hecho de ser un “deber” no puede ser un medio de expresión. El niño tiene que escribir para ser leído por el maestro, por sus compañeros, por sus padres, por sus vecinos. El niño que comprueba la utilidad de su labor, siente liberar en su interior una imperiosa necesidad de actuar, buscar y crear. A medida que escriben y ven sus escritos publicados y leídos, va despertando su curiosidad, su apetencia de conocer más. Buscan ellos mismos, experimentan, discuten, reflexionan. El periódico ha cambiado totalmente el sentido y el alcance de la pedagogía de mi clase porque da al niño conciencia de su propio valer y lo transforma en actor, lo liga a su medio social, ensancha su vida.
La escuela transitó antes que los medios masivos los caminos de la historia. Los medios aparecieron tardíamente, pero con una fuerza arrolladora y un crecimiento exponencial. De alguna manera, los medios de comunicación desplazaron parcialmente los púlpitos más tradicionales: la escuela y la iglesia. No obstante, los diferentes fines de cada uno -formar e informar-, la teoría y la práctica han llevado por diferentes caminos a puntos de encuentro, que permiten múltiples abordajes.
La prensa o periodismo impreso es “un sistema de comunicación tecnificado, que procesa acontecimientos, ideas y sentimientos procedentes de una o varias fuentes, para transmitirlos a su destino mediante un canal llamado periódico (Assaf 2000). Son tres los rasgos principales de la prensa: actualidad, periodicidad y difusión (Dovifat 1964). Es importante que la información sea reciente, que se publique regularmente, marcando un ritmo vital, y que se difunda entre la mayor cantidad posible de lectores.
El periódico busca y recoge la noticia, la analiza y la transmite. Una publicación periódica aparece en forma regular, sea semanal, mensual, trimestral, etc.; está compuesta de un número variable de hojas impresas y ahora digitales, que tratan la actualidad informativa a escala local, nacional e internacional.
La libertad de expresión y de prensa, en particular, es el derecho sobre el cual se fundamenta el periodismo. La empresa periodística sirve al bienestar público en la medida en que hace posible el derecho a la información y, a su vez, la escuela está al servicio del derecho a la educación. La prensa y la escuela se encuentran en la intersección de derechos y libertades.

La relación prensa – escuela tiene dos pioneros. Desde la perspectiva de la educación, con un carácter emancipador y una función política, fue Celéstine Freinet; desde la perspectiva del periodismo, con una función comercial y didáctica, la Asociación Mundial de Prensa, que busca “defender y fomentar la libertad de prensa y la independencia económica de los periódicos como condición indispensable de esa libertad”.
Se ha extendido la definición anglosajona de la prensa como “cuarto poder”, basada en la credibilidad que tienen los lectores en la palabra impresa. Fue el estadista británico Edmund Burke (1729 – 1797) quien se refirió a la prensa como el cuarto poder después de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
La credibilidad en la prensa se fundamenta en su intención de imparcialidad. Este concepto resulta de valor en una sociedad democrática, pues está ligado a la justicia y al respeto del derecho al buen nombre que tenemos cada uno de los ciudadanos que hacemos parte de ella. Una segunda escuela de periodismo, la europea, “ve a la prensa como un actor más en la lucha política. Por eso su fuerza está representada en la defensa de un ideal o una causa. Cuanta más emoción, mejor para el lector. Los mejores textos periodísticos se han escrito con pasión, transmiten que uno está verdaderamente vinculado y metido en el asunto del cual escribe. La emoción da fuerza al texto” (Kapuscinski 2003).
La incorporación del periódico en el aula y la producción del periódico escolar, el periódico mural o el periódico digital, realizada colectivamente por los maestros y los estudiantes, constituyen dos manifestaciones diversas y complementarias de lo que entendemos por prensa en la escuela.
El asunto de comunicar se remonta a los orígenes, pues a la tradición oral le siguió la escritura. Indagando por ella, hallamos papiros egipcios y pergaminos de culturas milenarias como los persas, griegos, etruscos y celtas. Pero en relación con el periodismo propiamente dicho, debemos detenernos en la Roma del siglo XV.
Frente al dorso mutilado de Ayax, una estatua del siglo III antes de Cristo, empezaron a publicarse sátiras y denuncias contra la autoridad eclesial y a comentar los sucesos y hablar de los personajes del día. Dicen que era Pasquino, un zapatero o sastre jorobado del siglo XV que tenía su taller cerca del lugar, quien fijaba los panfletos. De allí viene el término pasquín. El lugar se fue haciendo famoso por las frases mordaces, las cuales respondía con un humor otra estatua, bautizada con el nombre de Marforio. Una especie de “Tola y Maruja” de la época.
De los medios masivos, el más antiguo es el periódico a raíz del perfeccionamiento de la imprenta por Johann Gutenberg, en 1438. El primer periódico impreso vio la luz en Alemania en 1457 y le sucedieron numerosas publicaciones en diferentes países europeos, que son la historia de un largo proceso de evolución y desarrollo del periodismo en Occidente. En 1493, circuló por Europa una hoja titulada “Descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón”. Todas las publicaciones hasta 1600 son ocasionales y sin periodicidad fija, como la Hoja de México de 1541, que hablaba del terremoto de Guatemala, de ese año.
Es también a partir de un terremoto que “se publica por primera vez en Colombia[1] el Aviso del Terremoto y la Gaceta de Santafé (1785), publicaciones que sólo se editaron una vez, pero que catapultaron al padre del periodismo colombiano, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Años más tarde, en 1791, él mismo funda el Papel periódico de la ciudad de Santafé, primer periódico oficial de la capital”.
Los orígenes de la prensa en Colombia están estrechamente relacionados con la vida política nacional. Los primeros periódicos son panfletarios y su fin principal es la agitación política. El Papel Periódico Ilustrado, dirigido por el general Alberto Urdaneta, modificó el estilo hacia la narrativa. Sin embargo, aún no tocaba las puertas de la escuela, principalmente, porque la prensa está dirigida a un público adulto, con poder adquisitivo y en capacidad de ejercer sus derechos y cumplir sus deberes como ciudadano. Los periódicos empiezan a incorporar una sección para niños y jóvenes, en las páginas dominicales en la segunda mitad del siglo XX, fortalecida ante todo por el uso del cómic, dirigido a niños y jóvenes.
La prensa se matriculó en la escuela bogotana
Aunque la Ley General de Educación hace
explícito que “los establecimientos educativos que ofrezcan el servicio por
niveles y grados, (...) deberán disponer de un órgano de difusión de carácter
académico” (artículo 141), la historia de la prensa escolar data de décadas
atrás la prensa se matriculó en la escuela bogotana.
Aunque la Ley General de Educación
hace explícito que “los establecimientos educativos que ofrezcan el servicio
por niveles y grados, (...) deberán disponer de un órgano de difusión de
carácter académico” (artículo 141), la historia de la prensa escolar data de
décadas atrás.
El Aguilucho, del Gimnasio Moderno, fundado en 1927, y El Bartolino, del Colegio Mayor de San Bartolomé, fundado en 1960, son de los primeros periódicos escolares de la capital colombiana que se siguen publicando. Es importante anotar que los periódicos escolares han sido semilleros de reconocidos periodistas colombianos, como Daniel Samper y Alfredo Iriarte.
Mientras que los colegios tenían iniciativas locales, la Asociación Mundial de Periódicos crea dentro de sus líneas de trabajo prensa escuela o periódicos en educación, Newspapers in Education, en decenas de países del mundo. La Asociación Nacional de Diarios, en adelante Andiarios, miembro de la asociación mundial, lidera el Programa Prensa Escuela en Colombia. Éste empezó en 1986 con la participación de 23 periódicos que colaboraron entregando ejemplares de los diarios a las instituciones educativas.
En 1998 se
realizó la investigación “Prensa escuela y su impacto en Colombia”, la cual
arrojó resultados significativos acerca de la articulación del programa con el
currículo escolar. Desde las áreas básicas del conocimiento hay interés de leer
las secciones del periódico afines con cada uno de los campos del saber. Por
ejemplo, en Ciencias Naturales trabajaron la sección de Medio Ambiente; en
Ciencias Sociales, buscaron los países donde ocurren los acontecimientos; en
Lengua Castellana, hicieron carpetas literarias, juegos didácticos y creación
de textos a partir de las tiras cómicas; en matemáticas formularon problemas
analizando los precios, clasificados e indicadores económicos, etc.
Actualmente, la Casa Editorial El Tiempo, como parte del Programa Prensa Escuela, ofrece talleres gratuitos de sensibilización en las instituciones educativas públicas y privadas. Además de las visitas a las instalaciones del diario, se realizan una serie de actividades como sensibilización temática, explicación de la estructura del diario, orientaciones sobre cómo hacer el periódico y cómo generar espacios de convivencia y valores.
Tendencias de trabajo con la
prensa en instituciones educativas de Bogotá
A partir del
estudio elaborado por el Programa Red y el IECO de la Universidad Nacional
identificamos tres tendencias en la incorporación y uso de los medios y las TIC
en la escuela bogotana: la tendencia informacional, la tendencia de la
comunicación mediática y, por último, la tendencia pedagógica – crítica. Éstas
son tres experiencias que tipifican la tendencia de uso de la prensa escolar,
para circunscribirse en la más sugerente para su trabajo con los estudiantes:
Una experiencia con tendencia informacional:
lecturiadas
En un
colegio distrital hay prensa escolar desde hace diez años. Se caracteriza por
emplear los medios como soporte para distribuir información replicando los
medios del contexto de las culturas mediáticas al de la cultura escolar
tradicional. El coordinador del área de humanidades y un profesor de área
convocan a escribir artículos para el periódico. La clase de Español es el
escenario para la publicación que cuenta con cinco secciones: actualidad
escolar, tecnología, higiene y salud, inglés y entretenimiento.
Una vez
llegan los artículos, preseleccionan el material, según criterios de calidad.
Luego, el grupo de profesores elige los textos, los editan en computador y
lleva a un impresor externo. Los estudiantes son los que más participan, aunque
cualquier miembro de la comunidad puede escribir. El periódico se distribuye de
manera gratuita y los estudiantes lo usan en la clase de Español para una
actividad denominada “lecturiadas”.
Los otros
profesores pueden usarlo también en sus clases. La prensa escolar en esta
institución fortalece el desarrollo de competencias y habilidades
comunicativas, informa a la comunidad y deja historia de lo que sucede en la
institución; sin embargo, los estudiantes manifiestan que no se ven reflejados
en el periódico y, por lo tanto, su participación parece circunscribirse en
parámetros de escritura determinados y en la forma correcta de hacerlo, antes
que en lo que ellos necesitan decir.
Una experiencia con tendencia a comunicación
mediática: el vuelo de la Abeja
La
perspectiva de la comunicación social en la escuela introduce prácticas
mediáticas con un estudio sistemático de los medios y los códigos culturales en
el currículo. Se considera a los medios como un campo del saber que debe entrar
como tal en la escuela, y se articula a la organización escolar creando centros
o departamentos de comunicación coordinados por comunicadores escolares.
Otra
institución educativa, en este caso privada, tiene un periódico hace once años,
llamado La Abeja, el cual se
publicaba una vez al año hasta 2003, cuando aumentaron la periodicidad,
convirtiéndolo en semestral. La dirección del periódico está a cargo de un
docente que coordina a los estudiantes de décimo y undécimo, responsables de la
producción del periódico. Aunque toda la comunidad participa, las niñas de
primaria son las más entusiastas. El colegio participa en el Proyecto Prensa
Escuela de la Casa Editorial El Tiempo. Ellos reciben el periódico “Mi Tiempo”,
material de base a partir del cual realizan talleres de formación para aprender
a producir un periódico. La lectura se enfoca hacia la recepción crítica y el
estudio de temas de interés para las jóvenes. Esta experiencia permite
registrar la creación de un espacio de expresión y apropiación de los
contenidos.
Una
tendencia pedagógica crítica: texto en contexto
Esta tendencia propone la escuela como un espacio de diálogo entre lo local y lo global. Responde a un modelo pedagógico crítico que provoca instancias dialógicas frente al material utilizado. No sólo lo percibe como supuesto facilitador del aprendizaje, sino enmarcado en una construcción curricular que articula lo sociocultural y lo institucional (Huergo 1999: 63). Lo más interesante de esta tendencia es la posibilidad de transformar la realidad y de tomar distancia de los mensajes de los medios que se dirigen fundamentalmente al consumo.
En un colegio surgió el periódico como el medio de difusión para un proyecto educativo ecológico del área de ciencias naturales y se fue transformando con el tiempo en un espacio que abordaba todas las áreas curriculares, y los proyectos transversales. Poco a poco fue congregando nuevos actores, como la asociación de padres de familia y se convirtió en un medio noticioso e informativo y como espacio para la libertad de expresión, pues los conceptos expresados en él son responsabilidad de sus autores y no comprometen la ideología del colegio.
El periódico
se articula con el proyecto del área de humanidades inscrito en el Proyecto
Educativo Institucional PEI, y presenta varias secciones: Editorial, Lección de
Vida, Gobierno Escolar, Asociación de Padres, Lírica, Eventos y, además, cuenta con avisos clasificados y publicidad.
Uno de los principales logros del periódico ha sido su incursión en el contexto
local, a través de su relación con la Secretaría de Educación, la Alcaldía
Local y el CADEL. Incluso se asoció con otra institución educativa para un
artículo sobre su proyecto ecológico.
Sin compartimentos estanco:
articulaciones del PEI con la prensa escolar
La articulación de la prensa en el Proyecto Educativo Institucional
-PEI- y en el currículo son dos de las vías para un uso dinamizador de la
prensa en la escuela. La incorporación de medios puede ser un componente
importante no sólo para la motivación de los estudiantes y los docentes, sino
la oportunidad de llevar a cabo un proyecto que integre la institución con el
entorno, el barrio, la localidad, con otras instituciones educativas y logre
generar un espíritu analítico, investigativo y crítico.
Es una excelente oportunidad para que los estudiantes aprendan a
trabajar en equipo, con objetivos claros, aplicando todos los saberes
adquiridos pero, a la vez, adquiriendo nuevos saberes, a partir de la práctica.
La integración del trabajo interáreas e intergeneracional promueve la
comunicación dialógica y la democratización de las relaciones con el saber.
La prensa en la escuela puede incorporarse a través de dinámicas de
formación de lectores críticos, de usos con propósitos pedagógicos específicos
y como dinámica de producción de un periódico escolar.
Para educar hoy se
emplean diversas herramientas didácticas: el texto escolar, los medios masivos
de comunicación (prensa, radio, TV, vídeo, cine e Internet), la multimedia, los
libros de literatura, documentales y las enciclopedias, los materiales
didácticos y los videojuegos, entre otros. La bondad de la prensa como recurso
didáctico es que conecta al estudiante con la actualidad. No obstante, hay que
tener presente que este medio no está dirigido específicamente a esta
audiencia. En tanto el texto escolar desarrolla estándares en las diferentes
áreas del conocimiento: las Matemáticas, la Lengua Castellana, las Ciencias
Sociales y las Ciencias Naturales, la prensa informa sobre los sucesos de
manera fragmentada por secciones, cuyo fin principal no es educar sino
informar.
¿Cómo educar con prensa?
La prensa como los
otros medios de comunicación no tiene como fin ser herramienta para la
educación. Se convierte en un medio educador en la medida que el maestro lo
reconoce como tal.
La manera más tradicional de educar con la prensa es llevar el periódico al aula. Con frecuencia en los primeros grados de primaria se solicita a los estudiantes recortar el periódico para familiarizarse con los sustantivos, los artículos y los verbos. Como medio informativo y en el contexto escolar, a la prensa podrían asignársele todo un conjunto de funciones, siguiendo el esquema de Roman Jakobson: la expresiva, la apelativa, la representativa, la fática, la poética y la metalingüística. Sin embargo, el modelo del lingüista Karl Bühler está más cerca de los lenguajes y los géneros periodísticos.
Bühler identifica en su obra “Teoría del lenguaje” (1967) tres funciones básicas del lenguaje: la función representativa, relacionada precisamente con el contexto, con las cosas aludidas (símbolos); la función expresiva, con el emisor, cuya interioridad expresa (síntoma), y la función apelativa, con el receptor, por cuanto es una apelación al oyente, con el fin de dirigir su conducta (señal). Haciendo una analogía, podríamos decir que la prensa tiene entre sus múltiples funciones, una representativa, una expresiva y una apelativa que se relacionan directamente con los géneros periodísticos de carácter informativo, interpretativo y de opinión.
La prensa puede cumplir una función referencial, cognitiva o informativa. Esta función es fundamental porque presenta la realidad, o mejor una faceta de la misma, mediante las noticias de los acontecimientos más importantes del día, para el caso de los diarios. La función representativa consiste en ese “decir algo sobre las cosas”. Cuando la prensa tiene como fin suministrar información sobre algo, estamos frente a la función representativa. Ésta se comparte con los textos de tipo técnico o didáctico.
La prensa cumple una función emotiva o sintomática, en la medida en que también exterioriza actitudes, sentimientos y estados de ánimo aunque esto sea más claro en unas secciones que en otras. Las culturales y las sociales de los periódicos se orientan hacia la expresión de deseos, voluntades, estilo de vida y apasionamiento. Esta función se cumple, por consiguiente, cuando el mensaje está centrado en el emisor.
Función apelativa
Para Bühler la apelación es la propiedad de influir por medio de las palabras en las actitudes, pensamientos y conducta del interlocutor. La función apelativa o conativa de la prensa se manifiesta cuando el mensaje está dirigido al lector de manera imperativa, como una orden, mandato, exhortación, requerimiento o, simplemente, con el propósito de llamar su atención. En el periódico podríamos decir que publicidad, páginas editoriales y clasificados cumplen esta función.
Al momento de educar con prensa, el maestro con seguridad descubrirá otras funciones del periódico como la motivadora, la contextualizadora, y la ciudadana, orientada a la mediación para el reconocimiento de su ciudad, “Bogotá, una gran escuela”; de su país, Colombia; de su región, América Latina y, en general, de su condición de ciudadano hispano parlante y ciudadano del mundo.
¿Cómo educar para la lectura crítica de la prensa?
Los niños y las niñas aprenderán a ser lectores activos, interlocutores, cuando sus docentes les muestren las maneras de analizar el texto, sus intenciones, y le ofrezcan herramientas para interpelarlo. ¿Por qué aparece una foto en primera página y no otra? Si los estudiantes aprenden a tomar distancia y a identificar la agenda de los medios, estarán desarrollando su ser político, o desde otra lectura, sus “competencias ciudadanas”.
Entendemos el proceso de recepción como un “campo de interacciones o negociaciones del sentido entre sujeto, texto, medios y otros actores e instituciones sociales (tanto la familia como la escuela son asumidos como dos agencias mediadoras fundamentales en los consumos de los medios audiovisuales); teniendo en cuenta que es en la circulación social de discursos donde se construyen los significados que un mensaje o programa tiene para un grupo determinado” (López De la Roche 2000).
La educación en los medios de comunicación en la escuela no puede reducirse a un análisis de las características formales, técnicas y estéticas de los productos, es inevitable y necesario adentrarse en el análisis de la ideología que hay detrás. Para lograrlo, se debe acceder al medio desde sus propias características y generar movilización frente a los medios.
La primera
acción dentro de nuestra estrategia pasa necesariamente por lo más elemental,
básico y urgente: la lectura; no sólo para no caer en descubrimientos hechos
por otros, sino porque la lectura previa da fuerza a nuestra prosa. La
proporción sería la siguiente: para producir una página debimos haber leído
cien (Kapuscinski 2003: 42). Los modos de lectura ahora se amplían, puede ser
una lectura en papel o en pantalla, pero indudablemente hay que leer. La
escuela bogotana debe fomentar el hábito de la lectura y estar en capacidad de
aportar a los estudiantes acceso a las nuevas formas de lectura hipertextual y
a la comprensión de las lógicas virtuales, en aras de contener la brecha
digital. Después de lo elemental de la lectura, llega lo complejo: lectura
crítica de medios, tomando herramientas para el análisis denotativo,
connotativo y más allá.
La primera
fase en una lectura crítica de medios es la descripción. Los estudiantes deben
ir desarrollando su capacidad para describir lo que han leído. En una segunda
fase, la interpretación del texto y de los elementos que los conforman: la
extensión, el uso de color, la ubicación de la información, los pie de fotos,
la intencionalidad de los contenidos y la forma de presentarlos, lo que se dice
y lo que se deja de decir (la censura y la autocensura de quien escribe), y
también lo dicho tácitamente, nos conduce a un análisis ideológico de la
información que nos permite identificar el pensamiento imperante y los
intereses del medio frente a su audiencia. Así mismo, el reconocimiento de que
también las audiencias moldean el medio e inciden en la supervivencia o no del
mismo.
El periódico
refleja la sociedad a la que informa. Las secciones de Política, Economía, Internacionales, Judiciales, Salud,
Educación, Vehículos, Computación, etc., las páginas culturales, sociales y los
clasificados muestran los temas prioritarios para una sociedad y qué tan
relevante es cada uno de ellos. El maestro y sus estudiantes pueden dar un
vistazo a la actualidad de su país, a través de la lectura y análisis de este
medio, como una de las múltiples y ricas herramientas didácticas que existen
para los procesos de enseñanza y aprendizaje de los más jóvenes. Estos
elementos permitirán al docente y al estudiante tomar distancia de la información
y aprender a leer entre líneas, la agenda oculta tras los textos.
Para crear
movilización ciudadana frente a los medios, los observatorios son una
alternativa valiosa. Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, la planteó en su última visita a Colombia en
el 2004. Los observatorios de medios se están multiplicando en diversos países
del mundo y desde allí se está tomando una distancia de los mensajes
transmitidos por los medios de comunicación, que están proponiendo una agenda
oculta. Identificar esa agenda oculta, revelar cuáles son los imaginarios, los
hechos que se muestran y los que no se muestran, resulta un ejercicio válido,
que se puede enriquecer a medida que el estudiante vive su proceso de
maduración física e intelectual.
¿Cómo educar para la producción? ¡Manos a la obra!
Desde la
producción y el uso formulemos preguntas y una agenda: ¿cuáles son las
preocupaciones de los niños de hoy?, ¿cuáles son las preocupaciones de los y
las adolescentes de hoy?, ¿cuáles son las preocupaciones de los docentes de
hoy?, ¿cuáles las de los padres de
familia?, ¿cuáles las de los directivos?, ¿Hablamos el mismo idioma?
Escucharnos, comprendernos, buscar soluciones colectivas, puede ser posible, si
logramos encontrar un instrumento que nos cobije. Por qué no pensar si éste
puede ser el periódico escolar. Es posible, y hay que intentarlo.
Aunque en
este texto no se pretende responder a estos interrogantes, el periódico debe
incorporar algunos asuntos que están en la agenda de los jóvenes, de los padres
y de los educadores, tales como la prevención y tratamiento del consumo de
alcohol y drogas, prevención del Sida y del embarazo no deseado, educación
sexual, comprensión de la esfera religiosa en sus múltiples credos,
alternativas ocupacionales y laborales en condiciones de desempleo, convivencia
familiar, proyectos de desarrollo en sus comunidades, en sus localidades, entre
otros.
La
elaboración del periódico nos obliga a pensar en los recursos humanos y
tecnológicos, en las formas de producción periodística: géneros y corrientes,
la distribución, la publicidad y la financiación del proyecto. Hay muchos
elementos para tener en cuenta al embarcarnos en un viaje por el mundo de la
prensa escolar que puede llevarnos a puertos llenos de hallazgos sorprendentes,
pero el elemento que debe estar presente desde antes de zarpar y durante todo
el viaje, es la pregunta por el sentido. ¿Para qué hacemos el periódico? La
mayoría de las instituciones educativas ya tienen un periódico. Preguntarse por
cuál es el sentido de ese periódico y preguntarse cómo mejorarlo será
enriquecedor y transformador para la travesía de la prensa escolar.
La aventura
de publicar un periódico que pueda circular en el aula, la institución, las
familias o el barrio se inicia con la planeación: las intencionalidades (para
qué), la organización (equipo humano, roles y responsabilidades), la ruta de
acción, la estructura del periódico (relaciones contenido-forma), la impresión,
el tiraje, el financiamiento, la circulación (audiencias) y los posibles usos
pedagógicos.
Antes de
comenzar se debe responder a la pregunta ¿cuál es el sentido del periódico en
el contexto escolar? Puede ser una actividad libre de esparcimiento de los
estudiantes, como proyecto independiente, puede también ser el órgano de
comunicación institucional o de los estudiantes o de los profesores, puede, así
mismo, ser el medio que dinamiza el trabajo con otros medios o que promueve
proyectos educativos de mayor complejidad. Si ya se comenzó y no se tiene claro
el papel del periódico, vale la pena hacer un alto y definir este aspecto, pues
de su claridad depende la importancia que se le asigne, la organización, su
vinculación con el PEI, el currículo o las prácticas pedagógicas.
Quiénes y de
qué manera se vinculan al periódico: estudiantes, profesores, administrativos,
padres, comunidad constituye otra decisión básica. Al conformar el equipo
humano, tengamos en cuenta que “el periodismo se encuentra entre las
profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer
nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, no
existimos” (Kapuscinski 2003: 16). Cada uno asumirá un rol. El consejo de
redacción está formado por el jefe de redacción y los editores que en sus
reuniones decide el contenido del periódico. El jefe de redacción dirige al
equipo de redactores, es el responsable periodístico de todo lo que se publica
en el periódico. Los editores y editoras
orientan el trabajo de los redactores y diseñadores en sus respectivas secciones.
Los redactores buscan información, hacen entrevistas y redactan las notas que
les entregan los editores. Los fotógrafos toman y revelan la mayor parte de las
fotografías que acompañan las noticias y los diseñadores e ilustradores
diagraman las páginas del periódico.
El proceso de escritura de los textos y su
selección puede considerarse un proceso que, como lo enseñara Freinet, puede
dinamizar todo un proyecto pedagógico. De este proceso depende la orientación,
estructura, periodicidad, calidad y audiencias del periódico.
Al cruzar
las opciones de forma con los pliegues de fondo que lo constituyen los temas de
interés de los estudiantes y la escuela, se abre un amplio abanico de
producción de un periódico en la escuela. Podemos analizar tres alternativas:
periódico mural, impreso y digital. Su mundo está conformado por tiempos y
espacios que comparte con la familia y con las amistades. El periódico escolar
propicia la apropiación del barrio, la ciudad, los espacios públicos, otros
barrios, los museos, el parque, de la ciclovía, que constituyen una serie de
fuentes para cubrir, para comprender y resignificar su realidad, construyendo
una identidad propia. El periódico escolar le permite, además de cubrir las
noticias institucionales de la escuela, apropiarse de este mundo que es su
mundo para construir nuevas posibilidades de estructurar dicho entorno.
Periódico
mural: el periódico mural es el más económico y fácil de hacer. Se necesita un
pliego de papel periódico o una cartulina, tijeras, pegante, témperas y una
pared disponible, ya sea en el aula o en una de las zonas comunes de la
institución. Los textos pueden ser elaborados o recortados de diarios. Según el
contenido, puede ser: mural informativo general, formado por noticias
recientes; mural gráfico, formado por fotografías; mural monográfico, con tema
único; mural pedagógico, dedicado a un tema del programa escolar; mural
interdisciplinar, cuando una noticia es tratada desde varias áreas, mural
cartel, sobre un tema concreto, apropiado para los temas transversales; mural
de humor, con caricatura y aportes humorísticos (López 2002). Este medio puede
ser un espacio de integración de la comunidad escolar, en especial de los y las
profesores con sus estudiantes.
Periódico
impreso: puede ser periódico informativo, cuyo contenido imita a los periódicos
profesionales. Su contenido se distribuye en secciones; periódico
interdisciplinar, de área o de una sola materia, cuya forma es similar al
anterior, pero cuyo contenido es muy concreto sobre un tema disciplinar;
periódico fantástico es fruto de la imaginación y la fantasía, se puede
realizar con fotografías y noticias tomadas de la prensa o de otras fuentes,
pero todo, absolutamente todo, debe ser fruto de la creatividad. Es el más
atractivo y lúdico para los estudiantes (López 2003: 26).
Periódico
digital: reúne las condiciones del periódico impreso para su planeación y
elaboración, pero está mediado por nuevas tecnologías. En vez de publicarse en
papel se publica en la red de redes, por lo cual necesitaremos software
especial para convertir los archivos a html, editores de fotos para aligerar el
peso de las imágenes y otras herramientas para digitalizar sonidos e imágenes.
Los tipos de
periódicos
El tipo de
periódico que produzcamos en el aula será el resultado de lo que hayamos
visualizado previamente. Esto depende de nuestras expectativas, necesidades y
recursos. Los tipos de periódicos son: prensa general, prensa local y prensa
especializada. (Guillamet, 1998). La prensa general está conformada por diarios
y semanarios, periódicos y revistas de interés general y revistas
especializadas de todo tipo. La prensa local también cuenta con diarios,
semanarios y revistas locales de baja periodicidad para núcleos pequeños. Por
último, la prensa especializada, cuenta con periódicos y revistas, que se
dedican exclusivamente o tratar asuntos concretos dirigidos sólo a una
comunidad profesional, laboral, religiosa, académica.
La prensa
escolar se circunscribe en el camino de lo local y lo especializado en la
medida en que llega a un núcleo pequeño y se especializa en temas de interés
para la comunidad escolar. No es la gran prensa nacional sino la prensa que
comunica los mundos locales, de ahí su fortaleza.
Lenguaje y géneros periodísticos
El lenguaje escrito
es a la prensa lo que el lenguaje sonoro es a la radio. Las palabras plasmadas
sobre el papel tienen el poder de lo escrito. “Lo escrito, escrito está”, de
ahí el cuidado que exige el ejercicio periodístico. Su lenguaje se caracteriza
por la corrección, concisión, claridad, precisión, vivacidad, plasticidad y
colorido (Martínez, 1964).
Los textos
periodísticos, en razón de su orientación y función social pueden agruparse en
tres grandes bloques: información, interpretación y opinión, que denominamos géneros.
“Los géneros periodísticos son las diferentes modalidades de creación literaria
relacionadas con la información de actualidad y destinadas a ser difundidas a
través de los medios de comunicación” (Notario 1996).
Como toda
comunicación realizada a través de un medio, el periódico no es la realidad
misma sino una representación que los periodistas hacen a través del texto. En
este sentido, la información exige ceñirse a los acontecimientos y describirlos
de la manera más fidedigna posible; la interpretación muestra diversas
versiones, a partir de la indagación con múltiples actores y, en la opinión el
periodista construye juicios a partir del análisis que realiza de numerosas
fuentes. En el cuadro siguiente se enuncian algunas variaciones de los géneros.
|
LOS GÉNEROS PERIODÍSTICOS |
||
|
Información |
Interpretación |
Opinión |
|
Función representativa |
Función expresiva |
Función apelativa |
|
Noticia Informe Breve Suelto Cuña Clasificados |
Reportaje Entrevista Crónica Perfil |
Editorial Artículo Crítica Columna Cartas Chistes Caricatura |
Con el
propósito de aproximarse a cada uno de los géneros se amplía una de sus
modalidades, a manera de ejemplo:
La noticia
es la reconstrucción detallada de los hechos. Se ajusta lo más posible a la verdad de un hecho
ocurrido en la vida real, de tal manera que los lectores sientan que estuvieron
ahí y lo presenciaron con sus propios ojos. La noticia por lo general responde
las preguntas básicas: qué, cuándo, cómo, dónde, por qué. Responde en inglés a
las conocidas 5 w, por la letra inicial de las preguntas en inglés: what, (qué) who (quién), when
(cuándo), where (dónde), why (por qué).
El reportaje es un texto interpretativo que se parece a la noticia pues trata
de sucesos impactantes para el lector, pero se diferencia de ella en que está
basado en entrevistas, declaraciones y testimonios de diferentes personas que
vivieron lo ocurrido, o conocen o conocieron de cerca a sus protagonistas.
El editorial
es un texto de opinión que generalmente escribe el director o un editorialista
especializado en el cual se plasma la línea de pensamiento del medio e invita a
los lectores a reflexionar sobre los contenidos de la edición.
Sugerencias de
infraestructura
Cada
institución educativa logra el uso y la producción de la prensa en la escuela,
de acuerdo con sus posibilidades en cuanto a equipos, software, recursos
humanos, bibliografía y espacios de trabajo.
Cuando no hay recursos
En caso de
que no se disponga de computadores, se puede trabajar con pliegos de papel
periódico. Lo primero es preguntarse por el formato del periódico: ¿cuál será
su tamaño? El marco que se forma al dejar márgenes en el papel, es denominado
caja tipográfica. La diagramación es la distribución de columnas de texto,
fotos e ilustraciones. Los diseñadores gráficos hacen este trabajo de manera
profesional. Sin embargo, en la escuela podemos hacer el ejercicio, siguiendo
como patrón un diario de fácil acceso.
Cortando
pliegos de papel periódico, se puede elegir entre los siguientes formatos:
|
Formato |
Tamaño |
|
|
Ancho
en cm |
Alto en
cm |
|
|
Sábana |
38 |
56 |
|
Intermedio |
31.5 |
De 44 a 49 |
|
Tabloide pequeño |
De 25 a 30 |
De 37 a 43 |
Durante mucho
tiempo el tabloide pequeño fue utilizado por la prensa sensacionalista, por
ejemplo, el diario El Espacio en
Bogotá. En cuanto al número de páginas, se debe tener en cuenta que un pliego
en la imprenta corresponde a ocho páginas carta. Es necesario buscar un
múltiplo de 8 como16, 32, 64, etc. Con el ánimo de economizar papel, pues el
cuidado del medio ambiente es también una labor educativa.
¿Cómo se
plantea la diagramación del periódico? A cuatro o cinco columnas, más anchas,
cortadas, con grandes diagramas, con una tipografía impactante, clásica,
original, un cuerpo de encabezados más horizontal que vertical, secciones
independientes e identificadas, con tiras de humor o viñetas u otros elementos.
Luego, con el equipo de jóvenes redactores, se empieza el proceso editorial,
para el cual se puede revisar el apartado “Manos a la obra”, en este mismo
documento.
Cuando
hay recursos para impresión
Dado que las IED de Bogotá cuentan con un parque informático y una
infraestructura de acceso a Internet, a través de RedP, proponemos dos opciones
de bajo costo para la elaboración de un periódico: el periódico mural y el
periódico digital.
Hardware. La primera decisión,
si se cuenta con recursos, es decidir si se trabajará con la plataforma PC o
con Mac. Se encuentran diseñadores gráficos absolutamente apasionados por esta
última y defensores acérrimos de sus bondades, pero el análisis costo/beneficio
es un ejercicio institucional. Se encuentran desde los programas estatales de
dotación como los que ofrece la Secretaría de Educación del Distrito Capital, a
través del Programa RedP, y los del Ministerio de Comunicaciones, con
Computadores para Educar, hasta las ofertas comerciales de múltiples
proveedores.
Software. Las
grandes casas de software mejoran
cada año sus propias versiones para diseño gráfico y diagramación. Por eso
sugerir una versión específica no se justifica, pues el dato estará desactualizado
en un año o menos. En la tabla de “Estándares de infraestructura” se hacen
sugerencias específicas de alternativas técnicas.
Un procesador de texto como Word,
puede permitirnos una diagramación sencilla, empleando tablas, inserción de
imágenes e ilustraciones y una variedad de fuentes y tamaños para jugar con una
tipografía variada.
La plataforma que se esté utilizando, bien sea PC o Mac, tiene
incidencia: uno de los programas que por más tiempo se ha empleado para diseño
de publicaciones ha sido Page Maker, en sus diferentes versiones,
ideal para plataforma Mc. También se puede sugerir Publisher, muy sencillo y permite la edición de páginas completas
en las que se integran textos e imágenes. Los formatos para introducir estos
elementos pueden seleccionarse de las plantillas con hojas de estilo para la
creación de periódicos. En estas hojas con estilos predeterminados, se muestran
el número de las columnas, con tipos, estilos y tamaños de tipografía, así como
el interlineado, el espacio entre párrafos. Sólo habrá que vaciar los datos en
cada una de las partes que estructuran el periódico.
Este programa incorpora un procesador de textos que ofrece la
función de búsqueda, reemplazo y corrección de palabras. Así mismo, cuenta con
dispositivos de medición adecuados, así como calidad en la visualización del
texto y los gráficos. En síntesis, tiene las herramientas necesarias para la
edición del periódico, sin más complicaciones, que el de vaciar los datos. Cabe
anotar que el programa más utilizado en Europa en este momento (2004) es la
versión 6.5 de QuarkXPress. Más información en: http://www.quark.com/products/xpress/
En aras de mostrar un panorama amplio del mundo tecnológico es clave
anotar la existencia de un movimiento internacional a favor del software libre, que emplea Linux y otros
sistemas operativos. Se basan en el principio de libertad y de acceso al
conocimiento para todos. Para profundizar el tema se recomienda visitar: http://www.gnu.org/philosophy/free-sw.es.html
La impresión
Los sistemas de impresión más frecuente hoy son el offset y el digital. El offset es un procedimiento de impresión
indirecto. La tinta no se transfiere directamente desde el cilindro con la
plancha de papel, sino a través de un cilindro intermedio. La plancha con la
página que se quiere imprimir está montada sobre un cilindro, que al girar
transfiere el contenido a un segundo cilindro de caucho, que lo imprime sobre
el papel que se desliza entre el cilindro de caucho y el de presión. La impresión digital permite que
el archivo vaya a la máquina sin necesidad de bajar películas o planchas. Éste
es un sistema que ha reducido costos en películas.
Una vez que tengan su periódico diagramado y guardado en un medio
magnético (disquete, cd, memory stick),
bajarán a películas si se deciden por la impresión offset o entregarán al impresor, si escogen el sistema digital. Las
máquinas de impresión requieren de inversiones muy altas, por lo cual sería
inverosímil suponer que cada institución pueda tener una. Lo que sí se podría
llegar a materializar sería un centro multimedia, donde se cuente con una
imprenta a la cual pudieran acudir las instituciones del distrito a imprimir
sus periódicos escolares. Entre tanto, el mercado ofrece numerosas opciones
para empresas dedicadas al trabajo de preprensa digital e impresión, con los
cuales se podría cotizar la producción del periódico.
Ahora bien, hay otros factores no menos importantes para llevar a
término exitosamente la producción del periódico. La financiación del proyecto,
la circulación, la recepción, usos y apropiación. En cuanto a la financiación
se pueden pensar algunos modelos de negocio, como la venta del periódico por
suscripción o unitario y la publicidad. En cuanto a la circulación, se hace
necesario que se estructuren con precisión los canales que se emplearán para
llegar a los lectores a los que se destina el periódico.
La audiencia es el número de personas que leen el periódico. Ésta no
tiene relación directa con la difusión porque cada ejemplar es leído por varias
personas. Para los medios masivos, existen empresas dedicadas al estudio de
audiencias. En el caso de los periódicos escolares, sería posible hacer el
seguimiento de la audiencia, mediante encuestas, o a través de formas de
participación en el periódico que, además de dar información acerca de la
cantidad de lectores, explora la calidad de la lectura y sirve de
retroalimentación a los autores. Algunas formas son: cartas de los lectores,
defensor del lector, juegos o convocatorias en los que se promueva la reacción
de los lectores, etc. Resulta de gran importancia buscar las maneras de medir
la lectura del periódico, pues si no hay apropiación, no hay circulación. Un
periódico no leído es como un hijo abandonado: un propósito central de los
periódicos escolares consiste en colaborar con la formación lectora de los
ciudadanos.
En la tabla que sigue se sugieren algunos recursos y se formula el
valor pedagógico de cada tipo de periódico que se puede producir en el contexto
escolar. Mural, impreso y digital.
|
Tipo |
Recursos |
Valor
pedagógico |
||
|
Periódico mural |
Papel periódico o
cartulina, tijeras, pegante, témperas, pared o tablero. |
Apropiación del
espacio, saber transversal, libertad de expresión, libertad de prensa,
formación ciudadana, motivación para estudiantes y docentes, análisis crítico
del entorno y la sociedad. |
||
|
Periódico impreso off-line |
Hardware |
Software |
Saber
transversal, libertad de expresión, libertad de prensa, formación ciudadana,
motivación para estudiantes y docentes, innovación pedagógica, análisis
crítico del entorno y la sociedad, circulación a diferencia del periódico
mural, según tiraje. Mayor audiencia (varios lectores por cada ejemplar
impreso). |
|
|
-Computador PC Pentium Sistema operativo: Windows 95 o 98 Configuración
pantalla: 256 colores. Se recomienda color real de 24 bits. Memoria Ram:
entre 512 y un Gigabyte Disco duro: 20
gigas en adelante -Un escáner -Impresora |
Indesign 4,0 |
|||
|
Ventajas |
Desventajas |
|||
|
Programa
estable |
Se libera 04/2005 |
|||
|
Quark Xpress |
||||
|
Ventajas |
Desventajas |
|||
|
Funcional |
Costos |
|||
|
Page Maker 7.1 |
||||
|
Ventajas |
Desventajas |
|||
|
Amigable para el usuario |
Inestable Adobe no sacará actualizaciones |
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Publisher |
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|
Ventajas |
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